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¿Se repite la historia?

Marcelo Ostria Trigo

Esta pregunta de Arnold Toynbee en su libro “La civilización puesta a prueba”, despierta discrepancias. Son más los que lo niegan, que se repitan los hechos del pasado, mientras otros afirman que sí, es posible, pero no fatalmente. Sin embargo, con variantes, pueden darse similitudes.

El 17 de abril de 1960, una brigada de 1.400 cubanos exiliados, equipada por el gobierno de Estados Unidos, desembarcó en Playa Girón de Bahía Cochinos, Cuba, con el propósito de derrocar al gobierno comunista de Fidel Castro. El régimen movilizó 20.000 efectivos para enfrentar la invasión. La brigada invasora fue vencida al no recibir el prometido apoyo aéreo estadounidense y sus efectivos fueron hechos prisioneros dejando más de un centenar de muertos. Luego de negociaciones de Estados Unidos, los combatientes anticastristas fueron liberados y en Miami el presidente Kennedy les dijo: “Les aseguro que esta bandera regresará a la Brigada en una Habana libre”, pero “la ilusión no conmovió a los combatientes, que hasta el día de hoy se sienten traicionados por el ex presidente demócrata asesinado en 1963” (Infobae, 17.11.2018).

Realmente hay similitudes que inquietan. No hay duda que Nicolás Maduro y sus seguidores están resueltos a no dejar el gobierno y, para ello, no dudan en reprimir a sus opositores, encarcelando y matando a los que protestan en las calles de las ciudades venezolanas. Todo indica que la satrapía solo será derribada por la fuerza, ya sea por una rebelión militar interna o una intervención desde fuera, para restaurar la democracia en Venezuela y detener la continua violación de los derechos humanos. Todo esto agravado por una crisis generalizada.

El aliento exterior para forzar la salida del gobierno chavista, provino especialmente del gobierno de Estados Unidos. Luego, más de medio centenar de países reconocieron al presidente encargado Juan Guaidó, exigiendo un cambio, unos decididamente y otros cautelosos. Por su parte, el Grupo de Lima, condenó al régimen de Maduro, pero se opuso a la posibilidad del uso de la fuerza para derrocar al tirano.

Es cierto que los personeros y el propio presidente de Estados Unidos, persisten en el afán de derribar al gobierno ilegítimo de Maduro (“Ninguna opción está descartada”, dicen) Esa actitud, seguramente animó a miles de venezolanos a manifestarse resueltamente en las calles de las ciudades de Venezuela demandando, no solamente que ingrese la ayuda humanitaria reunida en las fronteras con Brasil y Colombia, que alivie sus penurias, sino también la salida del opresor.

Ahora, ante la demora en la resolución de la situación, se teme que se repita el abandono de Washington a los opositores, como sucedió con los combatientes cubanos en Playa Girón. Juegos de la política y la diplomacia, aunque sería una nueva y enorme decepción.

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