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La hora de los necios

Susana Seleme Antelo

No es “La hora de los hornos”, esa película de carácter político, de fines de los ‘60, cuando creíamos que la izquierda afín a la ex URSS y a la Revolución Cubana, eran el camino de la derrota al colonialismo, al imperialismo norteamericano, al modo de producción capitalista y al individualista cine comercial de Hollywood.  

La de los hornos, tuvo mucho de la actual hora de los necios. Los que nos acosan e insisten en sus propios errores, se aferran a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia, según la Real Academia Española. El diccionario Larousse los describe como tontos, tercos y porfiados. El ‘Sapiens’ no le calza al ‘homo necio’.

En política arrasan con todo y no les importa el precio que paga la gente que ha tenido la desventura de sobrellevar la necedad y la estulticia de esos gobernantes. Son los países del llamado socialismo del siglo XXI, invento del sociólogo alemán Heinz Dieterich, asesor allegado al difunto Hugo Chávez, de quien luego tomó distancia. Chávez puso dicho socialismo en órbita mundial, en el V Foro Social Mundial, enero de 2005, en Porto Alegre, Brasil.  De los iniciales países, hoy sobreviven Venezuela, Nicaragua y Bolivia. El resto ha ido cayendo por sus propios errores y horrores, y porque el devenir de la historia es el cambio. Ya lo dijo Heráclito hace más de 500 años AC.

¿Cuáles los deméritos de los que hicieron y aun hacen gala los socialistas del siglo XXI? La mentira, la hipocresía, la tolerancia cero a la crítica democrática disidente, el desprecio por el Estado de Derecho, las libertades políticas y civiles y los quiebres institucionales, como en el Poder Judicial al servicio de los ‘jefazos’ para aniquilar a opositores políticos. Han hecho estragos en los órganos electorales, donde se fraguan los fraudes sin pudor.

Como si fuera poco, pululan la corrupción, el clientelismo, el uso y abuso que gobernantes y funcionarios públicos hacen de la riqueza que genera la sociedad para beneficiarse ellos mismos y beneficiar a sus correligionarios. Algunos ‘clientes’, como los cocaleros en Bolivia, transportistas y afines corporativistas, transitan por el filo del crimen organizado.

“Pocas veces, quizás nunca, un gobierno latinoamericano ha logrado concitar en su contra tanto repudio internacional como el de Nicolás Maduro”, apunta Fernando Mires, en su artículo “Venezuela y el Mundo”. Y las razones sobran según las definiciones sobre los necios, amén de muertes por represión violenta en las calles, torturas en cárceles y sitios clandestinos, desintegración social, bancarrota extractiva, hiperinflación galopante, escases de medicinas y una migración que ya ronda más de tres millones de personas por motivos económicos y políticos. Hambre y carencia de alimentos, que hoy se levantan contra Maduro hasta en áreas tradicionalmente chavistas, en Caracas. Esa gente dice que “está cansada de pasar hambre”. (El País, Madrid11.02.2019)

Desde el 23 de enero de 2019, la Asamblea Nacional, busca reafirmar el poder logrado en las urnas en torno a la figura de Juan Guaidó, joven dirigente de Voluntad Popular, partido de Leopoldo López, tras la abrumadora victoria de la oposición en las últimas elecciones legislativas, en 2015. Guaidó tomó juramento hace dos semanas como presidente interino y ha logrado algo que la oposición había perdido y que el chavismo hace tiempo que no genera: “esperanza”, apunta otra edición del periódico español.

Pero en Venezuela hay dos presidentes. El otro es el dictador militarista Maduro.

Sería un error gravísimo no distinguir entre quienes están a favor de un cambio democrático en Venezuela con Juan Guaidó, presidente legítimo del Parlamento frente al írrito Maduro, y quienes a título de “no intervención en asuntos internos de otros países”, le dan oxígeno al tirano. Esta es una lucha entre demócratas y dictadores, y no una lucha entre Venezuela y Estados Unidos, que iría tras el petróleo venezolano, según sus detractores. En ese bando están Cuba, Rusia, China, Irán y los populistas gobiernos autoritarios de Europa.

Son muchos más los que apoyan a los demócratas venezolanos que los que están en contra, o se escudan en “neutralidad”. Apoyan a Guaidó, los 14 países del Grupo de Lima, un amplio sector liderado por EEUU, Canadá, Australia e Israel, entre otros, y las democracias liberales de la Unión Europea.

El “Mecanismo de Montevideo” impulsado por Uruguay, Bolivia y los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) -todos reciben subvención del petróleo venezolano- además de México, son los neutrales que pretenden establecer un proceso de diálogo sin condiciones previas. El canciller uruguayo, Nim Novoa, afirmó que un borrador inicial de la declaración del grupo incluía cuatro puntos: liberación de los presos políticos, observación internacional independiente, eliminación de obstáculos para la participación libre e igualitaria de todos los partidos y la reorganización del Consejo Nacional Electoral. Uruguay los rechazó. También México y Bolivia. Confesión sin anestesia de que los necios están con el tirano.

En tanto, la izquierda democrática y demócratas a secas, seguiremos luchando por multiplicar panes, peces y esperanzas para Venezuela.

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