JUVENTUDES ICEES
Espacio de actividades:
Boletín ICEES:
de publicación quincenal.

SUSCRIBASE: ESCRIBA SU EMAIL

TWITTER
síguenos ahora:
VIDEOS
URGENTE
embarazos precoces:
Gestión nacional y departamental
El Presidente es desaprobado por 49 de cada 100 bolivianos
IDENTIFICACIÓN ÉTNICA EN BOLIVIA CENSO 2001
CENTRO DEPORTIVO LAS PALMAS
haz tu seserva ahora:
Agregate
en las redes sociales
CONECTADOS EN EL MUNDO

NOEL KEMPFF MERCADO EN LA MEMORIA
Manfredo Kempff Suárez

Cada vez que se aproxima un aniversario más del asesinato de Noel Kempff Mercado, a manos de narcotraficantes, nos inunda una congoja enorme y recordamos aquellos días de dolor y luto, de una confusión enorme que no cabía en el entendimiento de los ciudadanos y menos de su familia. Habían matado a un hombre bueno y noble que solo deseaba ayudar a que su ciudad fuera más bella y su país un poco mejor. Hoy no vamos a recordar el asesinato en la meseta de Caparús, hace 31 años. Esa fue una tragedia y es hora de referirse a la persona y no a los viles sicarios que lo mataron ni a los mentores que no se pudo sancionar.

Desde mi niñez y juventud lo recuerdo como un socialista romántico, preocupado por la gente que sufría. Él mismo decía ser un socialista porque no podía concebir la vida de otra forma. Era una intuición y un sentimiento de que podría existir un mundo mejor si los hombres cambiaban. Detestaba el autoritarismo, creía ciegamente en la democracia, y esa conducta la aplicó en su vida  personal, donde la sencillez y la filantropía estaban en su esencia. Gran filántropo había sido su bisabuelo; era la filantropía del dinero para los desamparados. La de él, era otro tipo de filantropía, la filantropía del trabajo. Porque entregar su tiempo a algo, sin medir en recompensas, es una forma de filantropía también.

Mis remembranzas de niño en Buen Retiro tienen mucho que ver con su carácter alegre y su amor por lo que realizaba. En el campo vestía botas de media caña, pantalones anchos y camisa de manga corta, afuera. Lentes, siempre. Era un incansable caminante y conocía todas las sendas y atajos que había en el monte. Cazaba y pescaba para comer en familia, no con otro afán. Cogía ranas en la laguna que había frente a la casa para aprovechar su carne. Vivía muy austeramente y además del buen almuerzo, en las noches siempre preparaba el quesillo agrio con yucas asadas en las brasas. Fumaba tabaco negro pero no bebía; tal vez un coctel cuando iba al Círculo de Amigos. Él construyó con sus manos la enorme casa de teja que perdura hasta estos días en Buen Retiro y que tuvimos oportunidad de verla con gran nostalgia, junto con mi hermano Julio,  luego de sesenta años.

Jamás dejaré de recordar las largas vacaciones que pasábamos en la casa de hacienda con mis abuelos Francisco y Luisa, cuando al comienzo íbamos en carretón y a pie, antes que se pudiera ir hasta la banda del río en vehículo. Nos reuníamos todos los primos que ahora somos abuelos y pasábamos días de jolgorio, pero el tío nos buscaba ocupaciones a cada uno. Yo iba a la ordeña al rayar el alba y luego llegaba el suplicio cuando me llevada a la cosecha de la miel, a melear. Pese a que me vestía como un marciano, las abejas se las arreglaban para picarme y a él, que no usaba ni guantes, no le hacían nada. A mí, porque era alto para mí edad, me llamaba Surubicillo, haciendo alusión al surubí grande de nuestros ríos.

Pocos días después de su muerte yo escribía que su inquietud y su amor por el conocimiento de las cosas, producto de la investigación, lo llevaría a recorrer por cualquier medio, grandes zonas del oriente boliviano. Ese amor por la investigación científica lo hizo un observador nato de la vida animal y vegetal. Desde su juventud, en sus interminables caminatas y en sus tareas apícolas, él impresionaba con la forma de actuar, de ver su entorno. Tocaba las cosas con cariño, casi acariciándolas, ya fuera una planta, una abeja o un pájaro herido. Su amor por la naturaleza estaba en todo su ser y a través de su tacto delicado parecía captar el dolor, la sed o el hambre de los organismos vivos. Como un encantador tomaba a las serpientes, hurgaba los enjambres de avispas o separaba intacta una bella orquídea.

Al científico autodidacta – no significaba que no fuera profesional  y que  escribiera tanto y sobre tantas cosas – a ese gran observador de la vida natural, nada se le escapaba a la vista ni al instinto. En ese su afán de conocer para transmitir, en su apuro por descubrir deprisa merced a un extraño presentimiento de una muerte próxima, se encontró con una maravilla, que, a cambio de contemplarla y amarla, truncaría su vida aún joven: las cataratas del río Pauserna. En plena selva virgen, en la llamada Huanchaca que él rescataría con el nombre nativo de Caparús, allí se embrujó el científico con las aguas claras del río. El Pauserna fue el canto de sirena que lo llamó al peligro y Noel no pudo, como Ulises, amarrarse al mástil de su nave para salvarse de ese encanto mortal.

Fue entonces que se encontró con ese farallón en medio de la selva, de una eterna virginidad, donde aparentemente durante milenios se habían desarrollado, solos, los animales y las plantas. El farallón de Caparús, es un bello nombre para esa tierra ignota, subyugante, lejana, prohibida aún para los hombres, pero donde ya se había instalado una despreciable subespecie humana, hez de la sociedad: los narcotraficantes.

A 31 años de los acontecimientos, la pregunta es si su sacrifico fue útil o no. Útil no puede ser ninguna muerte, pero si por esa circunstancia fatal algo mejora en la sociedad, se dice habitualmente que no fue en vano. Ya es un consuelo, aunque no quita el dolor de la familia. ¿Fue en vano su muerte? Es algo que resulta muy difícil discutir. Aunque hubo algo positivo: se desenmascaró a los narcotraficantes, unos huyeron y otros dejaron de hacer francachelas dispendiosas en la sociedad cruceña. Pero regfresaron y ahora están nuevamente activos. La gente volvió a ser permisiva con los mafiosos y el negocio sucio está en alza.

¿Y del medio ambiente cruceño y nacional? ¿Se aprendió algo para defender la naturaleza que nos privilegia? Al parecer no. Por el contrario, da la impresión de que existe odio contra la naturaleza, contra los bosques, contra los ríos, contra quienes los habitan, humanos o animales. Lo vemos a diario y existe un gran debate sobre el tema aunque si somos sinceros es algo decepcionante. ¿Sirvió el sacrifico? Luego de tres décadas no estamos seguros de nada.


SÍGUENOS EN FACEBOOK
Tipo de Cambio
cambio a $us.:
Compra: 6,96 Bs. Venta: 6,86 Bs. UFV: 2,09708 Bs.
Colaboradores
De Artículos
  • Alain Muñoz
  • Alcides Parejas Moreno
  • Alejandro Chafuen
  • Álvaro Jordán
  • Álvaro Riveros Tejada
  • Andrés Canseco G.
  • Andrés Gómez Vela
  • Andrés Oppenheimer
  • Ángel Sandóval
  • Antonio Sánchez García
  • Armando Méndez Morales
  • Baldomero Vásquez Soto
  • Boris Santos Gómez
  • Carlos Alberto Montaner
  • Carlos Dabdoub Arrien
  • Carlos Guzmán Vedia
  • Carlos Hugo Barbery Alpire
  • Carlos Miranda Pacheco
  • Carlos Schlink
  • Carlos Toranzo Roca
  • Carlos Valverde Bravo
  • CEPAL
  • Christian Aramayo
  • Christian Riavale
  • Claudio Ferrufino-Coqueugniot
  • Comité Cívico Femenino de Santa Cruz
  • Comité pro Santa Cruz
  • Daniel A. Pasquier Rivero
  • Dante N. Pino Archondo
  • Dario Monasterio Suárez
  • David Horowitz
  • Diego Ayo
  • Eduardo Escobar
  • Emilio Martínez
  • Enrique Fernández García
  • Enrique Velazco Reckling
  • Erika Brockmann Quiroga
  • Esteban Farfán Romero
  • Fernando Mires
  • Fernando Prado Salomón
  • Fernando Salazar Paredes
  • Fernando Savater
  • Flavio Machicado Saravia
  • Francesc Arroyo
  • Francesco Zaratti
  • Francisco José Ballesta
  • Franklin E. Alcaraz Del C.
  • Fundación Jubileo
  • Fundación Konrad Adenauer
  • Fundación Milenio
  • Fundación UNIR
  • Gabriela Rivas Barrancos
  • Gary A. Rodriguez A.
  • Gastón Solares Ávila
  • Gonzalo Chavez
  • Guillermo Capobianco Ribera
  • Guillermo Mariaca
  • Guísela López Rivas
  • H. C. F. Mansilla
  • Harold Olmos
  • Héctor E. Schamis
  • Humberto Vacaflor
  • IBCE CIFRAS
  • Ismael Schabib Montero
  • Iván Arias Duran
  • Jacqueline Patiño
  • Jean Pierre Lavaud
  • Jesús Yavari Cortez
  • Jimena Costas
  • Jimmy Ortiz Saucedo
  • Joaquín Monasterio Pinckert
  • Jorge Aliaga Gandarillas
  • Jorge Espinoza Morales
  • Jorge Lazarte
  • Jorge Márquez
  • Jorge Muzam
  • José Brechner
  • José Gramunt de Moragas
  • José Luis Parada
  • José Luis Santistevan
  • Juan Carlos Zuleta Calderón
  • Juan Claudio Lechín
  • Juan Marcelo Columba Fernández
  • Julio Cesar Gil Quiroga
  • Luis Christian Rivas Salazar
  • Luis González Quintanilla
  • Luis Nassif
  • Luis Yáñez Valdez
  • Maggy Talavera
  • Manfredo Kempff Suárez
  • Marcelo Ostria Trigo
  • Marco Zelaya
  • Maria Galindo
  • Maria Victoria Zabala Vaca
  • Mario Panique
  • Mario Vargas Llosa
  • Mauricio Medinaceli Monrroy
  • Nicholas D. Kristof
  • Nicomedes Suárez Araúz
  • Nino Gandarilla Guardia
  • Oscar Díaz Arnau
  • Patricio Navia
  • Paúl A. Coca Suárez Arana
  • Pedro Shimose
  • Percy Añez Castedo
  • Pilar Rahola
  • POPULI
  • Rafael Puente
  • Raúl Peñaranda
  • Richard Osinaga Muñoz
  • Roberto Barbery Anaya
  • Roberto Burgos Cantor
  • Rodolfo Mier Luzio
  • Rodrigo Araya Allerding
  • Romano Paz
  • S.R.A. Gutiérrez
  • Sara Cuevas V.
  • Saul J. Escalera
  • Sergio Antelo Gutiérrez
  • Sergio Villa
  • Sol de Pando
  • Susana Seleme Antelo
  • Sylvia Chafuen
  • Walter H. Zuleta Roncal
  • Walter Reynaga
  • Walter “Puka” Reyesvilla
  • Wilson García Mérida
  • Winston Estremadoiro
  • Yoani Sánchez
  • VISITAS:
    IPs contadas:
    free counters
     
    Instituto de Ciencia, Economía, Educación y Salud
    Direccion:
    Av. Ibérica Calle 2, Edificio "Las Palmas Golf View"
    Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
    Teléfono: (591-3) 3 552629
    Email: contacto@icees.org.bo
    copyright © ICEES 2007-2017
    Hosting
    www.scz.com.bo