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Bolivia, país de contactos

Marcelo Ostria Trigo

En los años 70 del siglo pasado se fue configurando una nueva concepción de política exterior basada en la visión de don Luis Fernando Guachalla: “Bolivia, país de contactos y no de antagonismos”. Se añadió que también es un país de gravitaciones múltiples, porque proyecta y recibe influencias de los cinco países con los que limita. Hay una realidad geográfica: Bolivia, en la parte occidental gravita hacia el océano Pacífico, a través de Perú y Chile; el noreste hacia el Atlántico, por ser parte de la Amazonia; y el oriente y el sureste, hacia la Cuenca del Plata que comparte con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Infortunadamente, los tiempos han cambiado. La diatriba ha remplazado al trato respetuoso en nuestras relaciones internacionales, creando antagonismos. Se cree que, con esta conducta, se consiguen réditos, cuando en realidad solo se es visto como el díscolo desenfrenado, arropado en su debilidad.

No hay boliviano que no sienta la dolorosa herida que dejó la guerra del Pacifico con la pérdida del Litoral. Desde entonces, se exige a Chile una vía de acceso soberano al Océano Pacifico, aunque sobre la ubicación y forma de ese acceso no hubo, ni hay, consenso. Y en esta porfía, ahora se apela a la demagogia, y se descuidan opciones de salida para las regiones que no gravitan hacia el Pacífico. Esto sucede con el Oriente y el Sudeste del territorio nacional, inclinados hacia la Cuenca del Plata y, por otro lado, con el Noreste hacia el Amazonas. Ciertamente no se trata de elegir, todas las opciones son vitales.

Una política internacional de confrontación agresiva no es el camino para lograr acuerdos de integración en la región que da sentido a la convivencia de los pueblos. Es más: considerar únicamente una opción de vinculación con el exterior se opone o, por lo menos, posterga otras alternativas realizables. Esto sucede, por ejemplo, con la falta de incorporación efectiva de Bolivia a la navegación comercial de la Hidrovía Paraguay-Paraná de la que es ribereña y que es vínculo con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Esto supone, además, cultivar relaciones de paz y cooperación con nuestros vecinos. Para ello, se requiere visión de futuro, y no el lamento por el infortunio del pasado, que lo hubo y lo sufrió la Patria. Ahora, es tiempo de buscar nuevos horizontes, con renovada fe en la integración, que es camino de desarrollo y de participación conjunta en las definiciones que afectan al mundo. Así, Bolivia será un país de contactos y no de antagonismos.

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