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De Marx a Marx

Susana Seleme Antelo

“No se puede ni se debe responsabilizar a Marx de los crímenes cometidos en su nombre”, dijo la comisaria Beatrix Bouvier, responsable del programa conmemorativo del 2º centenario del nacimiento de Carlos Marx.

Si alguna responsabilidad le cabe, es que su teoría, deformada por muchos de sus seguidores, diera lugar al ‘socialismo real’ luego de la Revolución de 1917 y a todos los que le siguieron, incluido el de Siglo XXI. La igualdad y la libertad quedaron subsumidas en manos de la casta política-militar-policial-burocrática a costa de la clase obrera, amén de haber anulado el pensamiento crítico y creado la ‘lumpen inteligencia’ oportunista. Como en Bolivia.

Cumplidos 200 años de su nacimiento el 5 de mayo pasado, sostengo, como muchas personas, que la clave para entender a Marx, sin satanizarlo ni condenarlo, es ubicarlo en el contexto de su época, el de la revolución industrial, que cambió profundamente la sociedad mundial, todavía no global.

Desde fines del siglo XIX el marxismo se había instalado en toda Europa “como doctrina de izquierda”. Sin embargo, el pensamiento de Marx ya había sido reducido a “un maniqueísmo simplista”, según Jacques Attali. Federico Engels inició la tarea con la primera edición de las “Tesis de Feuerbach”, en 1888, cinco años después de la muerte del filósofo, en1883. El cambio no fue menor, porque la idea original que Marx llamó la ‘dialéctica materialista’, Engels la convirtió en “materialismo dialéctico”, sin importarle que la dialéctica es un método y el materialismo una filosofía.

Con el cambio, la filosofía se volvió dialéctica para admitir todas las contradicciones internas, si permitían reconciliar la utopía con la práctica arbitraria, represiva e ilegítima, pues servía a la revolución.

Quienes contribuyeron a deformar su teoría, fueron, según Attali, “Engels que inventará el concepto de ‘partido de vanguardia; Kautsky que caricaturizará la teoría económica de Marx; Lenin que importará el marxismo a Rusia como estrategia de occidentalización de un país atrasado; Stalin que hará de la dictadura del proletariado una dictadura ejercida sobre el proletariado, tras la liquidación de las otras clases.”

La teoría social era para Marx “una ciencia abierta, un movimiento” que no negaba el diálogo con los “otros”, ‘la otredad’ de Octavio Paz. O la alteridad, “otherness”, de Hannah Arendt. Es decir, la pluralidad política. Los marxistólogos convirtieron esa ciencia abierta en un dogma.

“El dogma le ganó a la dialéctica y el socialismo real se impuso a la utopía social”.
Ruber Carvalho

La importancia de Marx radica en haber expuesto y explicado las causas de la injusticia, sufrimiento y enfrentamiento en la sociedad de su época. Un ideólogo marxista de la importancia de Eric Hobsbwan(+) afrimó que “Marx se equivocó en muchas cosas, pero hay que reconocerle que acertó en su vaticinio de hacia dónde nos llevaba la usura del capital.”

Para Marx, la burguesía representaba un papel revolucionario que transformaba el potencial humano, que rompía el aislamiento de las naciones y favorecía a la población de las ciudades, en comparación con la del campo. Para él, el capitalismo fue “absolutamente indispensable porque sin él se volvería a generar la escasez, y con la necesidad se volvería a empezar la lucha por lo necesario, y fatalmente se volvería a caer en el viejo barro”. Y eso que Marx no vio las hambrunas en la época de Lenin producto de la lucha a muerte contra los propietaritos de los medios de producción.

A la burguesía le cabe el mérito de haber liberado a la sociedad de la servidumbre y convertido al hombre en un ser jurídicamente libre para vender su fuerza de trabajo en el mercado, aunque quedase sujeto al poder del capitalista. Lo que Marx no tomó en cuenta, como apunta Arendt, fue la cuestión política del poder y haber tomado al proletariado como único sujeto revolucionario de su análisis.

Era su tiempo, no el nuestro, hoy colmado de otros sujetos históricos: mujeres, negros, sectores informales, trabajo precario, lesbianas, gais, inmigrantes, herederos de los movimientos contra el orden burgués de los sesenta, y los que vendrían luego como la preservación de la naturaleza y el cambio climático, el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción.

¿Lo sucedido en Rusia entre febrero y octubre de 1917 fue una revolución social o un golpe de Estado, como ya lo había calificado Rosa Luxemburgo, pues impuso un partido y un pensamiento únicos? No es gratuito que la revista de Filosofía, PERCONTARI, en su número sobre la Revolución, hubiera insertado un trabajo de Fernando Mires acerca de “La contra-revolución anti-parlamentaria y anti-soviética de Vladimir Ilich Lenin”. Para Marx la política parlamentaria permitiría desarrollar la conciencia política del proletariado para defender sus intereses frente a la burguesía, y debía contribuir a la creación de la conciencia de la clase obrera.

A 200 años siempre podremos rescatar sus aun no superadas frases de que “Lo concreto es concreto, porque es la síntesis de múltiples determinaciones, es decir, unidad de lo diverso”. O que “No es la conciencia de los hombres la que determina su ser; por el contrario, su ser social determina su conciencia”.

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