ArtículosInicioMarcelo Ostria Trigosemana del 23 de OCTUBRE al 29 de OCTUBRE del 2017

Libertad económica e inversión extranjera

El Índice de Libertad Económica 2017 del Instituto Fraser de Canadá, ubica a algunos países latinoamericanos en los últimos lugares. Entre las 159 naciones consideradas, los que están a la zaga son: Venezuela (puesto 159), Argentina (155), Brasil (137), Ecuador (130) y Bolivia (126). Los que no restringen la libertad económica son: Chile (puesto 15): Guatemala (23); Panamá (30); Costa Rica (35) y Perú (43). Pese a que avanzan corrientes para superar las restricciones económicas, en la Venezuela chavista y sus aliados se insiste en el dirigismo, lo que los ubica en el fondo de la lista de Instituto Fraser.

Lo anterior coincide con la información de la ONG Transparencia Venezuela, que revela que en el período 2001-2017, el Estado venezolano pasó de ser propietario de 74 empresas públicas a 526. Cuatro veces más que las que tiene Brasil (130) y diez veces la Argentina (52).Todo indica que esta tendencia también se da en Bolivia y en los países que militan en el ALBA.

El Estado que acapara todo lo que puede ahuyenta la inversión extranjera, pese a que se sabe que, con ésta, se puede esperar la venida de empresas eficientes con avanzada tecnología y que son capaces de abrir mercados para la exportación de la producción nacional. Pero hay empecinamiento en mantener el Estado interventor; el Estado empresario ineficiente; el Estado que intenta concentrar toda la actividad económica nacional.

Ya llegando el anunciado estancamiento económico por la caída de la cotización de varios productos de exportación de nuestro país —especialmente de los hidrocarburos—, se informa que la inversión extranjera en Bolivia ha disminuido este año en un 44,1%. Preocupa que, por ello, simplemente se reaccione con una frase mal encarada: “El Estado es el motor de la economía de Bolivia”. Sí, ahora es el motor, pero de un vehículo cojitranco.

El verdadero desafío es restablecer la libertad económica y reducir —o eliminar— la intervención del Estado en las actividades productivas, pues éste suele crear empresas públicas que soportan crecientes pérdidas, fruto de la su ineficiencia e imprevisión. Este es el caso de la planta de producción de urea que se instala en el Chapare, pues va a sufrir la dramática caída del precio internacional de ese producto, convirtiéndose, antes de empezar, en otro elefante blanco. Si esta planta hubiera sido parte de la inversión privada —nacional o extranjera—, probablemente no se la habría sobredimensionado ni ubicada caprichosamente.

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