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Cualquiera, menos…

Marcelo Ostria Trigo

La mayoría de los ciudadanos no apoya al actual candidato oficial que busca una nueva reelección. Esto es lo que reflejan las encuestas, inclusive las que pretenden favorecer al partido gobernante. La mayor parte de éstas asignan al  binomio oficial solo el voto de un tercio de los ciudadanos. De esto se desprende que, en una elección limpia, una concertación opositora derrotaría al MAS. Pero lo difícil es encontrar coincidencias. Carlos Valverde, sostiene con razón que “la ‘unidad posible’ se da entre más o menos afines; es imprescindible que se entienda que juntar gente que no esté de acuerdo con el “enemigo principal” no es hacer unidad; es una estupidez política que se torna ingobernable” (El Deber. 26.05.2019)

Aun así, predominan las opiniones –la mayoría de buena fe–que se debe buscar ese acuerdo para presentar un candidato único, frente a la candidatura del Movimiento al Socialismo que pretende reelegir a Evo Morales. Y también son muchos los que piensan, y lo dicen, que prefieren a cualquiera que derrote a Evo Morales. Esto para evitar el continuismo. Pero hay algunas dificultades tanto legales como políticas.

Presentar candidatos, cuando uno de ellos ha impuesto su postulación, pese a la prohibición constitucional y a un referendo ciudadano, significaría aceptar que la ley y la opinión mayoritaria ya no cuentan; que vale más la presión oficial sobre las instituciones encargadas de reconocer la legalidad de los postulantes.

Pero en el caso de una abstención general, se pone como ejemplo la abstención electoral de los opositores venezolanos al gobierno del entonces presidente Hugo Chávez, que no consiguió cambiar nada del populismo venezolano. Es cierto que luego, la oposición de ese país logró vencer en las elecciones parlamentarias. Pero los chavistas se desquitaron con dos elecciones fraudulentas: la que dio continuidad a Maduro y, antes, la elección –también tramposa– de miembros de una ilegal Asamblea Constituyente.

Competir contra el fraude es complicado. Se ha denunciado que hay alteraciones del Padrón de electores y, a la vez, hay sumisión de las autoridades electorales al partido oficial. Se ha afirmado, con ironía, que los resultados ya están listos y que solo falta que voten  los ciudadanos. Esto en consonancia con la cínica afirmación: “No importa quién vota, sino quien cuenta los votos» (Joseph Stalin).

Por otra parte, la oposición, como es  natural, está integrada por partidos de diversa orientación política; hay socialistas, comunistas, demócratas, democristianos, liberales, disidentes del MAS, lo que hace improbable un entendimiento opositor razonable. Pero todo puede suceder en política, hasta que los polos opuestos se unan.

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