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LA CANCILLERÍA EN UNOS AÑOS BRAVOS

Manfredo Kempff Suárez

Hace 40 años, en 1979, yo era el Ministro Consejero en México, cuando Bolivia transitaba por uno de sus períodos de inestabilidad política más grandes. Durante los dos escasos años que estuve desempeñándome en ese querido país, pasaron por el Palacio Quemado seis presidentes, lo que daría para escribir una novela.

Llegué a México en febrero de 1978, cuando el gobierno del Gral. Banzer estaba languideciendo por su larga permanencia en el poder y porque, además de las huelgas internas, la administración de Carter se había empeñado en que retornara la democracia en Sudamérica, casi íntegramente gobernada por militares.

Era embajador por entonces mi recordado Waldo Cerruto, un gran señor, cuando en Bolivia se produjeron las elecciones de julio de ese año de 1978, en que el Gral. Banzer alentó la candidatura de quien había sido su ministro del Interior, Juan Pereda Asbún. El Gral. Pereda ganó las elecciones, pero saltó a la vista un fraude tan grande, que el presidente Banzer se vio obligado a anular los comicios, lo que significó que Pereda y un conjunto de militares y civiles reunidos en Santa Cruz, conspirara y lo derrocara. El canciller designado por Pereda fue el prestigioso político don Ricardo Anaya, lo que era una garantía de seriedad dentro del caos creado.

En noviembre del mismo año, otra fracción de militares “institucionalistas” derrocó a Pereda y encumbró al Gral. Padilla, que no era un militar muy conocido, pero que ofreció democracia plena y elecciones libres. Estaba yo de viaje en Cancún, con todos los ministros consejeros acreditados en México, cuando mi colega suizo, que no soltaba su radio portátil, me dejó perplejo cuando me dijo: “conozco a su nuevo canciller, el señor Botelho Gozálvez”. “¿Hay nuevo canciller?”, le pregunté bastante abochornado. “No solo eso, hay nuevo Gobierno”, me dijo. Don Raúl Botelho, que había comenzado la carrera desde secretario de embajada, fue reemplazado después por otro diplomático muy relevante, don Jorge Escobari Cusicanqui.

En julio de 1979 el Gral. Padilla cumplió con su promesa de  elecciones libres, pero el resultado fue de un virtual empate entre Siles Suazo y Paz Estenssoro, seguidos por Hugo Banzer que, sorpresivamente, triplicó en votación a su implacable adversario, Marcelo Quiroga. Sin solución en el parlamento, ante tan escasa diferencia de votos entre los dos primeros, la situación se “empantanó”. Entonces surgió como mandatario provisional, el presidente del Senado, el Dr. Walter Guevara Arze, político de fuste y de gran experiencia. Fue su canciller un joven y prestigioso diplomático de carrera: Gustavo Fernández.

Antes de tres meses, cuando se desarrollaba en La Paz la Asamblea General de la OEA y Bolivia se apuntaba un gran éxito internacional, el Dr. Guevara fue derrocado por el Cnl. Alberto Natusch Busch, quien, pese a que quiso imponer su régimen recurriendo a la fuerza extrema, no logró su meta y tuvo que dejar el camino abierto para que el 16 de noviembre de 1979, fuera elegida como presidente constitucional interina la señora Lidia Gueiler Tejada, destacada luchadora iniciada en las filas del MNR. El político Julio Garret Ayllón y el diplomático Gastón Araoz, manejaron sucesivamente el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Durante esos dos años tan complicados en que vi pasar por el mando a seis presidentes, cuando el poder seguía en manos de los militares desde que el Gral. Barrientos defenestró al Dr. Paz, el Servicio Exterior no fue desbaratado. No hubo “yatiris” con arranques clarividentes que quisieran cambiar toda la política exterior y estrellaran al país contra un muro. Aunque sabemos que el desbarajuste de La Haya fue exclusiva responsabilidad de S.E. porque se decidió por una Cancillería masista. Ricardo Anaya, Raúl Botelho Gozálvez, Jorge Escobari, Gustavo Fernández, Julio Garret y Gastón Araoz, sabían del oficio diplomático y así lo demostraron en momentos caóticos.

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