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Auge y caída del socialismo del siglo XXI (1)

José Rafael Vilar

El autor publicó recientemente un libro con este título. En Gobernanza les ofreceremos por partes el capítulo “¿Por qué fracasó la Revolución Bolivariana y su Socialismo del siglo 21?”, siendo ésta la primera entrega. «El socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero… de los demás.» Margaret Thatcher, primer ministro británica (1925 – 2013).] Bajo las banderas de la justicia social y la redistribución de la riqueza, el Socialismo del siglo 21 —viabilizado gracias a los petrodólares venezolanos— logró dos hitos: se expandió por gran parte de Latinoamérica —y coartó a los gobiernos que no le comulgaban, estimulando su miedo a los conflictos sociales y el asilamiento regional— y resucitó la importancia de las figuras de Fidel Castro Ruz y su Revolución, aunque ahora más en calidad de mito primigenio que de actor. Las vacas flacas no es sólo un precepto de la Biblia Pero, como en la Revolución Cubana, la Revolución Bolivariana fue un ciclo políticamente exitoso —más allá de consideraciones democráticas— que no supo correlacionarlo con el económico. El flujo muy amplio de ingresos fiscales consecuencia de las exportaciones se utilizó para redistribuirlo entre los menos favorecidos, reduciendo las brechas sociales y las cifras de los pobres moderados y extremos —en categoría de miseria—, algo exitoso y loado. Pero, en contraposición –y sin contar la corrupción roja rojita–, no se invirtieron recursos en hacer sostenible la economía, desarrollándola para poder hacer permanente la verdadera revolución: la de crear una importante clase media emergente que aseguraría entonces, a su vez y con sus propios consumos, la movilidad económica de sus países. Cuando el flujo extraordinario —excedentario respecto a los habituales— de ingresos del Big Push se detuvo —principalmente por la contracción del crecimiento económico en China y por la exponencial caída de los precios de los hidrocarburos por la fracasada apuesta saudí para sacar a sus competidores (incluidos los del fracking en los EEUU)—, una gran parte de las economías latinoamericanas sintieron rápidos problemas pero donde más se ha sentido esto ha sido en los países gobernados por izquierdas neopopulistas: Venezuela, Argentina y Brasil, abruptamente, pero también en Ecuador —salvándose Bolivia hasta ahora gracias a recursos acumulados pero, con mucho, por generosos créditos chinos—, combinándose la tormenta perfecta: menores ingresos que conllevan, en el mejor de los casos, reducción significativa del crecimiento —y decrecimiento en general— junto con inflación creciente y, como consecuencia pero paralelo, progresiva reducción de la masa laboral. Ésta sería, per se, una situación muy complicada, pero a eso se ha sumado mucha corrupción —algo realmente generalizado en alto grado en Venezuela y Brasil y, en leve menor grado, en Argentina pero también omnipresente en los demás—, la cooptación —variable en grado pero significativa en todos, Brasil el menos penetrado— de los Poderes del Estado y la captación —activa o pasiva— de la prensa y, por ende, la manipulación más o menos abierta de la opinión pública. Todo esto ha llevado a una crisis generalizada de la gobernabilidad —acentuada en Venezuela y Brasil— y a inequívocas señales de cambios profundos para rectificar esas situaciones, lo que ya sucedió en Argentina y Brasil; Venezuela a las puertas de ellos pero detenido por una mafia narcopolítica urgida de mantenerse en el poder para evitar la justicia; Ecuador abandonando lo peor de la herencia correísta y explorando –quizás aún tímidamente– los cambios necesarios, mientras Bolivia se enfrenta a un cada vez más necesario –pero asaz imposible– cambio de liderazgo –incluso dentro del mismo proceso– y Cuba se debate entre los que preconizan qué cambiar —para mantener parte del actual sistema, un ejemplo fehaciente de gattopardismo— o no cambiar nada —abanderados en la figura de su difunto líder—, esto so peligro de hundirse definitvamente. La combinación de todos estos elementos —unido a un creciente sentimiento ciudadano de condena y castigo a la corrupción—, ha sido el detonante de la rápida modificación del escenario político latinoamericano. ¿Será permanente? Hoy no podría afirmar hacia dónde se moverá Latinoamérica en los próximos 5 años, pero lo que no me queda duda es de que, por esta vez, no será el regreso del populismo desenfrenado —ni tampoco de los sobreingresos. Es la hora de ajustar el cinturón y podar los árboles frondosos y nefastos de la corrupción y el continuismo.

Figura 1. Latinoamérica ideológica al final de 2016 Fuente: Elaboración propia.  Para ello, cierro con la explicación que da el político intelectual mexicano Jorge Castañeda Gutman sobre los aprendizajes de este período: «[…] los partidos de izquierda volverán a ganar. Para cuando llegue ese día, la izquierda del mañana debe aprender [que] ahorrar dinero para los malos tiempos no solo es un precepto bíblico. Si la izquierda está en el poder cuando venga el próximo auge en el mercado de las materias primas, es necesario que los gobiernos tomen medidas preventivas para el futuro. […] Lo mejor que ha podido pasarle a América Latina en estas épocas ha sido el clamor de integridad en el gobierno. La próxima vez, la izquierda debería retomar esta bandera en lugar de descuidarla.»[i] Los «pecados no originales» de los gobiernos del socialismo del siglo 21 Tras el éxito inicial—gracias con mucho al Big Push—, los gobiernos del socialismo del siglo 21 —Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador—[ii] y sus confluentes —Argentina, Brasil, en menor medida El Salvador y aun menos[iii] Uruguay— fueron repitiendo una serie de características que, si bien no son exclusivas del socialismo del siglo 21 y aunque no son las únicas características que los distinguen, sí le son inherentes a todos y los caracterizan:[iv]

  1. El marketing del éxito:
    1. Relato del éxito.
    2. Los mitos y la posverdad.
    3. Reescribir la historia.
    4. El enemigo principal.
    5. Lo “políticamente correcto”.
    6. La denostación: “gusanos”, “siquitrillados”, “escuálidos”.
    7. Uso abusivo de medios masivos de comunicación.
    8. Histrionismo populista.
    9. El discurso agresivo y el síndrome del agredido.
  2. La economía disfuncional.
    1. La “economía ideológica”.
    2. La “enfermedad holandesa”.
    3. La burocratización.
  3. Finis Justificat Media.
    1. Cooptación de poderes.
    2. Judicialización de la política.
    3. Eliminación de la oposición.
    4. Electoralismo sin democracia.
    5. Eternización en el poder: El Síndrome de Hubris.

1. El marketing del éxito

1. a. El relato del éxito o el éxito del relato

«Wenn man eine großeLügeerzählt und sie oft genug wiederholt, dann werden die Leute sie am Ende glauben. […]Die Wahrheit ist der Todfeind der Lüge, und daher ist die Wahrheit der größte Feind des Staates.»

«Si dice una gran mentira y la repite a menudo lo suficiente, al final la gente va a creer que es verdad. […] La verdad es el enemigo mortal de la mentira. Y por eso, la verdad es el mayor enemigo del Estado.»

[Traducción libre propia. Atribuido a Paul Joseph Goebbels, Reichsminister für Volksaufklärung und Propaganda[v] de la Alemania nazi.]

Un éxito —reducción de los índices de pobreza— puede convertirse en un inmejorable relato de éxito si, más allá de lo circunstancial se lo convierte en trascendental, el resultado se desvincula de factores externos —por ejemplo, los sobreingresos de la Década Maravillosa—, se considera fundacional u originario —“nada se hizo antes”— y, más aún, después —aunque no se avance más o se revierta— se repite incansable, incuestionable e incontrastablemente: así, el relato del éxito crea el mito.

Un movimiento que se precie de transformador y revolucionario —han hecho gala de ello todos los gobiernos del socialismo del siglo 21, llegados a gobernar democráticamente los más[vi] o creando (o recreando) su “propia democracia”— necesita “rendir cuentas de su éxito”: demostrar a quienes lo apoyan su efectividad y la justeza de ser sus seguidores, a la vez que también le permitirá conseguir más adhesiones. Ésa es su justificación: Al no tener historia —por haber renegado de la antecedente y, en el común de los casos, referirse a pretéritas—,[vii] la necesidad del referente histórico no cercano en el tiempo le aporta legalidad y crea sentido del discurso.

Desde que Fidel Castro Ruz —a través de la entrevista de Matthews para The New York Times en 1957— lograra posicionar en el imaginario colectivo la seguridad de su triunfo sobre la dictadura batistiana dos años antes de lograrlo y estando en muy precaria situación, los relatos del éxito han basado todos los discursos de los gobiernos seguidores del socialismo del siglo 21. La producción de mitos Los mitos existen más allá de la realidad porque son producto de nuestras imaginaciones que, a su vez, se alimentan de nuestras más acendradas expectativas. Un mito no tiene por qué tener un asidero en la realidad real: basta que viva en nuestra realidad esperada. Incluso puede necesitar muy poco de realidad o estar en su antípoda para ser un mito. Como describí en el acápite anterior, si un relato de éxito —o una consigna: Socialismo o Muerte,o una etiqueta: Che, el Hombre Nuevo— se repiten una y mil veces —incansablemente— sin dudar de ellos —no se les cuestiona— ni, menos aun, se les analizan —son, y serán, incontrastables—, tendremos como resultado un mito, una bandera, algo que moverá multitudes.[viii]

Socialismo o Muerte es el mantra bolivariano, herencia del Patria o Muerte de la Revolución Cubana, donde el concepto de Patria —que involucraba defender el “espacio nuestro, nuestra casa vital”[ix] del Enemigo principal (otro mantra del fenómeno político) pero sin involucrar el de “espacio vital, espacio necesario”—[x] se sustituye por la ideología Socialismo.

Lo mismo sucede con Che, el Hombre Nuevo —o el Guerrillero Heroico—, que permiten a la izquierda y amplios sectores de la juventud desde fines de los años 60 tener un mito como ícono. Es interesante —por paradójico— como el establishment de la Revolución Cubana logró apropiarse de ese ícono mítico cuando, por un lado, Guevara de la Serna llegó a ser incómodo —cuando no peligroso por su popularidad y por su alineamiento con el maoísmo— para ese mismo establishment y, por otro, fue el promotor de las desastrosas medidas que llevarían a la denominada “Ofensiva Revolucionaria”[xi] de 1968 en Cuba y provocarían el primer colapso de su economía tras el triunfo de la Revolución. Interesante es comprender que ese mismo establishment promovió y se apropió del mito a pesar de haberlo abandonado estratégicamente.[xii]

1.b. La posverdad Una de las herramientas más efectivas de mitificación y tergiversación en estos tiempos de hiperconectividad y redes sociales es la posverdad. «Posverdad[xiii]es unneologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelaropinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que lasapelaciones a las emocionesy a las creencias personales.Encultura política, se denominapolítica de la posverdad(opolítica posfactual)a aquella en el que el debate seenmarcaen apelaciones a emociones desconectándose de los detalles de lapolítica públicay por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas —los hechos— son ignoradas. […] Se resume como la idea en “el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad”.» [Wikipedia, Posverdad.] Cumpliendo la predicción que a mediados de 2016 hiciera Casper Grathwohl,[xiv]Presidente de Oxford Dictionaries, posverdad fue la Palabra del Año 2016 para el Diccionario Oxford,[xv] porque pasó de ser un término periférico en los comentarios políticos en la pasada década a ser el principal y ello gracias al Brexit y —aún más— la campaña de Donald J. Trump, lo que le permitió al término crecer 2.000% respecto de 2015. La definición que ofrece este diccionario[xvi] es esclarecedora:

«En relación con o denota circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y la creencia personal:

‘En esta era de la política posverdad, es fácil recoger datos y llegar a cualquier conclusión que desee’ ‘Algunos comentaristas han observado que estamos viviendo en una era posverdad’»[xvii]

[Oxford Dictionaries. “Definition of post-truth.”]

La posverdad toma carta de ciudadanía, en su sentido de falseamiento de la verdad, en 1992 dentro del artículo-ensayo “The Watergate Syndrome: A Government of Lies” del dramaturgo serbioestadounidense Steve Tesich[xviii] publicado en The Nation (06/01/1992). Refiriéndose al escándalo Irán-contras y la Guerra del Golfo Pérsico y a la manipulación de la información —que contrapone con el caso Watergate, cuando la verdad prevaleció sobre los intentos de tergiversarla—, Tesich señalaba «que nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en un mundo posverdad»[xix]en el que «estas verdades ya no serían evidentes en absoluto».[xx] La posverdad, al apelar a las emociones en la formación de la opinión pública, sobreponiendo la creencia personal —muchas veces limitada y que no reclama confrontación ni espera constatación— a los “hechos objetivos”, produce una interpretación de la realidad, una verdad a medias o, en definitiva, una invención pero nunca una verdad. Es en ese momento que, utilizada adecuada y eficientemente, la posverdad se convierte en un arma de lucha inmejorable —e irrebatible. Posverdad y medios de comunicación Sin dudas, los medios de comunicación han contribuido definitoriamente al aumento de la percepción de la posverdad dentro de su dinámica de reposicionamiento ante la pérdida continua de confianza —a veces justificada, otras no— de la opinión pública, lo que conlleva a la caída —“libre” en muchos casos— de sus lectorías y ratings. Esto ha llevado a soluciones muchas veces arriesgadas que, al combinarse con otros factores, han devenido en un “cóctel muy explosivo”: La reducción de su posicionamiento dentro de la opinión pública ha conllevado una consecuente reducción de su penetración comercial: sus ingresos disminuyen por la menor penetración y, adicionalmente, como consecuencia de esa reducción disminuye la inversión de publicidad que reciben —que, a fin de cuentas, en el caso de periódicos y revistas es la principal fuente de ingresos y en medios audiovisuales la única— y los impele a priorizar el infoentretenimiento sobre la información analizada.[xxi] Las soluciones que frente a esta situación ha tomado la generalidad de los medios han sido dos:

      1. Reducir personal cualificado —y de sustituirlo, muchas veces hacerlo por otro de menor cualificación y, por ende, menor remuneración—, lo que conlleva una pérdida de calidad informativa e investigativa —el denominado «MacPeriodismo» en analogía con las hamburguesas McDonald’s—, aunque puede servir para entrar en un público menos exigente.
      2. “Asfixiar” espacios controversiales y reducir la investigación, priorizando muchas veces el “empaque” —packaging— sobre el contenido.

A su vez, la necesidad de ser «medios 24/7»[xxii] en un entorno donde hay superabundancia de “información” los ha obligado a que la inmediatez prime sobre lo definitorio. Y esa misma perentoriedad —de la que obviaré incluir lo tendencioso asumido— les impide rectificar o, en el mejor y casi excepcional de los casos, hacerlo de forma adecuada. Súmele a esto, el desempeño de los medios oficiales, creando su «verdad alternativa». Ejemplo de esto, en la edición digital de Correo del Orinoco[xxiii] apareció una declaración del presidente Maduro Moros: «Maduro indicó que el 6 de diciembre fue un día triste para la historia del país, pero afirmó que el pueblo ha despertado y ha adquirido la madurez y valores necesarios para enfrentar la batalla de resistencia dura»[xxiv] dando a entender que: a) los electores venezolanos erraron votando mayoritariamente por la oposición a la Asamblea Nacional, b) el pueblo venezolano lo apoya a él —“obviando” todas las protestas— y c) ¿qué es la “resistencia dura” que menciona? Otro ejemplo muy claro de posverdad bolivariana sería en El Telégrafo —propiedad del Estado en Ecuador— cuando, bajo el gobierno de Correa Delgado, daba relevancia de la corrupción en el país —caso Odebrecht— vinculándola hacia sectores de la oposición —obviando que, según el Departamento de justicia de los EEUU, el denunciado escándalo de los sobornos por más de 35,5 millones de dólares a “funcionarios del Gobierno” ecuatoriano abarca 2007 a 2016,[xxv] “casualmente” coincidente con toda la administración de Correa Delgado— y asociándolos con el candidato opositor Guillermo Lasso Mendoza,[xxvi] obviando también las implicaciones denunciadas de sobornos de la misma empresa con la actual administración y “olvidando” los escándalos de Petroecuador y la Refinería Esmeraldas[xxvii] y otros de malversación,[xxviii] coimas y peculado,[xxix] lo que fue muy útil a la campaña oficialista del candidato –ganador en ballotage por estrecho margen: 2,32%– Lenín Moreno Garcés y, a su vez, burlándose del eslogan “Prohibido olvidar” que era muy recurrido por el aún presidente Correa Delgado. Los políticos Los políticos, en todas latitudes, están en el mismo dilema que los mass media: profusión de competencia —no importa de qué tipo y nivel—, mayor escrutinio público —tampoco incide la profundidad mediática— y necesidad de inmediatez vertiginosa de reacción. La solución se encuentra en tres recetas muy simples:

  1. Lograr mayor impacto en detrimento de profundidad.
  2. Brindar mensajes cada vez más drásticos, preferiblemente confrontacionales.
  3. Estar siempre visibilizados, no importa cómo.

Redes sociales En las redes sociales, cualquier información puede expandirse inmediata e irrestrictamente cuando un usuario produce o replica una información, ya sea a sus contactos —su red— o públicamente. Esta expansión tendrá dos “motores”: la primera, cuando el primer usuario y los replicadores se convierten en verdaderas “cámaras de eco” —donde lo transmitido se amplifica dentro de un sistema “cerrado” o de afinidades que descarta o censura otras visiones alternas—, donde las visiones diferentes o competidoras se censuran, se prohíben o se representan minoritariamente; la segunda, cuando un usuario —intencionadamente o no— activa un filtro —o el sitio visitado, mediante un algoritmo propio, ya ha reconocido y registrado sus posibles preferencias—[xxx] y “predice” qué le interesaría a ese usuario, ofreciéndole los resultados de una selección “apropiada” para sus intereses y/o características, resultando, por una parte, en la simplificación de la búsqueda pero, por otra, en una reducción del acceso a información —y consecuente anulación de la comparación y confrontación— porque ese usuario no accederá a información que no coincida con sus previos puntos de vista y/o intereses, conformando “burbujas” —guetos de confort, asumidos— propias de ese usuario, donde predomina un único punto de vista político ideológico sin confrontación. Con estos guetos de confort —un apartheid autoimpuesto pero muchas veces provocado por técnicas de microtargetings—, las redes sociales han sido más efectivas en homogenizar ideas —dentro de esas células de afinidad excluyentes— que lo que pudo lograr la estandarización impuesta por la Inquisición o los “pensamiento único” del marxismoleninismo y el fascismo —dos caras del totalitarismo. Paralelo a los guetos de confort y consecuencia de ellos, se genera un “ecosistema mediático paralelo” —sitios web, editoriales y canales informativos, incluso salas de chat— que terminan repitiendo conclusiones u opiniones sin constatación ni opción a la refutación. El grave peligro que ello concita no está sólo en el grupo cerrado que “nutre” si no, mucho más, en las repeticiones que los mass media presuntamente serios y formadores de opinión pública hagan de ellos —muchas veces por la “necesidad de no quedarse atrás” o por la falta de estructuras de constatación, ambos elementos ya analizados poco antes— y provoque que campañas negativas muy intencionadas y basadas en técnicas de posverdad[xxxi] evadan los —presuntos— controles de veracidad de los hechos o que éstos sean desestimados atribuyéndoles su motivación por prejuicios, en un habitual empleo aberrado de la “corrección política”. La confluencia de estos componentes —medios , políticos y Redes sociales— tiende a crear una «sociedad de la posverdad» y su consecuente «política de la posverdad», a los que se adicionan: en los mass media la repetición sin verificación —por las razones de economía y competencia— de las “primicias” y noticias de otros medios;[xxxii]el “bombardeo” de información —que incluye su sobrecarga y aceleración— que conduce a una feroz economía de la atención de los usuarios y una consecuente discriminación —a veces arbitraria pero muchas otras selectiva— de ese boom informativo; la proliferación de “expertos” u “opinadores autorizados”, en muchas ocasiones reiterados en distintos medios y ocasiones por la inmediatez de su acceso o afinidad con las posiciones del medio —la pluralidad no es bien recibida en lo común—; el aluvión de contenido generado por usuarios de las redes sociales que, en el mejor de los propósitos, dificulta y, en el peor, descarta distinguir entre verdad o mentirarealidad o fantasíarumor —inocente o falto de intencionalidad a veces— o buloprecisión o inexactitud. No menos importante es la incidencia de la “corrección política”: el miedo a ser tildados de “incorrectos” tiene varios efectos negativos:

  1. Les lleva a evitar manifestar críticas justas a actuaciones de minorías —de cualquier tipo— por temor a ser tildados de “discriminadores”, cercenando la capacidad de ponderar hechos.
  2. Les inhibe de tocar temas peliagudos o conflictivos por la misma aprensión, lo que cercena su esfera de contenidos.
  3. Por el contrario del caso anterior, se sienten impelidos —conminados a veces— a tocar temas de interés exclusivo para un sector o minoría y hacerlo sin mirada crítica, lo que los hace peleles.
  4. Por último, puede llevarlos a inhibirse de analizar campañas políticas y sociales y sus candidaturas so temor de falta de imparcialidad —o se convierten claramente en promotores de una de esas candidaturas.

En la nueva «política de la posverdad», la discusión de ideas tiende a convertirse en «un espectáculo estrechamente controlado, gestionado por equipos rivales de profesionales expertos en técnicas de persuasión»,[xxxiii] “industria publicitaria” a la que Colin Crouch culpa de la crisis de confianza y honestidad que han identificado esta forma de hacer política. La incapacidad de discutir otras ideas, de confrontar los “hechos”, de evaluar argumentos que les contradicen, de evitar atribuir presuntas “conspiraciones” y “enemigos principales”, sólo apartan de la realidad a lo que aceptan la posverdad —un grupo creciente— como definitoria y, por ende, esas posverdades se convierten en temas de noticias importantes e influenciadoras. En resumen, la posverdad podría considerarse como una inequívoca rebelión al sentido común cuando hechos no creíbles que pasaran—el Brexit, el triunfo del No en Colombia o el de Donald Trump— y a los que las encuestas descartaban, simplemente sí sucedieron, a lo que complementa el filósofo británico A.C. Grayling[xxxiv] cuando, en una entrevista con la BBC,[xxxv] advirtió que «el problema es una cultura online incapaz de distinguir entre realidad y ficción». Así mismo, el más grave peligro que nos ofrece la posverdad es su aceptación acrítica y su consecuente penetración indiscriminada. Ya advirtió San Pablo cuando dijo «la lengua es fuego»…[xxxvi] 1.c. Reescribir la historia No hay verdad más cierta que la historia la escriben los vencedores, una frase atribuida a Orwell. Y la historia de Latinoamérica cada vez se ha reescrito al son de nuevas épocas. Monarquismo, anglofilia, indigenismo, francofilia, entre muchas “filias” e “ismos” ha transcurrido la historia de la Región. Pero en los países del siglo 21 se ha dado un fenómeno de reescritura novedoso: saltando hasta los próceres independentistas en la mayoría de los casos —Venezuela, Cuba—, incluso a los “olvidados” —Argentina— o a los imperios indígenas —Bolivia—[xxxvii] e idealizándolos más allá de la realidad que vivieron o, incluso, falseándolos, se ha hecho profesión de fe de negar el resto de la historia y convertir en originarios sus regímenes. Así, sin antecedentes cercanos, las loas son para quienes reescriben la historia. En Uruguay —país con tradición democrática y un alto nivel educativo— se dieron dos fenómenos concatenados de flagrante tergiversación histórica y ambos desde textos “para estudiar la historia”. En el primero, tres autores uruguayos —Silvana Pera, Pablo Langone y Leonor Berna— escribieron una Historia económica y social del Uruguay 1870-2000 dirigida a la educación y publicada por Ediciones Santillana[xxxviii] —una editorial española dedicada a libros de textos en toda Latinoamérica— donde, desde posiciones militantes de izquierda, se hace una crítica de todo lo que significó o pudo significar el capitalismo y se descalifica a los gobiernos democráticos posteriores a la dictadura hasta 2000,[xxxix] «cuya condición de democráticos está en tela de juicio»,[xl] lo que serviría implícitamente para destacar las bondades de la izquierda gobernando con el Frente Amplio a partir de 2005. El otro, sólo de Silvana Pera y también dirigido la educación de sexto grado de primaria, Uy-siglo XX,[xli] donde compara la sociedad de los Pitufos con la comunista y aprovecha para declarar que la Unión Soviética era una «democracia directa», obviando, caro está, todo lo represivo —y sus millones de muertos— y hambreador que fue el período soviético. Si eso pasó en Uruguay, que a su tradición civilista une que sus tres gobiernos frenteamplistas[xlii] han sido moderados —el período de Mujica Cordano menos pero sin llegar a ser militantemente socialista del siglo 21, aunque algunas facciones lo quisieron—, ¿qué queda para el resto?   «Vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas “líneas de partido”. […] A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia. […] Sin embargo, es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra,[xliii] se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad.» [George Orwell, Homage to Catalonia.] 1.d. “Descubriendo” el enemigo principal La definición de cuál será el Enemigo principal —realmente los Enemigos principales: en lo externo y en lo interno— es fundamental para que el movimiento afín al socialismo del siglo 21 que ejerza el Poder pueda posicionar un Discurso recurrible que sea creíble y aceptable. El Enemigo principal externo es muy fácil de posicionar: denomínesele “imperialismo yankee”, “Imperio del Norte” o “los gringos”,[xliv] siempre será identificado con los EEUU y su política hacia Latinoamérica.[xlv] ¿Por qué los EEUU es siempre el Enemigo principal? Una aproximación lejana podría ser cómo fueron las colonizaciones —las ibéricas (por España y por Portugal) desde el siglo 16, la anglosajona desde el 17 (la neerlandesa un poco antes, la francesa un poco después)—, aunque las interacciones, en lo que respecta a la región de Norteamérica, fueron leves; otra puede basarse en cómo ambas colonizaciones —tomo las ibéricas como un todo, y puedo sumarle las francesas (Haití y los demás territorios del azúcar)— entendieron su riqueza: en Latinoamérica, riqueza fácil, básicamente extractiva, aprovechamiento de las estructuras sociales anteriores, mientras en Norteamérica agricultura de subsistencia y sustitución —eliminación, en realidad— de los vestigios de estructuras sociales autóctonas, mucho menos institucionalizadas que en el Sur; también pudieran influenciar los procesos de independencia y su consolidación nacional —básicamente democrático, fundacional y ampliador en los nuevos EEUU, mientras en Latinoamérica fue caudillista, autárquico y disgregador–; además, la Guerra Fría y la lucha contra el comunismo —que a veces levantó fantasmas donde no los había y que, al final, desarrolló las dictaduras del Plan Cóndor—; incluso la dicotomía de exitismo y fracaso —por las causas que fueran. Mucho también ha sido por la visión asaz de Gran Hermano —no siempre positiva desde su origen— de los EEUU hacia las repúblicas de “su” Sur, que fue utilitaria —explotadora como parangonó la United Fruit Company[xlvi] en Centroamérica y parte de El Caribe—, desafortunadamente intervencionista —en México,[xlvii] Nicaragua,[xlviii] Puerto Rico,[xlix] Cuba,[l] Panamá,[li] República Dominicana,[lii] Haití,[liii]Honduras,[liv] Guatemala[lv] y Grenada,[lvi] entre otros— y de apoyo a dictaduras, bajo argumentos de defender “la democracia”, “la paz y estabilidad sociales” —muchas veces interesados—, los “intereses de los ciudadanos norteamericanos” o “combatir el comunismo”.   La tan mentada Doctrina Monroe de 1823 es —junto con la del Destino Manifiesto de 1845 que desgajó México— la justificación argumentativa de la antipatía del sur de Río Bravo contra lo estadounidense. Sin embargo, esta doctrina —que ya mencionamos— tuvo su origen de defensa de lo americano —entonces aún no había la etiqueta gentilicia de latinoamericanos—[lvii] frente a las amenazas resurgidas tras la derrota napoleónica y promovidas por la Santa Alianza de recuperar las colonias de este lado del Atlántico para sus antiguas metrópolis —u otras europeas nuevas. Que «América para los americanos» haya sido entendido después por muchos gobernantes estadounidenses —Theodore Bulloch Roosevelt [1901-1909] fue el epítome—[lviii] como «América para los norteamericanos» permite entender esa animadversión, difícil de recomponer porque tras el reformismo del asesinado presidente John Fitzgerald Kennedy [1961-1963] y su Alianza para el Progreso vino la Operación Cóndor, la contrainsurgencia en El Salvador y el escándalo Irán-contras. Alliance for Progress fue el programa de ayuda económica, política y social de los EEUU para Latinoamérica diseñado por la administración Kennedy para aplicarse entre 1961 y 1970 con una inversión de 20 mil millones de dólares —159,72 mil millones al cambio actual (PPA). El Programa incluía importantes medidas de carácter social —reforma agraria (para mejorar la productividad agrícola), mejora de las condiciones sanitarias (para elevar la expectativa de vida), mejora en el acceso a la educación (incluyendo la erradicación del analfabetismo), acceso a la vivienda—, política —defensa de sistemas democráticos y el principio de autodeterminación de los pueblos— y económica —libre comercio entre los países latinoamericanos, limitación de la inflación, mejora de la balanza de pagos, modernización de la infraestructura de comunicaciones, reforma de los sistemas de impuestos, precios estables dentro del control de la inflación y cooperación monetaria. Para garantizar estos objetivos, los EEUU cooperarían en aspectos técnicos y financieros. Cuba, a través de su representante Che Guevara, se opuso a firmar el acuerdo final.

  1. Castañeda Gutman, Jorge: “La muerte de la izquierda latinoamericana.” The New York Times, 29.03.2016.
  2. Excluyo de esta relación a varios países de la ALBA-TCP: Antigua and Barbuda, Dominica, Grenada, Saint Kitts and Nevis, Saint Lucia y Saint Vincent and the Grenadines, porque su participación, más allá de ideologías —e, incluso, a pesar de ellas— es por factores de reales intereses geopolíticos y económicos.
  3. Debido esto a la acendrada tradición democrática charrúa y al equilibrio de tendencias ideológicas —incluso dentro de la multidiversa coalición gobernante Frente Amplio, los seguidores del socialismo del siglo 21 son minoría aunque bulliciosa y activa.
  4. Es interesante cómo se repiten todas ellas desde su “debut” en la Revolución Cubana.
  5. Ministro del Reich (nazi) para la Instrucción Pública y Propaganda.
  6.  Al menos así elegidos la primera vez —o en el regreso para la segunda, como Ortega Saavedra— antes de empezar la cantinela de relecciones, vía “interpretaciones” o “reformas” de sus propias constituciones aprobadas, como en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia —para Cuba es implícito, Fernández Wilhelm de Kirchner fracasó en el intento en Argentina y ni el Partido dos Trabalhadores en Brasil ni el Frente Amplio en Uruguay lo intentaron.
  7. Como ejemplos de lo dicho, los parangones del chavismo han estado en el Libertador Bolívar —Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco—, las guerras de independencia y el Congreso Anfictiónico de Panamá —también en remembranza de las Anfictionías de la antigua Grecia—; para el sandinismo, de donde toman su nombre: Augusto Calderón Sandino —Augusto César Sandino, el «General de Hombres Libres». Para la Revolución Cubana, principalmente lo han sido José Martí y Pérez y su Partido Revolucionario Cubano —que en arriesgada elipsis “justificaría” el partido único del modelo cubano—, lo que lleva a asociar la última Guerra de Independencia del país con las guerrillas de la Sierra Maestra saltando —y negando— casi cinco décadas republicanas, a la vez que los parangones marxistaleninistas fueron desapareciendo del primer plano discursivo en la misma proporción en que desaparecían la Unión Soviética y los estados de su campo de influencia.
  8. Cómo es fácil de entender, esta “receta” no es exclusiva de la política: Está en el arte y el espectáculo, la moda y tantas otras esferas de la vida. Pero es en ideología —política y religión— donde más efecto surten y consecuencias provocan.
  9. El concepto de Der Heimat —que describe «hogar» como aquel lugar abstracto o concreto, imaginado o real donde uno se siente bien, es acogido y decide pertenecer y que le pertenezca—, asentado en nuestra raíces judeocristianas y paradójicamente poco gregario.
  10. Der Lebensraum: relación entre espacio y población, pretendidamente el espacio necesario para atender a las necesidades de un Estado.
  11. [Para conocer sobre la mencionada “Ofensiva Revolucionaria” y lo que significó —la eliminación de toda forma de emprendimiento privado, incluidos microempresariales— ver “Cuba” en el acápite “La burocratización” del Estado, Parte 2 de este artículo.
  12. Ello, además, luego de obviar lo que de aventurismo e imprevisión tuvo la guerrilla boliviana del Che y su «foquismo», así como su fracaso en las dos únicas experiencias de intento: Congo Brazzaville (1964-1965) y Bolivia (1966-1967).
  13. En lengua castellana, se recomienda utilizar posverdad en lugar de postverdad o post-verdad —ésta última traducción exacta del término en inglés post-truth. [Nota JRV.]
  14. «Dado que el uso del término no ha mostrado ningún signo de desaceleración, no me sorprendería si la posverdad se convierta en una de las palabras definitorias de nuestro tiempo» («Given that usage of the term hasn’t shown any signs of slowing down, I wouldn’t be surprised if post-truth becomes one of the defining words of our time»), citado en The Guardian, 15/11/2016.
  15. Oxford Dictionaries Word of the Year 2016. Las otras palabras seleccionadas ese año fueron: adulating (comportarse de una manera característica de un adulto responsable), alt-right (síncopa de “alternative right” —“derechos alternativos”—, agrupamiento ideológico asociado con extremos puntos de vista conservadores o reaccionarios, caracterizado por el uso de medios en línea para difundir contenido deliberadamente polémico), Brexiteer (persona a favor de que el Reino Unido salga de la Unión Europea), chatbot (síncopa de “chat” y “robot”, programa de computación diseñado para simular conversaciones con usuarios humanos en Internet), coulrophobia (en castellano: coulrofobia, fobia o miedo irracional a los payasos y a los mimos), glass cliff (en castellano: acantilado de cristal, empleada cuando una mujer o un miembro de un grupo minoritario asciende a un liderazgo en circunstancias donde el riesgo de fracaso es alto), hygge (palabra danesa que describe lo que consideran una característica definitoria de su cultura: la calidad de acogida y convivencia cómoda que genera un sentimiento de satisfacción o bienestar), Latinx (persona de origen o descendencia latinoamericana), woke (en castellano: despertó, originalmente usado informalmente por los afroamericanos —afroestadounidenses— como alerta ante injusticias en la sociedad, especialmente racismo).
  16. El de la Real Academia Española no incluye ninguna de sus grafías.
  17. «Relating to or denoting circumstances in which objective facts are less influential in shaping public opinion than appeals to emotion and personal belief: / ‘in this era of post-truth politics, it’s easy to cherry-pick data and come to whatever conclusion you desire’ / ‘some commentators have observed that we are living in a post-truth age’.» https://en.oxforddictionaries.com/definition/post-truth.
  18. Nacido Stojan Tešić.
  19. «We, as a free people, have freely decided that we want to live in some post-truth world».
  20. «These truths would no longer be self-evident at all».
  21.  Súmele a estos factores anteriores, la coacción que desde el Poder se actúa sobre la investigación y la crítica periodísticos en los países poco democráticos o pseudodemocráticos opuestos a la transparencia.
  22. Porque informan 24 horas al día durante los 7 días de la semana.
  23. Correo del Orinoco. La artillería del pensamiento. Periódico oficial venezolano.
  24. “Presidente Maduro celebra tercer aniversario del programa “Con el Mazo Dando”.” Correo del Orinoco, 08/02/2017. http://www.correodelorinoco.gob.ve/avances/presidente-maduro-celebra-tercer-aniversario-programa-con-mazo-dando/
  25. “Inversión” que, según el mismo informe, le generó al conglomerado Odebrecht ganancias por más de 116 millones de dólares.
  26. “¿Los hermanos Isaías comandan la campaña de CREO y otros aparatos mediáticos?” El Telégrafo, 09/02/2017. http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/politica/2/los-hermanos-isaias-comandan-la-campana-de-creo-y-otros-aparatos-mediaticos.
  27. Cuyo costo para repotenciarla fue fijado en 2007 en 180 millones de dólares y nueve años después terminó costando 2.200 millones, sin cumplir todas las expectativas.
  28. Condena a 8 años de prisión en ausencia contra Pedro Delgado Campaña, expresidente del Banco Central del Ecuador y primo de Correa Delgado.
  29. Condena a 5 años de presión contra Raúl Carrión Fiallos, ex ministro del Deporte, y varios de sus asesores, uno de los cuáles Fernando René Moreno Viana intentó comerse los cheques con las coimas al ser descubierto, lo que dio nombre al affaire: el Caso “Comecheques”.
  30. Para lo que se basa en información que ha obtenido acerca de ese usuario (como localización, historial de búsquedas, y elementos a los que les dio clic en el pasado), ya sea advertidamente o no a través de cookies, principalmente y que mediante algoritmos propios del sitio deciden qué debería recibir ese usuario y predeterminan lo que aparece en las redes sociales, los que también influencian en los rankings de los motores de búsqueda —o buscadores, que son sistemas informáticos que, como su nombre indica, a través de palabras clave localizan archivos cuando se pide información sobre algún tema— porque “deciden” qué preferirían los usuarios. Dos ejemplos al alcance de casi todos los usuarios son la búsqueda personalizada de Google y el hilo de noticias personalizadas de Facebook que buscan —enunciativamente— simplificar la navegación del usuario antes registrado.
  31. Como las del no nacimiento del ex presidente Obama en los EEUU o su afiliación a la religión musulmana, por ejemplarizar con dos bulos muy conocidos recientemente. Posverdades son, también, los «hechos alternativos» —eufemismo por mentiras que defiende Kellyanne Conway, la polémica y mediática asesora del presidente Trump—, los casi cuatro millones de votos de indocumentados –“ilegales”– que, según Trump, “explicarían” que Hillary Clinton haya ganado el voto popular —dejando Trump malísimamente mal parada a la confiabilidad del sistema electoral de su país—, el 45% de desempleo estadounidense actual que defiende Trump —obviando que en el momento más crítico de la Gran Depresión, durante 1932, los cálculos situaron el desempleo entre 24 y 25% de la población económicamente activa— en oposición al 4,7% informado por la Administración Obama o que los EEUU tenían su nivel más alto de crímenes en los últimos 45 años —«hay que parar la matanza ya», dijo en su discurso de posesión Trump, opuesto a mayores controles en la venta de armas de fuego— o que Trump habría sido apoyado por el Papa Francisco —el bulo tuvo un millón de compartidos en redes sociales. Y para no ejemplificar sólo con los EEUU, Mr. Trump o sus seguidores, basta recordar que los promotores del Brexit aseguraron que la salida del Reino Unido de la Unión Europea permitiría destinar al servicio británico de salud 350 millones de libras esterlinas a la semana, lo cual fue descartado absolutamente al día siguiente del triunfo por uno de los que lo profusó, Nigel Farage, líder del populista United Kingdom Independence Party (UKIP, Partido de la Independencia del Reino Unido).
  32. Un medio accede a una “información” —no importa si es un rumor o un bulo en medios virtuales y redes sociales— y difunde “su” noticia —lo que se “agrava” por el empleo que los medios masivos hacen de sus propios Websites y redes sociales como “ventanas”— y, casi inmediatamente, el resto de los medios “se alinea” con éste primero y la reproduce, sin verificarla tampoco.
  33. Crouch, C.: Post-democracy. p. 4.
  34. Anthony Clifford Grayling.
  35. Coughlan, S.: “Qué es la ‘posverdad’, el concepto que puso de moda el “estilo Trump” en Estados Unidos.”
  36. Santiago, 3:6.
  37. Por el camino muy válido de reivindicar a los pueblos indígenas, se ha ido sublimando los imperios indígenas —el incaico e incluso un tiahuanacota que es casi desconocido para historiadores y arqueólogos—, olvidando lo que el incario tuvo de dominador y explotador de otros pueblos.
  38. Berna, L., Langone, P. y Pera, S.: Historia económica y social del Uruguay 1870-2000. Santillana, Montevideo, 2015.
  39. Sólo se salva el de Batlle Ibáñez [2000-2005] por razones temporales.
  40. http://www.elpais.com.uy/opinion/editorial/pitufos-comunistas-polemica-educacion-editorial.html.
  41. Pera, S.: Uy-siglo XX. Para comprender y reflexionar sobre el Uruguay en que vivimos. Índice Grupo Editorial, Montevideo, 2016.
  42. Vázquez Rosas [2005-2010], Mujica Cordano [2010-2015] y nuevamente Vázquez Rosas [2015 a la fecha].
  43. Refiriéndose a la guerra civil española.
  44. Aunque en algunos países latinoamericanos, gringo es todo aquél que se aparte del fenotipo criollo o amerindio —europeos, estadounidenses—, incluidos criollos de tez y pelo claros.
  45. Es cierto que mucho de la leyenda negra que produce el sentimiento latinoamericano antimperialista y antiyankee —o antiyanqui— ha sido consecuencia de decisiones y actitudes de gobiernos y líderes de opinión de los EEUU, como el concepto de Destino manifiesto —Manifest Destiny— (1865) de John Rowly O’Sullivan y la Doctrina Monroe —The Monroe Doctrine— (1823) de John Quincy Adams, entonces secretario de Estado y luego el sexto presidente estadounidense, y erróneamente denominada por su antecesor James Monroe; paradójicamente, el lema de la Doctrina —«América para los americanos» («America For The Americans»)— fue formulado como una advertencia a las pretensiones colonialistas europeas en el continente —incluso, aislacionista, una manifestación ideológica importante en la tradición política de los EEUU— pero utilizado muchas veces en una concepción hegemónica, intrusionista y expansionista.
  46. La Mamita Yunai de la novela homónima de Carlos Luis Fallas Sibaja [Costa Rica, 1909-1966], subtitulada El infierno de las bananeras.
  47. 1835-1836, guerra de independencia de Texas; Guerra de 1846, que conllevó la pérdida de los actuales estados de California, Nuevo México, Arizona, Nevada y parte de Colorado y de Utah; intervención de 1911; 1914, ocupación de Veracruz.
  48. 1854, bombardeo del puerto de San Juan del Norte; 1855-1857, invasión del aventurero William Norvell Walker, autoproclamándose “presidente” —también intervino en El Salvador, Honduras y Costa Rica—; 1910, intervención en apoyo del gobierno; 1912-1933, ocupación casi continua del país; 1981-1990, apoyo a la insurgencia armada contra el gobierno sandinista, concluido tras los Acuerdos de Sapoá.
  49. Cedida a los EEUU tras la guerra de 1898, junto con otros territorios coloniales españoles —Filipinas y Guam—, además de cesar el dominio en Cuba.
  50. 1901-1934, imposición de la Enmienda Platt y arrendamiento de carboneras —la Base Naval de Guantánamo es la última de éstas— para cesar la ocupación del país tras el final de la guerra en 1899; 1906, segunda intervención tras levantamiento armado contra el gobierno y a pedido de éste; 1961, invasión de Bahía de Cochinos, patrocinada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los EEUU.
  51. 1904, imposición de condiciones de extraterritorialidad para el canal de Panamá y derecho de intervención en la primera constitución de la nueva república, que se separó de Colombia un año antes; 1908, 1918, 1925, intervenciones militares; 1989, intervención para sacar del poder al dictador Manuel Antonio Noriega Moreno, exaliado y narcotraficante.
  52. 1904, desembarco en el país para sofocar levantamiento armado contra el gobierno; 1916-1924, ocupación militar; 1965, intervención militar en el conflicto entre “lealistas” y “rebeldes constitucionalistas”.
  53. 1915-1934, ocupación del país.
  54. 1924, intervención para mediar un conflicto civil. Honduras era el primer exportador mundial de bananas, en manos de la United Fruit Company.
  55. 1954, derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz Guzmán organizado por la CIA.
  56. 1983, intervención militar tras el derrocamiento del gobierno.
  57. El concepto de una América culturalmente «latina» por oposición a otra América «anglosajona» fue creado por el político y economista francés Michel Chevalier en 1836 en su libro Lettres sur l’Amérique du Nord y fue justificativo para Napoleón III para la invasión francesa a México de 1862-1867. Las primeras menciones registradas de hispanoamericanos que empezaron a utilizar el término de América Latina —o Latinoamérica— fueron del filósofo y político chileno Francisco Bilbao Barquín en 1856 y del escritor colombiano José María Torres Caicedo en 1857; también en el mismo período fueron sus promotores el intelectual dominicano Francisco Muñoz del Monte y el político chileno Santiago Arcos Arlegui.
  58. El Corolario Roosevelt enmendó en 1904 la Doctrina Monroe al considerar a Latinoamérica —incluido El Caribe— como “territorios para expandir los intereses comerciales de los EEUU”, postulando que si un país de la Región “amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno de los EEUU estaba obligado a intervenir en los asuntos internos de ese país para reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus empresas”, lo que establecía el “derecho” para la intervención de los EEUU en cualquier lugar de Latinoamérica, todo ello dentro de la política del Gran Garrote —o Big Stick— del primer presidente Roosevelt. En 1933, la Administración Roosevelt —del presidente Franklin Delano Roosevelt [1933-1945], primo de Theodore— trató de revertir la imagen creada por este Corolario con su Política de Buena Vecindad (el llamado panamericanismo) pero, con el inicio de la Guerra Fria en 1945, las siguientes Administraciones —exceptuando el breve período Kennedy— restablecieron gran parte de la vigencia del Corolario Roosevelt, provocando la permanencia de los sentimientos antiestadounidenses, los efectos de esto último se aprecian aún hoy en día.

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