ArtículosInicioSusana Seleme Antelo

Emborrachar la perdiz

Susana Seleme Antelo

Con tono conciliador, comprensivo y humilde, Evo Morales parecía otra persona en la conferencia de prensa que dio en Santiago de Chile, tras la posesión del nuevo mandatario, Sebastián Piñera.

Hasta pidió disculpas al pueblo chileno por los mensajes en redes sociales. Afirmó que “nunca ha sido mi intención ofenderlo o agredirlo”, a pesar de que “me llaman indio sin pluma. No guardo rencor”.

¿Puede ser cierto su tono concertador, cuando en Bolivia nunca ha concertado con la oposición política ni civil? ¿Será creíble que no es resentido, si anda tirando dardos a diestra y siniestra? ¿Cómo creerle, si nunca ha cumplido su palabra con la sociedad boliviana que debió haber sido ser su principal interlocutora y no solo los cocaleros y sus afines movimientos sociales? ¿Ha cumplido acaso el respeto al voto soberano del 21F de 2016, si había asegurado que acataría los resultados de aquel Referéndum si ganaba el NO, como en los hechos ganó?

Y a pesar de ese NO, de mandato obligatorio y vinculante, le dio otro revés a la Constitución Política del Estado que le impide una cuarta reelección. Así, presionó, convenció, sobornó, corrompió, compró –elija usted el verbo que más le gusté- para que los venales ex magistrados del Tribunal Constitucional lo habilitasen como candidato para las elecciones de 2019. Sus torpes operadores invocaron el Art. 23 de la Convención de DDHH de San José, Costa Rica, para amparar los supuestos ‘derechos humanos’ de Morales para perpetuarse en el poder. ¡Qué bochorno, si dicho Tratado más bien busca frenar los abusos de dictadores y autócratas propios del “El estalinismo criollo” como bien apunta el filósofo HCF Mansilla!

La verdad es que Evo Morales no cumple su palabra con Bolivia. Sí la cumplió, en cambio, con Fidel Castro (+) y Hugo Chávez (+), según un video viral donde se le oye decir que “en abril 2006 me sumé… es la línea que nos dan Fidel y Hugo. Algunos compañeros me dicen que hay que consultar al pueblo, a los movimientos sociales… Aquí no hay nada que consultar…”

“La línea” era y es el socialismo mesiánico, o comunismo, o socialismo del siglo XXI, centralista y confiscador de recursos, como a Santa Cruz, con sus predicadores de la violencia contra toda disidencia y pensamiento crítico. Era y es “línea de la negación de la pluralidad política democrática. La negación desde el Estado del pensamiento político, del debate y de la independencia de poderes. La negación de la democracia como condición social ciudadana, disminuida hoy a masa electorera, manipulada y secuestrada por ideología o por prebendas.

Aunque ya fallecidos quienes dieron “la línea” de desmantelar el Estado de Derecho y su institucionalidad democrática, Morales cumple su palabra con los herederos. Sin embargo, no hemos sido ni somos ese Estado total porque siempre ha habido voces y actitudes autonomistas y críticas, acalladas sí con guillotinas judiciales, impositivas, cárcel, persecución, exilio y extorsión. Pero  aún viven.

No han logrado la dominación total, aunque pueden lograrla, si lo permitimos, como hemos permitido que la democracia sobreviva estos 12 años incautada en los abismos de la antipolítica, la corrupción, la ineficiencia, mentiras e imposturas.

Es cierto que desde octubre de 2017 una amplia clase media, encabezada por profesionales médicos, tomó calles y plazas con plataformas y activismo no político-partidario, pero ejemplarmente político en defensa del 21 F.  Triunfo colosal de jóvenes de ambos géneros y mucha gente más, pero insuficiente para enfrentar el continuismo de Morales, pues contra viento y marea él será candidato en 2019. “La línea” es no ceder “ni para tomar impulso”.

De ahí que no resulta superfluo reiterar que el adversario principal a derrotar, “el enemigo a aplastar” diría el vice, es Morales y solo Morales. Tampoco es superfluo recordar que en democracia solo se gana con partidos políticos, en mi criterio hoy vapuleados, no sin razones, pero sin darles tampoco un mínimo de crédito. ¿En qué momento se dará el impostergable encuentro entre la sociedad política y la sociedad civil para ganar, proyectar y construir la Bolivia unida en su diversidad que somos?  De esa unidad depende el destino del país democrático, económica y culturalmente equitativo, inclusivo, eficiente, competitivo, honrado, innovador, guardián del medio ambiente, abierto al mundo que Morales ha negado con ahínco.

A su retorno de la reunión de ALBA, en Caracas, hace unas semanas, demostró su autoritarismo con más vueltas de tuerca represivas al pensamiento político diferente. Primero fueron los insultos al expresidente Jaime Paz Zamora, quien desistió de acompañar a la delegación boliviana a La Haya. Los insultadores dieron la talla de su catadura civil y ética.  Otros fueron para el expresidente, Jorge Quiroga Ramírez, deportado de La Habana, Cuba. El régimen boliviano no pidió explicaciones y más bien se desmandó en acusaciones y tropelías diversas.

Su tono conciliador en Chile fue para emborrachar la perdiz. Él sigue “la línea”.

Ver más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ve también:
Cerrar
Botón volver arriba