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REPORTE PGnet No. 433: EL MAÍZ ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

Fuente: Bolivia Libre de Transgénicos

Se trata del segundo de los cuatro cultivos de mayor importancia para la alimentación en el mundo. Su centro de origen se localiza en México y Mesoamérica. Bolivia es el mayor centro de biodiversidad del maíz. Su domesticación llevó 5,000 años de trabajo primero de los pueblos mesoamericanos y luego de prácticamente los del mundo entero para aclimatarlo a los más diversos ecosistemas.

La semilla fue siempre transmitida, mejorada e intercambiada libremente (sin ninguna atadura de propiedad intelectual). Gracias a ese intercambio generoso de semillas y conocimiento, así como a la biodiversidad creada como consecuencia, el maíz ha perdurado a través de los siglos superando barreras climáticas y catástrofes ambientales.

Sus características fueron haciéndose apetecibles a las transnacionales que lejos de quererlo solo para la alimentación directa y el mercado local, su meta fue y es convertirlo en materia prima de la industria alimenticia a gran escala, forraje para animales y la producción de combustibles. Como consecuencia, a la par del proyecto campesino se yergue otro aparentemente implacable que trata al maíz como una mercancía más, semi producto de varios tipos de tecnologías.

El maíz nativo fue primero arrinconado y cooptado con técnicas de hibridización y luego de transgénesis que crearon y están creando nuevas variedades desvinculadas de la cultura que lo acunó e hizo posible. El problema con el maíz nativo, es que, combinando el hecho de ser una planta de polinización abierta con la eventual coexistencia del agresivo maíz transgénico, el nativo se vería pronto contaminado y avasallado con los nuevos productos no naturales y transgénicos, la biodiversidad continuaría perdiéndose irremediablemente. No basta pedir etiquetas en los productos transgénicos para que “cada quien escoja”; la siembra en el país es cosa muy diferente. Si a esa irrupción incontrolable del polen transgénico sobre las variedades nativas, sumamos el hecho de que su ADN es patentable — con leyes impuestas por los tratados de libre comercio — el campesino o campesina perderían el derecho milenario de ejecutar unas de las etapas indispensables para su producción y protección a lo largo del tiempo como son el guardar semilla para la siguiente cosecha, el intercambio con los vecinos y su mejoramiento. Sin duda, un nuevo golpe mortal a la economía campesina. El cuidado y renovación de las semillas nativas serían cosa del pasado y los parientes silvestres, indispensables aún para las tecnologías modernas, igualmente perdidos.

Además, señalar que a la agricultura industrial—que empieza con el control de la semilla y sigue con un proceso de producción, transporte y comercialización masiva con desvinculación total de la producción al servicio del consumo en los mercados locales—se le atribuye el 50% de los gases o  de invernadero que están provocando el cambio climático

Por último, recientemente representantes de la Plataforma Bolivia Libre de Transgénicos han notificado mediante sendas cartas de denuncia a diversas instituciones en las ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz por inobservancias e ineficiencias en el cumplimiento de deberes formales en relación al ingreso, cultivo y comercialización de maíz transgénico en territorio nacional. Esta negligencia de las autoridades pone en grave riesgo el patrimonio fitogenético del país y la salud de la población. Entre las instituciones del Estado notificadas se cuentan: INIAF (Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal), y el Vice Ministerio de Defensa de los Consumidores y Usuarios.

El cultivo de maíz transgénico está prohibido por ley boliviana mediante una serie de decretos y normativas entre las cuales se cuentan la Constitución Política del Estado en su artículo 255 y la ley nº 144 de la Revolución Productiva. Se incumplen además otras 8 normativas relacionadas con los derechos del consumidor, etiquetado de alimentos y tratados internacionales. Por miles de años las comunidades originarias de Bolivia han dependido para su supervivencia de semillas propias de maíz, lo cual es un factor determinante para asegurar la seguridad y soberanía alimentaria de los pueblos. Sigamos luchando por una Bolivia libre de transgénicos.

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