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La unidad posible

Norah Soruco de Salvatierra

Con las cartas echadas y un proceso electoral en marcha, es bueno mirar la realidad actual y sus posibilidades.

Ya mucho antes de Evo Morales, hubo esfuerzos por lograr un bloque de unidad para encarar un proyecto de país con candidaturas consensuadas, que incluían por cierto la propuesta de elecciones primarias, mirando otras experiencias pero con sello propio. Tuvo resultados infructuosos, porque todos estaban de acuerdo, siempre que la cabeza sea cada uno de ellos.

Los desafíos presentes se enmarcan en una debilidad más o menos común a todos los que aún conforman el sistema de partidos, incluidos los que se autocalifican antisistema, han perdido credibilidad ante el electorado y no por falta de suficientes razones. La próxima contienda electoral que debiera proyectarse más allá de ella, hoy por hoy la unidad se plantea casi como un mandato, tanto por la demanda colectiva, como por su propia sobrevivencia. Sin duda, las conductas y sentimientos señalados arriba no cambiarán, las organizaciones políticas que aún no han construido una visión de país acorde a los tiempos actuales, menos podrían condicionar una alianza programática como se dice.

Pero, ciertamente, existen pilares fundamentales comunes, como la defensa de la democracia que inexcusablemente comprenden la libertad, el Estado de derecho, la independencia, separación y coordinación de los órganos constitutivos del Gobierno Nacional, el desarrollo socioeconómico y combate a la pobreza, la reposición innovada y el fortalecimiento institucional, del que naturalmente quedarán autoexcluidas las organizaciones que eligen un rumbo distinto.

Sobre tales bases, es absolutamente pertinente la estructuración de lo que podríamos denominar la unidad posible, alrededor de la priorización de esa necesidad nacional en cuanto al qué hacer común, antes del quién y el cómo.

Supone algunas condiciones básicas, el compromiso con el país, el sinceramiento respecto de la crisis del sistema de partidos y de la cuota-parte propia, de los desafíos de la nación en la hora presente y sobre todo, la grandeza de un enorme desprendimiento respecto de la búsqueda del poder inmediatista. Que no significará la cesión del espacio político propio, pero que sí es antagónico de la parcelación del aparato gubernamental, nefasto en experiencias pasadas.

Otro factor indispensable en tal voluntad y decisión unitaria, es la consideración en lo inmediato de una etapa de transición, en la que necesariamente debe confluir la unidad ciudadana; por un lado para respaldar y acompañar las medidas gubernamentales requeridas, que de suyo no serán fáciles, para encarar con seriedad y sostenibilidad el proceso de reconducir a nuestro país a un estado de derecho y democracia plenos. Y por otro lado, el tiempo preciso para crear las condiciones de formulación de un proyecto histórico de país, acorde a las nuevas tendencias del contexto interno y externo.

Toda organización como el individuo, tienen su hora crucial de decisiones fundamentales, y eso es precisamente lo que se plantea como desafío superior al estamento político. La respuesta está en manos de sus líderes.

Fuente: eldeber.com.bo

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