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La verdadera causa de los monopolios es la intervención estatal

Si en algún momento, en determinado mercado hay solo un oferente, pero hay libre acceso a la competencia, eso no sería un monopolio ni perjudicaría a los consumidores.

Vanesa Vallejo | Panam Post | 6 de diciembre de 2018

La verdadera causa de los monopolios es la intervención estatal (L)

Una y otra vez, personas confundidas suelen echarle la culpa al capitalismo de situaciones perjudiciales que no solo no son producto de un “capitalismo salvaje”, sino que precisamente son causadas por la falta de libertad económica.

Lo que propone el establishment para solucionar estos problemas siempre es, paradójicamente, más regulación. Es decir, el estatismo causa un problema, la gente cree que es ocasionado por un excesivo capitalismo, y la propuesta para solucionarlo es más estatismo.

Esto ocurre con infinidad de problemas en muy variados campos: la pobreza, el tráfico, la poca adopción de niños y la mala prestación de servicios como salud o educación son solo algunos ejemplos de problemas que la gente cree son causados por falta de regulación estatal, cuando el problema es precisamente el exceso de regulación. Dedicaremos esta nota a hablar de uno de estos problemas supuestamente ocasionados por la libertad económica: los monopolios y oligopolios.

La equivocada y muy famosa idea de que oligopolios y monopolios son causados por falta de regulación ha hecho un daño aterrador en la economía. Amparados en que supuestamente están protegiendo a los consumidores de empresarios ladrones que pactan los precios para obtener ganancias excesivamente altas, los políticos validan sus cada vez mayores ansias intervencionistas.

Y como siempre, causan un efecto contrario al esperado. Supuestamente intentando acabar con monopolios y oligopolios, lo que en realidad hacen es crearlos. Los privilegios que el Estado concede a unos pocos, poniendo trabajas a los pequeños y nuevos emprendimientos, son precisamente la causa de la existencia de precios de monopolio. Es el Estado el que impide la libre competencia y por lo tanto la existencia de precios de mercado.

Desde la definición que se suele utilizar ya se cae en un error enorme. Para muchos, monopolio es una situación en la que hay un solo oferente, que se supone que por estar solo, puede poner los precios que quiera. Y oligopolio hace referencia a unos pocos vendedores que se ponen de acuerdo para establecer el precio que se les ocurra.

La escuela austriaca de economía corrige ese error explicando que es irrelevante si en algún momento del tiempo hay uno o apenas cinco oferentes. La competencia, que supuestamente quieren defender los políticos con sus leyes antimonopolios, es un proceso dinámico en el que los empresarios rivalizan para conseguir, antes que los demás, oportunidades de ganancia.

Entonces, en tanto que la competencia no es más que un proceso dinámico de rivalidad, solo se puede decir que hay monopolio, cuando se impide que el empresario entre a competir. Lo que importa no es si hay uno o muy pocos oferentes, sino si efectivamente se puede acceder a la competencia o, si como consecuencia de la intervención estatal, es imposible para un emprendedor competir en determinado mercado.

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