ArtículosInicioMarcelo Ostria Trigo

El derecho a cambiar de opinión

Marcelo Ostria Trigo

Hay hechos que llaman a la reflexión. Entre estos, cómo ciertos regímenes que, con gran apoyo inicial, luego pierden a partidarios que pasan a formar parte de una masa crítica que los rechaza. Y con demasiada frecuencia, a los desencantados se los califica como tránsfugas, y aún como traidores. Lo cierto es, sin embargo, que la desilusión aparece cuando se advierten errores insalvables, actos de corrupción y conducta despótica de un gobierno.

Para algunos, lo anterior se trata de un craso oportunismo y, para otros, un ejemplo de reconocimiento de su equivocación, lo cual es muy loable. Por supuesto que a los caciques abandonados –en especial si son autoritarios– les cuesta mucho reconocer que van quedando solos. No advierten –o no quieren reconocerlo– que ese cambio se debe al proyecto político fallido que defiende el caudillo y sus cercanos amigos. Entonces, surgen las poco honestas acusaciones de traición contra los tuvieron el coraje de abandonar el proyecto fallido. Pero hay más: ese régimen abandonado se empeña en la falsedad de asegurar que aún cuenta con el apoyo ciudadano mayoritario.

Y hay ejemplos concluyentes: en Venezuela el desgaste de los partidos tradicionales hizo posible el triunfo electoral de Hugo Chávez que luego fundaría el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el que ahora ha entrado en fase terminal. En Brasil, el gran respaldo popular al Partido de los Trabajadores (PT) y a su líder, Inácio “Lula” da Silva y a su sucesora Dilma Rousseff, se derrumbó por la corrupción generalizada. En Bolivia, el jefe del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales Ayma, que inicialmente obtuvo una inédita mayoría de votos con la que fue electo presidente, ya se manifestaron contra su permanencia indefinida en el cargo. La primera manifestación de ese abandono y cambio de opinión fue el resultado del referendo del 21 de febrero 2016: el partido oficial y su jefe perdieron el apoyo de los ciudadanos; y, recientemente, en las extrañas elecciones preliminares, aun siendo administradas por un organismo comprometido con el régimen, dos tercios de los que fueron sus partidarios han cambiado de opinión. Nada de mazazo como afirma ahora el jefe de Estado Evo Morales, sino pérdida rotunda de su ilegal candidatura en esas primarias absurdas en las que, como dijo el periodista Emilio Martínez, curiosamente fue derrotado sin tener contrincante.

Por supuesto que los ciudadanos tienen derecho a cambiar de opinión y a negar respaldo a un proyecto político cuando fracasa y se acerca al colapso por faltas, errores y aún delitos de sus conductores. La democracia se manifiesta entonces, y surgen actores que abrigan el propósito de enmendar errores y de sepultar proyectos autoritarios y fallidos.

Ver más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Botón volver arriba