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LAS ANGUSTIAS DEL RÉGIMEN

Manfredo Kempff Suárez

Una década duró el endiosamiento de S.E. que fue la década dorada del masismo. Desde enero del 2006, en que se entronó en el poder, hasta el 21 de febrero del 2016, se puede decir que, con algún amargor por ahí, todo fue mieles. S.E. disfrutó de las mieles del poder, de mucha riqueza, de dinero para derrochar, y creyó que eso era todo; que sus antecesores habían sido unos pobres infelices que sufrieron, se quejaron y se fueron. Que se marcharon por mediocres, por tontos, respetando un absurdo artículo constitucional que para él fue papel mojado.

A partir del famoso 21-F, el régimen empezó a tambalearse y los ministros a transpirar porque los ciudadanos empezaron a reclamarle democracia a S.E. y este a enfurecerse porque no era concebible que habiendo gastado tanta plata para contentar al pueblo con canchas y coliseos, la chusma fuera tan ingrata que le diera la espalda. Hace dos años empezaron a oírse algunos silbidos tímidos y aislados por ahí, después vivas a la democracia, hasta ahora cuando al lugar donde asiste el gobernante los abucheos y las silbatinas no cesan y sus guardaespaldas se multiplican nerviosos.

Los nervios hicieron presa del gobernador de Cochabamba, señor Canelas, quien se fue de lengua mostrando su racismo y rabia, expresando que no se va a permitir que ningún cruceño vaya a su ciudad a gritar “Bolivia dijo NO”, ignorando que todo el estadio clamaba, aturdiendo a S.E. Agregó, además, de manera desafortunada, que resulta intolerable que “extraños” digan esas cosas. Una pena por el gobernador, ya que debiera saber que en Santa Cruz viven decenas de miles de cochabambinos que marchan, vociferan, venden, comen y descomen en nuestras calles, a quienes tenemos que rogarles que obedezcan las ordenanzas municipales.

Pero S.E. sigue afirmando que va a volver a candidatear, que nadie se lo impide, que los indígenas (aimaras) llegaron al poder para quedarse. Que no se irá porque el 21-F se perdió por mentiras y calumnias y que así no vale. S.E. debió cortarles la cabeza a quienes lo animaron a ir por el referéndum, sin darse cuenta que una derrota era su sentencia de muerte. Son los que dicen, para aplacar la ira del gobernante, que la política no puede ser tan sucia y que su líder tiene que ser presidente el 2019 y permanecer todo el tiempo que quiera, como ha sentenciado el Tribunal Constitucional masista.

Siendo tan astuto como afirman sus hermanos, extraña que S.E. se haya emperrado en no entender la imposibilidad ser candidato porque las urnas le han dicho el 21-F que está vetado legalmente. Ahora bien, la legalidad le importa poco. La muestra está en que enloquece de placer cuando triunfan Ortega o Maduro en elecciones totalmente emporcadas. ¿S.E. quiere seguir haciendo una política de chiquero? No es aconsejable, porque la gente ya ha tomado conciencia de la estafa. S.E. tiene que irse a vivir al Chapare antes que se produzca una catástrofe aunque deba lamentarse de que su mamotreto de cemento lo tenga que usar otro.

Al conocido estilo de estos “socialistas” nativos, los masistas prosiguen en su afán de buscar enemigos por doquier. Se han cansado con Tuto Quiroga, Rubén Costas y Samuel Doria Medina, y ahora le ha tocado el turno a Carlos Mesa. No solo se lo ataca por una presunta ineficiencia en su administración, sino que sugieren que se ha embolsillado coimas de las empresas constructoras brasileñas. Eso es una canallada sin nombre, pero la canalla actúa así, más aún cuando está angustiada y asustada porque huele que va a perder el poder.

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