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En Chile estaba linda la mar…

Susana Seleme Antelo

mientras en Bolivia simbólicas olas ahogaban la ilusión que propagó el régimen de Evo Morales durante 5 años sobre la recuperación marítima ante al vecino país.  Frente a él perdimos el litoral en una guerra de conquista, como toda guerra, en 1879.

Según la megalómana propaganda del régimen en pos de su inconstitucional cuarta reelección,  el 1 de Octubre, día del fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de la Haya, el “retorno al mar”, estaba ya aquí. La puesta en escena se remonta a abril de 2013, cuando Bolivia interpuso ante esa Corte una demanda para que, en virtud de antecedentes y pruebas acumuladas en años, declare la obligación de Chile de otorgar a Bolivia un acceso soberano al Océano Pacifico.

Sin embargo, 12 de 15 integrantes de la CIJ encontraron insuficiente la argumentación boliviana de “derechos expectaticios” y no hallaron elementos que obliguen a Chile a negociar en ese sentido. Que se siga dialogando, como acotaron los magistrados de la Haya, es un asunto político de primer orden, que deberá excluir a Morales y a su séquito por incompetentes. Desconocieron la filosofía del Derecho, entendida como el orden normativo e institucional de toda sociedad. Al Derecho no le compete actuar como el agente de bienaventuranza ni como el vehículo que conduzca a ese fin. Si le compete promover un orden pacífico, seguro, justo y de servicio al bien común en la convivencia y cooperación entre las naciones.

Por último, pero no menos importante, Bolivia, sus agentes y voceros olvidaron que este era y es un tema político, y debió conducirse, como todo conflicto político entre países, democráticamente en un marco de diálogo real y concreto, sin bravuconadas ni autosuficiencia, como se hizo frente a Chile. Tampoco insistir en la ‘soberanía’, trabada precisamente por el Tratado de Paz de 1904 que puso fin al conflicto. La soberanía es un concepto definido en torno al poder, nacido al calor del surgimiento de Estados Nacionales en la Europa del XVI y XVII. En el siglo XXI ¿dónde está la soberanía de Bolivia? ¿Por qué más bien no se trabajó en un acuerdo con Chile y Perú, la otra parte del conflicto pasado, como ‘país sin Litoral’ que es lo que somos y acepta Naciones Unidas?

Ese litoral con su mar, costas y puertos es lo importante. Ahí llegan hombres y mujeres con sus propios saberes que luego comparten. Ese litoral otorga ‘cualidad marítima’, infraestructura portuaria para el comercio de bienes y servicios, la exportación e importación de mercancías para el desarrollo sustentable, el conocimiento, la convivencia, el intercambio humano y cultural.

En la demanda a la Corte de la Haya ni los juristas bolivianos ni extranjeros hablaron de Perú involucrado en la guerra de 1879. Y es por el norte de Arica, territorio peruano antes de la guerra, la única posibilidad de Bolivia de llegar al Pacífico sin cortar la continuidad territorial de Chile. Es hora de interpelar al centralismo por qué la política exterior boliviana siempre obvia a Perú en este tema que dice vital, pero no lo parece. ¿Y el puerto de Ilo, en Perú también, sin uso ni usufructo desde 1992 por el ofuscamiento andino ante el litoral perdido frente a Chile?

La interpelación abarca el despilfarro en un museo para el ‘jefazo’ en medio de la nada altiplánica, avión de $us 40 millones, nuevo palacio de gobierno, autos blindados, industrias que no funcionan, fábrica de urea y aeropuerto en la zona cocalera, amén de los millonarios gastos -$us 75 millones- en nutridas delegaciones a la presentación de los alegatos y a la lectura del fallo en La Haya.  La interpelación debe apuntar, además, a por qué no se pensó nunca en la salida al mar por el Atlántico, teniendo puertos propios y privados sobre la vía Paraná-Paraguay y otras ofertas. Es un reclamo desde el Oriente que tiene más años que el Tratado de 1904. No hay que ser adivino: primó el ser minero de la clase dominante.

No me atribuyo competencia alguna en el tema, pero si la política no elimina los conflictos, puede hacerlos más ‘habitables’ en el marco del respeto a la democracia, siempre perfectible entre los gobernantes y sus pueblos.

Lo que queda de La Haya es una derrota política, jurídica y diplomática para Evo Morales y su séquito. Y también derrota psicológica para una parte de la sociedad boliviana que creyó en la desembozada propaganda política electoral para su inconstitucional cuarta postulación a la presidencia, violando el art. 168 que solo permite dos continuas. Va por la cuarta y la quiere indefinida. Morales sí tiene una filosofía del Derecho: “le mete nomás”. Por eso desconoce el significado del Estado de Derecho, y por eso obligó a un servil Tribunal Constitucional a habilitar su nueva candidatura contra el referéndum del 21 de Febrero de 2016, cuando Bolivia le dijo NO más reelección al vitalicio dirigente de los cocaleros que cultivan la materia prima de la cocaína.

Nadie previó 12 votos en contra de la demanda boliviana y solo 3 a favor. En resumen, como ya dice la gente: “Con La Haya o sin La Haya, igual queremos que Evo se vaya”, porque ni “el sol se esconderá, ni la luna se escapará” –según amedrenta el Vice – cuando ya no esté en 2020.

 En tanto, serena y linda estará la mar, esperando la magia de la política en democracia. Tiene razón el expresidente Jaime Paz Zamora: no vale el mar sin ella.

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