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Empecinamiento y poder

Marcelo Ostria Trigo

En Bolivia pugnan dos posiciones políticas antagónicas: la del oficialismo, empecinado en continuar en el poder, y la integrada por los que sostiene que esto no es legal, que violaría la Constitución y los elementos constitutivos de la democracia. Esto es ciertamente ilegal, pese a cualquier aval, como el de un tribunal de justicia que no cumplió con su deber de cuidar el respeto a las normas constitucionales y que desconoció la voluntad ciudadana expresada en un referendo. Pero esto no se quedó ahí: hace poco, dos militantes del partido gobernante afirmaron que, si en las próximas elecciones presidenciales ganara la oposición, sus huestes no dejarían gobernar a un nuevo régimen.

Ningún partido o agrupación está libre de que algunos de sus despistados adherentes anuncien disparates. Este caso es preocupante, pues se trata de dirigentes de un colectivo, nada menos que el de los cocaleros del Chapare, un eje del partido del presidente. Peor aún: este exceso, contrario a la esencia de la democracia, no fue desmentido por el gobierno, lo que hace suponer que comparte este despropósito, o es el de la idea.

Los que delinean la estrategia oficialista no reparan en los exabruptos y las contradicciones de sus militantes y dirigentes. Parecería que su campaña electoral –anticipada por cierto– se centra en una sola idea: la eternización del régimen en el poder, lo que no es nuevo: después de las elecciones de 2005, los recién llegados decían: “no somos inquilinos, hemos venido para quedarnos” ¡500 años!

Pese al claro afán oficial de desconocer la alternancia como elemento esencial de la democracia, los organismos internacionales no han reaccionado como era de esperar. La Carta Democrática Interamericana, que en su tiempo concitó el respaldo unánime de los Estados miembros de la OEA, establece: “El ejercicio efectivo de la democracia representativa es la base del estado de derecho” y “ésta se refuerza y profundiza con la participación permanente, ética y responsable de la ciudadanía en un marco de legalidad conforme al respectivo orden constitucional”. Y señala, entre los elementos esenciales de la democracia, el acceso al poder y su ejercicio debe hacerse “con sujeción al estado de derecho” y a “la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo”.

Ahora, sin embargo, se pasan por alto conductas de gobiernos empeñados en permanecer ilegal e indefinidamente en el poder. No advertirlo entre nosotros, puede resultar dramático, como son los casos de Venezuela y Nicaragua.

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