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El voto útil y algunas ocurrencias

Susana Seleme Antelo

Mi voto será por la defensa de la democracia. Esa defensa no se resuelve con unas perversas elecciones concebidas por el régimen de Evo Morales, que es una dictadura revestida de democracia electorera, que busca su legitimación plebiscitaria por encima de la legalidad. A partir de ese hecho, las elecciones generales del próximo 20 de octubre 2019, también fueron mal encaradas por la oposición política.

Son unas elecciones tramposas pues Evo Morales/Álvaro García, no debieran estar entre los candidatos. Lo prohíbe el Art. 168 de la Constitución y están rechazados por el voto popular que, en el  Referéndum del 21 de febrero de 2016, dijo NO a la modificación de ese artículo. Su mandato acepta una reelección continua. Clarito: solo dos veces. Van por la cuarta.

Bajo su supuesto derecho humano a ser reelectos, y con un desparpajo que ofende la inteligencia, el Tribunal Constitucional de Bolivia habilitó la candidatura inconstitucional y vetada, amparado en la burda interpretación del Art. 23 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Le dio preeminencia al internacional por encima del derecho de la sociedad boliviana a elegir y a ser elegidos, acorde con la alternabilidad en el ejercicio del poder.

Buena parte de Bolivia queremos que los impostores Morales, García y todos sus acólitos, dejen el poder del que usufructúan hace casi 14 años, camuflados en el manto ‘originario-indígena-campesino’, defensor de la madre tierra, antiimperialista, también tributario del Socialismo del siglo XXI y del Foro de San Pablo. Bajo ese paraguas, Morales y García han violado la Constitución sin reparos, han desguazado el Estado de Derecho, han judicializado la política para ‘aplastar’ a la oposición –afirma el Vice-  y han hecho de la corrupción una mafia de asaltantes al erario y a la gestión pública.

La estrategia y la táctica política debieron ser la aceptación de elecciones generales, como manda la ley, pero haciendo valer los derechos constitucionales y el respeto al voto ciudadano, sin renunciar a la lucha electoral.  Y se debió hacer buscando acuerdos entre las fuerzas políticas de la oposición, con otros ciudadanos celosos de la democracia republicana, con pactos entre la sociedad civil, construyendo diálogos, puntos de coincidencia por bien común, acuerdos y actuaciones concertadas para buscar la unidad posible.

Seguiré llorando sobre la leche derramada, pues hay un candidato que aceptó ir a las elecciones con soberbia de predestinado impoluto, capaz de derrotar a Morales él solo, sin ‘políticos’ a la vista.  Así lo habría determinado una encuesta. ¡Ignoraron que ellas no definen una elección! Y se presentó sin hablar con las fuerzas políticas de oposición parlamentarias, sin introducir el necesario debate sobre la transición democrática y sus dificultades tras 14 años de deriva autoritaria; sobre ajustes económicos por la crisis en curso; del colapso de la salud pública; del combate a toda forma de pobreza y a la violencia irracional contra mujeres; de la educación como arma para el desarrollo, entre otros tópicos.

Es más, lo hizo con la consigna de “no pactar” con nadie. Exigían sin dar nada, al extremo de pedir la renuncia de otro candidato, el de Santa Cruz. Si a alguien debieron pedir la renuncia o el retiro de su candidatura es a Morales y no al cruceño Óscar Ortiz.

El manido voto útil concede máxima importancia a ganar elecciones, concentrando el voto para evitar dispersión. Nada nuevo bajo el sol, pero el voto útil arranca de la estrategia del miedo. En este caso, miedo a la reproducción indefinida de Morales en el poder, que es muy fuerte cierto, luego de todo el daño infligido a Bolivia y a su gente. Pero no todo está permitido para derrotar a un dictador. Al menos si se hace de la política el arte de lo posible, éticamente en aras a la unidad democrática, para sumar, no para excluir.

Me inquieta el voluntarismo de quienes creen que el candidato segundo mejor ubicado en las encuestas, podrá ganarle a Morales, sin haber construido la unidad política-social-popular. No calibran la vergonzosa sumisión del Órgano Electoral. Quizás no gane Morales con 2/3, como amenaza, pero ya tienen montado el fraude. Armaron estas elecciones a la justa medida del poder “para toda la vida”, como lo pretenden.

Aún con la desfavorable correlación de fuerzas -Morales y compañía controlan todos los Poderes, amén del cocalero que produce la materia prima de la mercancía cocaína para el narcotráfico- la oposición política olvidó el poder de la ciudadanía. El de los ciudadanos/ciudadanas en la calle; el de la sociedad civil movilizada en democrática rebeldía como el único poder que tumba tiranos y puede recuperar la razón democrática. Como el que obligó al régimen a abrogar el Código Penal, hace menos de dos años, a punta de calle, concentraciones, activismo del sector salud, más las disruptivas plataformas ciudadanas. O como cuando ganamos el 21 F con un NO vital a pesar de los votos que nos robaron.

Ni voto útil ni otra ocurrencia. Votaré para que gane quien haga acuerdos con todos los estratos de la sociedad, para pactar con la historia pasada, actual y futura para construir la Bolivia que nos merecemos, ajena a populismos e intereses geopolíticos. Ajena a la soberbia política.

Ilustración: paginasiete.bo

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