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«51,3% = 48,7%» y otras parafrenias

José Rafael Vilar

Las elecciones son un buen ejemplo de que cohabitamos con parafrenias y con el síndrome de Münchhausen.

Terminé mi anterior columna (País ‘sui géneris’ con síndrome de Münchhausen) mencionando que éramos un país “sui géneris”, afectados a la vez (incluso afectos) de victimizarnos y de culpar a otros por los que hacemos o no hacemos. Leyendo después me crucé con el término clínico “parafrenia”, que describe una ruptura con la realidad que lleva a entender las cosas de una manera muy estrambótica y poco razonable. Ejemplos de ambos casos nos huelgan.

Las elecciones de octubre son un buen exponente para entender que cohabitamos con parafrenias y con el síndrome de Münchhausen. Secuenciando, la primera es que se van a realizar con un binomio presidenciable cuyo prorroguismo fue rechazado constitucionalmente por una mayoría de ciudadanos: el 51,3% votó por el No, versus el 48,7% que se decantó por el Sí. Es decir que el rechazo de la ciudadanía superó en más de 2,6% al continuismo, aunque algún “malabarismo non-matemático” intentó equipararlos; sin duda, un suceso delirante si lo tomamos a pie juntillas.

La estrategia para conservar el poder (prorroguismo “obligado” por “la necesidad”, pragmática y no filosófica) luego se “justificó” con fórceps en la Sentencia Constitucional 0084 de 2017, y se “habilitó” en unas primarias que, segundo suceso, no fueron “elecciones”, porque no sirvieron para elegir a un candidato frente a otros, solo sirvieron para secundar las intenciones prorroguistas (fue una “elección” cerrada circunscrita a militantes, pensada también para loar con “su éxito” a los candidatos oficialistas, aunque éstos no recibieron el apoyo de sus “huestes”, todo una delusión).

El tercero es, por decirlo “en bonito”, una justificación rocambolesca. Me refiero a la ahora urgida, socorrida y entendida ahora como panacea “unidad opositora”. Cuando restan más de dos meses para las elecciones, los “ayes” van por lo que no se hizo antes del 28 de noviembre de 2018, “fecha límite para la inscripción de candidaturas para la elección de binomios presidenciales por cada partido político, agrupación ciudadana de alcance nacional o alianza” (calendario de las elecciones primarias de candidaturas de los binomios presidenciales para las elecciones generales 2019, OEP, 19/10/2018) y se reclama hacer ahora.

Sin señalar culpables ni culpas de la desunión, la razón del reclamo está, ahora, en que la dispersión en la intención de votos a favor de la oposición (al menos en encuestas aceptadas mayoritariamente como confiables, como la primera de CIES-Mori) no daría ningún ganador. La imposibilidad es que los contendores que se “bajen” de la contienda, “bajan” a sus candidatos. Y eso es hoy, que para partidos con resultados residuales nacionales y departamentales puede ser beneficioso, para perder personería, para aquellas candidaturas que (al menos en algún departamento) tengan “asegurados” espacios en la Asamblea Legislativa es, por decirlo así, una coña burlesca.

Este es un ejemplo del síndrome de Münchhausen, acentuado porque en la mencionada encuesta de CIES-Mori ninguno (oficialista u opositor) gana en primera vuelta, y de unirse todo el arco opositor (muy hipotéticamente), tampoco ganarían en primera tanda, porque todos los opositores (que como tal se presentan) unidos “alcanzan” (recuerde que la encuesta es una fotografía más o menos precisa de un momento) el 43%, mientras que el MAS “obtendría” el 37%. Con este resultado, la oposición “pasaría” la barrera del 40%, pero no alcanzaría la diferencia del 10% respecto al siguiente contendor, el MAS.

Lo que toca hacer con urgencia a tirios y troyanos (léase al MAS y a los ocho opositores) es mejorar sus captaciones y convencer de sus “verdades” (cualesquiera que éstas sean) al amplio porcentaje de indecisos. La hora de los ayes pasó, y a los plañideros, si fueran culpables, la historia no los absolverá.

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