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Maduro: cada vez más solo

Marcelo Ostria Trigo

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA) tiene entre sus miembros a gobiernos que están en medio de crisis de diversa intensidad. En Nicaragua Ortega reprime ferozmente a sus compatriotas que enfrentan a su dictadura, en Bolivia Evo Morales está ante una fuerte resistencia a su afán continuista, y en Venezuela, a Nicolás Maduro, los pocos amigos que ya le quedaban, han comenzado a abandonarlo. Un ejemplo: Pablo Iglesias, líder de Podemos –el partido populista de España– que defendía denodadamente al régimen chavista, acaba de afirmar en el Parlamento de su país –vaya a saber qué lo impulsó a esto– que “la situación política y económica (de Venezuela) ahora es nefasta. No comparto algunas cosas que dije en el pasado”. Por supuesto nada dice de sus vínculos con los ayatolas de Irán ni de sus visitas a Evo Morales en Bolivia.

Hace poco, el presidente venezolano se mostraba exultante por la llegada a Venezuela de aviones de guerra de Rusia, supuestamente para defender a su régimen de presuntos intentos de derrocarlo por la fuerza, en especial, de Estados Unidos. Pero luego, el gobierno de Rusia comunicó al de EE.UU. que sus bombarderos estratégicos con acapacidad de transportar armas nucleares, abandonarían Venezuela el viernes 15 de diciembre.

Lo sucedido mostró que el régimen de Maduro no entiende la política de las grandes potencias, que miden sus acciones preservando el equilibrio para evitar enfrentamientos que pueden ser catastróficos para el mundo. Queda claro que hay otros asuntos mucho más importantes para Moscú que andar en peligrosas aventuras en defensa de un lejano régimen despótico.

El chavismo, también ha perdido el apoyo de muchos gobiernos de Latinoamérica, y se enfrentará el próximo 10 de enero a una difícil situación, cuando Maduro –como él insiste– inicie un nuevo período presidencial que será una muestra de su afán de eternizarse en el poder como tirano. El canciller de Perú ya informó que propondrá a los miembros del Grupo de Lima, integrado por su país, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá y Paraguay, que, si Maduro persiste en ese propósito continuista, que rompan relaciones diplomáticas con el régimen “bolivariano”. Pudiera ser que, con estas actitudes, esté naciendo una remozada solidaridad democrática en América, y que los gobiernos autoritarios ya están en capilla.

Todo esto recuerda que el gobierno del presidente venezolano Rómulo Betancourt (1959 – 1964), rompía relaciones con los regímenes producto de golpes de Estado, y con los que vulneraban la continuidad constitucional. Era, entonces, la otra cara de Venezuela: la de la Patria democrática del Libertador de América.

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