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El doble lenguaje y la doble moral

Manfredo Kempff Suárez

Uno de los problemas que tenemos los cambas y una gran parte de la oposición colla, es que no podemos relacionarnos con los dirigentes masistas por su lenguaje falso y su ética culebrera. Empezando por S.E. y hasta el último de los ministros y parlamentarios, dicen una cosa y hay que ponerse a pensar qué es lo que han deseado decir en el fondo. Su lengua dice algo y su cerebro piensa diferente. Así jamás nos vamos a poder entender porque siempre nos sentiremos estafados.

Escuchar a la señora Choque, presidenta de Tribunal Supremo Electoral afirmar, sin colorearse, que las elecciones de octubre venidero serán limpias, que el padrón electoral estará saneado, que el control y el recuento de votos será perfecto, asusta. No dice que el MAS podrá hacer campaña en actos de entrega de obras. Lo primero que piensa quien la escucha, es: ¿Qué estará elucubrando la señora? ¿Ya sabrá quién va a ser el ganador cinco meses antes?

Y eso nos sucede en mayor medida con S.E. quien sugiere ideas pero disimula. Otros tienen que interpretarlas y convertirlas en decretos o en leyes, y es en ese momento, cuando los intérpretes han hecho todo, en que los ciudadanos nos sorprendemos con qué fue lo que S.E. quiso decir. Falta ser más claro. Hay demasiada ambigüedad. No existe un mínimo de sinceridad.

El martes pasado, en Trinidad, a propósito de la IX Cumbre de Seguridad Ciudadana, el doble lenguaje y la moral sinuosa estuvieron en su auge, porque S.E. se refirió a que el Beni tiene, entre sus particularidades, el narcotráfico. Esto es algo ofensivo y que se presta a la ira. En el Beni, nadie lo niega, hay narcotráfico, aterrizan y despegan avionetas en decenas de pistas clandestinas realizando el vil negocio. Pero el Beni es solo un apéndice dentro del narco-estado en que se ha convertido Bolivia.

Porque algo honesto y correcto habría sido referirse a ese eslabón que es Beni, pero señalando en primer lugar a la Meca del narco, que es el Chapare. Si no fuera que el 90 y pico % de la coca producida allí va a la elaboración de ese narcótico, ni Beni, ni Santa Cruz, ni Cochabamba, ni ningún departamento, tendrían por qué ostentar listas de mafias de narcos ni de cárteles.

El colmo del lenguaje culebrero y de la doble moral es que quien se lamenta de que en el Beni haya tanto narcotráfico, sea justamente el presidente de las seis federaciones de productores de coca del Chapare. ¿Qué quiere decir S.E. refiriéndose al Beni? ¿Quiere distraer la mirada hacia ese departamento cuando sabemos que el meollo está en lugares como Chimoré, donde se ha construido un aeropuerto internacional en que no aterriza un vuelo comercial ni se ve a un solo turista? La pregunta es obvia: ¿No operarán avionetas en una pista de más de 3000 metros al cuidado de gente sospechosa?

Parece que S.E., tal vez porque era muy joven, no se ha enterado que su Gobierno está mucho más corrompido por la peste blanca que cuando asesinaron en Huanchaca al profesor Noel Kempff en 1986; y mucho más afectada por la plaga que antes, cuando en 1980 gobernó el general García Meza. La Bolivia de hoy está siendo conocida mundialmente como un centro productor y  distribuidor de cocaína, como un puente peligroso de tráfico de droga hacia EE.UU. y Europa, fundamentalmente.

Pero el doble lenguaje y la doble moral dice que la coca no es cocaína, que la coca sirve como alimento hasta para los niños, que es curativa, que es sagrada porque sin ella no se puede hacer ofrendas a los manes andinos. Y sin embargo crea tantos millonarios, que todo el régimen está involucrado de alguna manera en el negocio sucio, empezando por la Asamblea, la Policía y la Judicatura.

Decir cosas que no se entienden, que parecen inocentes, pero que tienen una intención perversa, es el pan de cada día. Y así funciona todo, con re-re-elección, burla al 21-F, caso Zapata, FONDIOC, falsedades en pozo Boyuy, y toda una secuela de dobles palabras que confunden y de una moral hipócrita que asusta.

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