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Ideología de género, ese caballo de Troya

Darwin Pinto

Antonio Gramsci preso en una cárcel italiana no cesa en su idea marxista de reventar la sociedad occidental atacando sus principios fundacionales de tipo cristiano-capitalistas. Sobre esas ruinas sueña levantar el paraíso socialista que solo existe en su cabeza y que nadie ha visto nunca.

Cavilando entre ratas y delirios del encierro cae en cuenta que Marx se equivocó en ese afán con la lucha de clases; pero Engels no, cuando propone la lucha de sexos. Cae en cuenta que los griegos tras romper sus lanzas por diez años contra los muros de Troya, la toman con un engaño, con un caballo que parece una ofrenda de paz, pero que en su vientre lleva el veneno que hará arder Troya desde adentro.

Marx concibe la sociedad como una casa de dos pisos. El primero es la estructura (medios de producción) y el segundo es la superestructura (ideologías, creencias). Dice que para tumbar a la sociedad capitalista y cristiana hay que dinamitar la estructura quitándole los medios de producción a los burgueses vía lucha de clases, vía revolución, “porque la violencia es partera de la historia”.

Engels, amigo y mecenas de Marx, con quien ha escrito el Manifiesto Comunista, dice que la sociedad no caerá con una lucha de clases directa, sino con una lucha de sexos gradual. Si el enemigo del proletariado es el Capitalismo, encarnado en el burgués; el de la mujer es el patriarcado, encarnado en el hombre. Esta lucha de sexos desmantelará a la familia, y la sociedad capitalista sin su núcleo base, caerá. Engels lo explica en su libro fundacional del feminismo de tercera ola, El Origen de la Familia, la Propiedad privada y el Estado.

Si Hegel opone las figuras del amo y el esclavo como piezas que hacen avanzar la historia, y Marx enfrenta al burgués con el proletario; en su libro Engels define al hombre/opresor y a la mujer/oprimida, acuña el término “patriarcado” y logra que el feminismo de primera ola que reclama justos derechos políticos, sociales y laborales para la mujer, degenere en uno marxista de segunda ola, y este luego, atizado por ideas de Simone de Beauvoir o Judith Butler, resulte el feminazismo de tercera ola de hoy; ese que defeca iglesias y pide aborto total, ese que busca reemplazar al machismo con un hembrismo que copia al macho en su estética y modos, porque es su contracara.

Gramsci reflexiona: La ideología es un arma, mejor si bien intencionada, victimizada, “inofensiva”, como el caballo de Troya. ¿Pero quiénes serán los griegos en el vientre de este caballo ideológico que desatará esta batalla cultural?

Sus cachorros neomarxistas que beben de sus Cuadernos de la cárcel gastan litros de tinta en explicarlo, pero todo se resume en que los llamados a hegemonizar la cultura son los famosos, intelectuales, artistas; los influencers vía medios. Ellos muestran el nuevo camino y la masa que los adora, los sigue sin crítica. Entonces el método de destrucción de la cultura y la sociedad ya está. Se llama ideología de género.

Los fundamentos anteriores son recogidos por feministas de segunda ola, la más famosa, Simone de Beauvoir, y echan andar su maquinaria de reingeniería social en nombre de causas nobles.

Beauvoir que considera un parásito al hijo por nacer, en 1945 es echada de un liceo de París por seducir menores para “compartirlas” con su marido J. P Sartre (una de las víctimas, Bianca Lamblin, publica el libro: A Disgraceful Affair, donde cuenta los abusos) y el 26 de enero de 1977 firma a favor de la pedofilia en Le Monde, dato que hoy está en los archivos digitales del diario francés. Ella es la cara de la Ideología de Género, doctrina cuyas banderas de “guerra de sexos” (para la destrucción de la familia) y del aborto (para evitar hijos que creen lazos con y entre padres), despertará a grandes grupos provida y familia (cristianos, agnósticos y ateos) que se lanzarán a la arena política para enfrentarla. Gramsci no puede saber esto en 1937. Está en la cárcel, junto a las ratas que lo siguen siempre.

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