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El narcisista que padece Hybris

Narcisismo: Excesiva complacencia en la consideración de uno mismo. Preciarse de atractivo y enamorado de sí mismo. (Real Academia Española de la Lengua) Egocentrismo. Delirios de grandeza. Amor mórbido y enfermizo por uno mismo. Necesidad de reconocimiento: todo o nada. (Peter Garrard. Gabinete Psicológico de Madrid) Presenta celos, envidia y ausencia de empatía. (Diagnóstico de Trastornos Mentales)

“Érase un narcisismo infinito”, decía Francisco de Quevedo sobre Luis de Góngora, su más ilustre adversario en las letras, en su famoso soneto “Érase un hombre a una nariz pegado”. Era el siglo de oro español en su apogeo.

Como hombre culto, Quevedo sabía que el narcisismo provenía de la mitología griega, que contenía advertencias morales a los jóvenes para que no cayeran rendidos ante la vanidad como el pobre Narciso. Posteriormente, la psicología y la neurociencia consideraron el narcisismo como severo trastorno mental por su búsqueda obsesiva de admiración y rechazo a la crítica. El trastorno conlleva nocivos impulsos de rivalidad, subvaloración y descrédito hacia los demás, agudizados por intensos sentimientos de ira, rabia o ansiedad cuando oyen comentarios en su contra o algo que no les gusta.

Eso le pasa a Evo Morales cuando lee, ve u oye las actuales consignas de la sociedad boliviana: “Bolivia dijo NO”, “21 F”, “Mi voto se respeta”. Hoy, la ira ordena identificar y procesar a los que gritan ‘Bolivia dijo NO’, y al mismo tiempo, insultar como ‘vende patrias, caraduras, neoliberales, miserables intelectuales o 4 gatos’ a las plataformas que hacen campaña dentro y fuera del país con esos mensajes.

El oficialismo se ha dado cuenta que hace rato somos mayoría, y por eso está montando el fraude para las elecciones de 2019. Sabemos que no respetará el resultado del referéndum vinculante y de carácter obligatorio del 21 F de 2016, que dijo NO a la cuarta candidatura de Morales. La sociedad, en cambio, respetó el Art. 168 de la Constitución, que permite serlo solo dos veces de manera continua, pero Morales apunta a la reelección indefinida. Se escuda en un electoralismo de pacotilla que manipula el voto con prebendas, desprecia los valores democráticos de convivencia entre diferentes y el respeto a la pluralidad política, mientras la impostura, la corrupción y la impunidad se imponen y le ganan a la ética.

El jefe del régimen tiene otros rasgos de trastorno de personalidad. Se los ha comprobado en los 12 años que lleva en el poder, sufridos antes también, cuando era violento dirigente cocalero en Chapare, el santuario de la materia prima de la cocaína: la hoja de coca. Santuario también del narcotráfico omnipotente y omnipresente.

Morales también sufre el síndrome de Hybris, considerado por los griegos como la desmesura contra la moderación, la discreción y el autocontrol. Hybris era la soberbia que los dioses castigaban con Némesis, la diosa de la venganza, la fortuna y la justicia. Trastorno muy antiguo el de Hybris, desde que el poder se ejerce sobre los demás, aun en contra de su voluntad.

Para los científicos Owen&Davidson, este síndrome modifica el cerebro del poderoso: ejercer el poder altera su neuroquímica, la degrada de forma más profunda y persistente cuanto mayor y más duradero es el ejercicio del mismo. Owen estudió la interrelación entre la política y la medicina y concluyó que la carencia de límites puede transformar del todo el cerebro: ser obedecido a ciegas aísla al individuo de la realidad, tanto que está convencido que es él quien la construye. Sus consecuencias son gravísimas pues afectan a todo un país.

El que obedece y rinde culto desmedido a la persona narcisista con síndrome de Hybris, comparte su delirio, lo refuerza y lo empeora. El poder sin límite causa daños ilimitados, tanto en el cerebro del poderoso como en el de quienes obedecen sin reparos. Ambos están dopados.

La historia grafica el síndrome de Hybris en cientos de tiranos, dictadores y totalitarios de sobra conocidos. Garrard describe el síndrome con modelos neuronales que explican la conducta de presidentes adictos al poder que no se resignan a perderlo y hacen o harán lo indecible por preservarlo.  Hay ejemplos de sobra.

En cambio, los países que limitan el ejercicio del poder con contrapesos institucionales y democráticos, son estables, avanzados y se libran de Hybris, narcisos y totalitarios. En esos países se respeta la separación de poderes, no hacen del Judicial una letal arma política contra el adversario, ni se institucionaliza la violencia estatal, ni cargan a sus espaldas muertos, presos y exiliados políticos, como Morales.

A su desmesura y narcisismo, podemos ponerle algunos nombres y apellidos: un avión de uso personal de casi $us 40 millones; un museo en su pueblo natal, que costó $us 7 millones al erario nacional, donde exhiben solo sus camisetas de futbol, su gran estatua, algunas fotos y regalos. O el nuevo Palacio Presidencial, de 28 pisos con lujos de nuevo rico, a un costo de $us 24 millones, sin equipamiento, mientras la salud pública es un vía crucis para los enfermos de cáncer, por citar un solo ejemplo.

Entre otras razones, por eso Bolivia dijo y dice no al narcisista Morales que padece de Hybris.

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