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A Bolivia le duele la democracia extraviada

Susana Seleme Antelo

“Las plataformas eran como un dolor de muelas”, dijo el dirigente del oficialista Movimiento al Socialismo (MAS), Gustavo Torrico, en un programa de radio Panamericana. Afirmó que su partido había propiciado la candidatura del expresidente Carlos Mesa, que ella contribuía a desactivar a las plataformas ciudadanas y evitaba una lucha contra los partidos políticos que se oponían a entrar en el terreno electoral.

Me permito aclararle que las plataformas no ‘eran’, son. Y son mucho más que un inoportuno ‘dolor de muelas’. Expresan el derecho a la libre asociación ciudadana, sin filiación partidaria, que defendió y defiende su voto con el ‘Bolivia dijo NO’ como parte de un derecho consagrado en la Constitución: libertad de pensamiento y acción. Han sido y son un freno contra los impulsos dictatoriales de Evo Morales de quedarse en su poder populista ‘para toda la vida’ sin control alguno.

La comparación con el dolor de muelas, pinta al susodicho, a Morales y a los suyos en la mediocridad en la que pululan. Obvian el contexto social con pérdida de credibilidad en el régimen, porque acabada la bonanza de precios de materias primas, solo queda el mega despilfarro de recursos en suntuosidades, obras inconclusas y empleo productivo cero. Rabia por los abusos del poder, el clientelismo, las injusticias de un poder judicial gangrenado por ausencia de ética, la corrupción gansteril e impune, y la economía ilegal: cultivos de hoja de coca, materia prima de la cocaína, en áreas urbanas y protegidas, más narcotráfico y más contrabando. Desconfianza por el déficit comercial de cuatro años, el fiscal de cinco y la ineficiencia administrativa sin paliativos, que explosiona en la misérrima salud pública, pésima infraestructura caminera y en las reservas de gas hechas gas.

En un apuro táctico para mitigar ese descontento que crece, el MAS adelantó un año el periodo electoral de 2019 a este final de 2018, obligando a alianzas políticas y elecciones primarias, para introducir en ellas su binomio inconstitucional: Morales-García Linera. Antes, indujo a un cooptado Tribunal Constitucional a que los habilitara por encima de la Constitución Política y del Referéndum de 21 F de 2016 que dijo NO a la cuarta candidatura de la dupla. Esa consulta ciudadana fue a iniciativa de ellos mismos, pero la perdieron, sin reconocer la “dignidad de la derrota”, citando a Borges. “Fue un empate técnico”, dijeron, aunque nos robaron más de 10% de votos.

Los ‘apuros’ ratifican que, así como Morales se subió a la historia democrática disfrazado de lo que nunca fue, siendo un violento dirigente sindical cocalero, sigue usando la democracia electoralista para aparentar con votos la legalidad de lo que no fue ni es. Morales usó la democracia como pretexto para alcanzar el poder, luego concentrarlo en su autoritarismo centralista y aplicar un vicioso modelo de gestión pública contra el pueblo que lo aupó.

Su oportunismo está cada vez más cerca del castro-chavismo de Venezuela y Nicaragua, apoyados desde el Mar de las Antillas. Los defiende en foros internacionales, en nombre de Bolivia, sin importarle que la pluralidad política en el país los rechaza.  Por eso les duelen las interpeladoras plataformas, pues aquí, como allí, no pueden existir voces disonantes: el pensamiento crítico se castiga.

Para curarse en salud, el Comandante General de la Policía, violando su norma institucional, toma partido político y afirma que hay que apoyar el “proceso de cambio” que enarbola Morales. Como señala un dirigente de la oposición, ese comandante ha puesto en peligro a 37.000 oficiales, clases y carabineros que no debieran apoyar a Morales, inhabilitado a ser candidato por mandato de la Constitución y por el 21 F. Seguramente los militares han jurado lealtad hace tiempo, sin hacerlo público.

Todavía no han hecho uso del monopolio bruto y violento de la fuerza como en los países mencionados. Sin embargo, Evo Morales carga con más de 100 muertos en Bolivia. Los hay en Cochabamba, Pando, Santa Cruz, Sucre, Los Yungas, Tarija, La Paz, centros mineros, en la judicialización de la política con más de 80 presos y cerca de 1.200 exiliados políticos, certificados por la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados.

En aquel programa de Panamericana estaba José Luis Bedregal, vocero de Soberanía y Libertad(Sol.bo) partido que conduce el hoy alcalde de La Paz, Luis Revilla, aliado al expresidente Carlos Mesa. Por el momento, Mesa es el único candidato opositor por el Frente Revolucionario de Izquierda(FRI), de origen prochino. Bedregal, desmintió que Mesa hubiera sido “propiciado” por el MAS, pero sí coincidió con Torrico en que “el tiempo de las plataformas había pasado, porque era “coyuntural”. ¿Dónde quedan ellas, que según su candidato representaba a l@s ciudadan@s?

¿Dónde queda la defensa del 21F que debió estar por encima de todo cálculo político, sabiendo como se sabe de las trampas tácticas y electoreras del oficialismo, y de las dudas razonables sobre la imparcialidad del Tribunal Electoral? ¿Tendrá la dignidad de rechazar el espurio binomio oficial?

No son las muelas las que le duelen a Bolivia: le duele la extraviada democracia republicana sumida en un Estado ‘pluritraficante’ de mercancías y valores.

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