InicioMarcelo Ostria Trigo

Historia y democracia

Marcelo Ostria Trigo

José Álvarez Junco, historiador español, en uno de sus artículos afirma: “Conocer y aceptar la historia fortalece la democracia” (*). Se refiere al “pasado alemán, manchado por el desencadenamiento de las dos guerras del siglo XX”. Se refiere luego a cómo los alemanes hicieron  que, finalmente, se abra “el baúl de los recuerdos”, creando en  Alemania Occidental una de las democracias más completas en Europa. Así, ese país se convirtió en modelo de un buen “trabajo de memoria” que permitió construir “una sociedad civil y una democracia excepcionalmente sólidas”.

Esto sugiere que por la deformación de la historia, especialmente la de caudillos y tiranos, a la larga no perdura, y cuando se la rectifica recuerda ese pasado prepotente seguido por derrotas dolorosas. Y si de historias de derrotas y caudillos prepotentes se trata, hay ejemplos vívidos en nuestro país, acosado por caudillos bárbaros que se repiten constantemente. Esto sugiere que ocultar hechos de la verdadera historia no rinde frutos; lo mismo que deformarla con propósitos políticos circunstanciales e inclinaciones ideológicas y aún  racistas.

Surge en Bolivia, sin embargo, una corriente para corregir una historia mal contada y que, con frecuencia,  oculta hechos e inconductas, lo que sugiere que lo que sucede actualmente también podría pasar en lo futuro, no mostrando miserias y tropelías. Por ello, la actitud alemana luego de la derrotas de 1945, debe ser ejemplo para una acción reparadora en favor de nuestro pueblo que merece ya transitar el camino de la legalidad y del “respeto mutuo y convergente entre la mayoría y las minorías”.

Esto se consigue respetando fielmente los elementos de la democracia: “… entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”. Es que “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla” (Carta Democrática Interamericana).

Álvarez  concluye: “…el honesto reconocimiento de todo lo ocurrido, y no sólo de lo que ennoblece nuestra imagen o refuerza nuestra posición política, y la ecuanimidad —que no es equidistancia— son las claves de bóveda para una convivencia libre; y los imperativos éticos para un historiador”.

Ver más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Botón volver arriba