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América Latina dividida

Marcelo Ostria Trigo

América Latina está dividida en dos bloques antagónicos: los países gobernados por regímenes populistas –se había puesto en boga el llamado Socialismo del Siglo XXI– y los que buscan consolidar esquemas democráticos. El populismo de los regímenes que son socios de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), parecía en franca retirada. Ecuador, Brasil, Argentina y, recientemente, El Salvador abandonaron este modelo, mientras crecía la alarma por las crisis en Venezuela, cuyo pueblo sufre carencias elementales y la opresión del chavismo.

Como expresión de la preocupación por las violaciones de los derechos humanos, la deformación del Estado de Derecho y como rasgo común, los intentos de eternizarse en el poder, siguiendo el ejemplo de la Cuba de los Castro, se formó el Grupo de Lima para buscar una salida democrática y pacífica a la grave crisis venezolana. Pero vino lo impensable: México, bajo el mando del presidente Andrés Manuel López Obrador cambió. No solo ahora muestra afinidad con Venezuela y Cuba, sino que internamente hay en ciernes un modelo neopopulista. El presidente está empeñado en que médicos cubanos vayan a su país, sin tomar en consideración experiencias poco edificantes. Es más: otro de los grandes del continente, Argentina, corre el mismo riesgo del retorno de una corriente probadamente inmoral, y cercana a las dictaduras populistas de nuestra región y aún a los ayatolas de Irán.

Uno de los efectos negativos de este viraje parece que se presentaría en los procesos de integración y en algunos organismos regionales creados a iniciativa de los ex presidentes Lula de Brasil y Chávez de Venezuela. Este es el caso del ocaso y la virtual desaparición de UNASUR. Se señala también como un probable destino al MERCOSUR. La declaración del ministro de economía de Brasil, afirma que en el caso de un triunfo del kirchnerismo en la Argentina, con el retorno a su política de comercio internacional del pasado, su país abandonará este organismo de integración.

Bolivia no es ajena a esta división. Los métodos del partido gobernante, sus afanes por eternizarse en el poder, la falta de garantías democráticas, las programadas elecciones de inicio viciadas de nulidad, además del ostensible respaldo a la tiranía de Maduro, no deja duda de que se está en el lado equivocado en esta división en América Latina. Es más: la agresividad del oficialismo en política exterior, muestra en sus dirigentes carencias básicas e incapacidad de cultivar relaciones maduras, constructivas y de mutua conveniencia con todos los países de la región.

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