ArtículosInicioMarcelo Ostria Trigosemana del 13 de NOVIEMBRE al 19 de NOVIEMBRE del 2017

A un siglo de una aventura expansionista

Se han cumplido cien años de la revolución soviética —también llamada revolución bolchevique— del 25 octubre de 1917 (según el calendario juliano y del 7 de noviembre, según el gregoriano) que impuso en Rusia un régimen comunista bajo el liderazgo de Vladímir Ilich Ulianov, alias Lenin, y que  ha perdurado hasta la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en diciembre de 1991.

En el Manifiesto Comunista de 1848 se afirmó que “Los obreros no tienen patria”, y que “En la actual sociedad moderna el proletariado es la única clase social cuya emancipación significará la emancipación de toda la humanidad mediante la revolución comunista, la abolición de la propiedad burguesa, las clases sociales y el Estado”. Sin embargo, en la Rusia soviética se impuso un nacionalismo expansionista con el afán de construir la Gran Patria Universal Socialista, claro está, con un eje centralizador: Moscú.

Esta aspiración de dominar el mundo ‘contra natura’, en la URSS tomó la forma  de la usurpación territorial. Uno de los primeros intentos fue la fallida invasión soviética de Finlandia en noviembre de 1939, que se basó en la firma del Tratado germano—soviético de no agresión de 1938, que en sus cláusulas secretas, establecía el plan de repartirse Poloniadejando a Finlandia como área de influencia soviética.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, el Kremlin se empeñó no sólo en anexar territorios —como los de Polonia— sino en cuidar que en los países fronterizos ocupados por el Ejército Rojo se entronicen regímenes comunistas. Luego vendría el apoyo soviético, entre otros, a los llamados movimientos de liberación nacional, a la revolución castrista, a las guerrillas en diferentes regiones, etc. Pero al final, el desastre de esa política fue la intervención del Ejército Rojo en Afganistán. Se dice que esto precipitó la disolución de la URSS, que ya ahogaba en sus  problemas económicos y por el agotamiento del sistema.

 Pasada la disolución de la Unión Soviética, la corriente populista que surgió del Foro de San Pablo, intentó, con otros métodos, repetir la historia con Cuba como metrópolis y Venezuela como financiadora de esta nueva tentativa que, afortunadamente, ya no tiene futuro.

En el reciente Foro ‘Un siglo para juzgar’ organizado por el Instituto de Ciencia, Economía, Educación y Salud (ICEES), se trató desde distintas perspectivas la revolución bolchevique con una notable sucesión de análisis e interpretaciones de lo que, afortunadamente, ya ha pasado a la historia como una malísima experiencia.

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