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Como para no preocuparse…

Marcelo Ostria Trigo

El fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, siguió una política nacionalizadora que, junto a otras causas, desató la terrible crisis que ahora sufren los venezolanos. El desenfreno del “nacionalícese”, ha arruinado gravemente a ese país y, ahora, lo mismo también amenaza a países en los que se sigue empecinadamente la misma política estatizante.

En nuestro país, tampoco nos fue mejor: la mayoría de las empresas estatales creadas en la última década, son deficitarias. Pero no solo es esto lo que preocupa: hay una larga lista de reclamaciones y demandas de empresas de inversionistas extranjeros que fueron nacionalizadas sin que, hasta ahora, hayan sido compensadas, o se haya cumplido con compromisos asumidos.

El Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) ha anunciado recientemente que presentará contra el Estado boliviano una demanda de arbitraje, ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI), por su salida de la administración de la AFP Previsión BBV. Y esto, va a obligar a compensar al banco demandante con recursos de los bolivianos.

Pero hay más: ya se indemnizó con el pago de 42,6 millones de dólares a la empresa chilena; Quiborax; Glencore demanda 300 millones de dólares por la expropiación del Complejo Metalúrgico Vinto, la Planta de Antimonio Vinto y el centro minero de estaño de Colquiri; South American Silver, reclama $us. 385,7 millones, por la reversión de la mina Mallku Khota; AIR BP, pide $us. 5,5 millones por sus estaciones de combustible de aviación; Jindal Steel Bolivia, por la resolución de la Corte de Arbitraje y Conciliación de la Cámara de Comercio Internacional de París, debe recibir 22,5 millones de dólares.

Ante esto, cabe citar una autorizada opinión: “…nada garantiza que la nacionalización de los principales sectores económicos traiga los beneficios prometidos a las clases bajas y medias. A juzgar por la experiencia pasada, es más factible que las nacionalizaciones lleven al deterioro de los servicios, e incluso a problemas fiscales” (Privatizaciones y nacionalizaciones – OMDES/BID).

Es más: esto se va agravando con nuevas empresas estatales, generalmente deficitarias y dominadas por el clientelismo y la corrupción, y con el irresponsable reparto de bonos y aguinaldos extras, con fines electorales; esto, precisamente cuando se advierte que la economía se contrae, como sucede cuando se acaban los altos precios internacionales de los productos que se exportan.

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