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La gran derrota de Evo

Raúl Peñaranda

En un universo paralelo, el Presidente que llevó a su país a la peor derrota de su historia pide disculpas, expresa remordimiento y muestra humildad. Incluso presenta su renuncia. No en la vida real boliviana. Evo Morales será recordado como el político que dejó a Bolivia más lejos del mar. Nadie había conseguido tal “hazaña”, retroceder las posibilidades del país en un siglo, dejar las chances de hablar nuevamente de soberanía indefinidamente suspendidas y al mero arbitrio de Chile.

Pese a lo demoledor de la derrota, Morales ha mostrado cero autocrítica, cero asunción de responsabilidades, cero reflexión serena, cero humildad. Todo lo contrario. El mandatario ha iniciado acciones contraproducentes para el país: mandar cartas de queja a las Naciones Unidas que no tendrán efecto alguno, obviamente, y criticar a los jueces que, en breve tiempo, analizarán la otra demanda que separa a Bolivia y Chile, la de las aguas del Silala. ¡Y Morales insulta a esos jueces! Es de no creer.

Morales iba a pasar a la historia como el primer Presidente indígena y la persona que logró incluir a sectores marginados. Pero ahora su sello será el del mandatario que nos quitó las chances para recuperar el mar. Expresidentes y excancilleres deben también mirarse al espejo de este desastre y asumir su cuota de responsabilidad.

Vale que yo haga, en este caso, una autocrítica: creí en esta estrategia, parecía que la única manera de tener éxito con respecto a Chile era eludir el tratado de 1904 e intentar forzar a ese país a negociar. Escribí columnas y, en su momento, editoriales. Y como yo, millones de bolivianos pensamos que ese era el camino correcto. Por eso hoy la mitad del problema es el asfixiante fracaso. Siempre se podrá decir que era un esfuerzo que valía la pena hacerse.

La otra mitad del problema fue la politización de la demanda. Morales mandó a comprar 10 kilómetros de tela azul, hizo jornadas de hashtag, lanzó decenas de tuits, envió a su excanciller a irrumpir en el puerto de Arica, hizo desfilar a niños y a movimientos sociales, etcétera. Tal vez un mandatario más sosegado hubiera generado un clima más adecuado y, al no haber aumentado las expectativas, la desazón sería menor.

Morales juega con las reglas cuando le convienen. Respaldaba el voto popular cuando vencía elecciones, pero cuando las pierde, como en el caso del referéndum, éste ya no tiene valor. Creía en la alternancia en el poder cuando ese concepto le permitió a él llegar al Gobierno, pero una vez en él se convierte en un “concepto del imperialismo”.

Usó a la justicia, que era parcialmente independiente antes de 2006, para recuperar sus dietas como diputado, pero al lograr el poder decidió anular completamente la posibilidad de tener tribunales autónomos. Lo mismo con La Haya. Morales era el defensor más grande en el sistema de Naciones Unidas y criticó a Chile por dudar de sus reglas cuando se presentaron posturas en ese país tendentes a retirarse del Pacto de Bogotá.

Pero ahora que Morales ha sido derrotado por ese sistema que él defendía, afirma que la Corte es manipulada… ¡por las transnacionales! No hay incongruencia más evidente. Usar las reglas para beneficio personal y desecharlas cuando no convienen es propio de las personas ladinas, de las que debemos desconfiar.

Si alguien tenía dudas de que vivimos un fin de ciclo, este fallo termina de confirmarlo. La persona que hizo que sufriéramos una derrota histórica no puede aspirar a ser Presidente otra vez, peor aún violando la Constitución y el voto del 21F. Chao nomás.

Fuente: paginasiete.bo

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