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NO AL VOTO VELETA

Manfredo Kempff Suárez

Santa Cruz está, en este momento, en capacidad de definir que S.E. y el MAS se vayan. O que se queden hasta que nuestra amañada democracia se convierta en dinastía. El caudal de votos cruceños puede ser de tal magnitud, que S.E. ya lo ha advertido y ahora está ofreciendo a la región el oro y el moro. Aquí se puede aplicar una frase que tenía relación creo que con Brasil y Sudamérica, y es que “hacia donde se incline Santa Cruz, se inclinará Bolivia”.

No se trata de ningún criterio chauvinista ni de campanario, de lo que estamos muy lejos, sino de ver, en los papeles, cuántos ciudadanos están inscritos en los registros electorales y cuántos estarán habilitados para sufragar. Aquí no se pretende hablar de memoria o de tratar de alentar a nuestros coterráneos y de espantar a los masistas. La única verdad es que se ha consolidado en las cifras el poder electoral cruceño y será muy difícil que el próximo mandatario no sea quien no obtenga la mayoría de ese caudal que todavía está en libros.

Sabemos que el MAS tiene una gran votación en nuestro departamento y que ha logrado hasta vencer aquí en alguna oportunidad. Se trata de una inmensa cantidad de collas y otra también de cambas, favorecidos con cargos públicos, designados como dirigentes gremiales, beneficiados con tierras fiscales o de áreas protegidas, que jamás van a dejar de votar por S.E. Ese es un núcleo duro, el “piso” del MAS, como se oye habitualmente.

Frente a ese bloque unido por intereses absolutamente irrenunciables, los otros dos tercios o más de la población cruceña están a la veleta, girando hacia donde sopla el viento, llenos de dudas o de indiferencia, porque han perdido la fe en poder mejorar su vida. Si esos dos tercios no votan por S.E., si no son masistas, es porque desconfían del forastero que manda, porque no lo ven con buenas intenciones, porque no los representa, entonces deciden votar por cualquiera que no sea él.

Pero es la dispersión del sufragio lo que no conviene, sobre todo en esta elección. Si se impone el voto veleta, se va a estar devaluando el voto útil y favoreciendo la cuarta elección consecutiva de S.E., para colmo totalmente tramposa e inconstitucional. El voto cruceño puede hacer posible una segunda vuelta, es decir ganarle o estar muy cerca del candidato quedadizo en la primera, el 20 de octubre. Las cifras electorales van a ser demasiado estrechas y el oficialismo cuenta con el dinero del Estado, con todo el aparato gubernamental, por supuesto que con una propaganda grosera, y con la inocultable complicidad del Tribunal Supremo Electoral. ¿Encima de todo eso, vamos a dividir nuestro voto?

Que me perdonen Carlos Mesa, Oscar Ortiz, y los demás candidatos, pero a mí me importa poco que gane cualquiera de ellos. Lo que no me entra en la cabeza es que entre todos los opositores se saquen la entretela, se desgarren impúdicamente, mientras que el candidato amañado sonríe desde el aire, repartiendo prebendas por todo el territorio nacional y hasta haciéndose filmar luchando contra las llamas chiquitanas como un incombustible Bat-Man salvador.

Lo que digo no es lo ideal, naturalmente. Nunca hubiera pensado escribirlo. ¿Dónde se ha visto que se pida por quién no hay que votar en vez de decir quién es el que merece el voto? Parecería irresponsable y quienes piensen así tienen razón, aparentemente. Lo que pasa es que yo sé quién es el mejor candidato para mí. Sé por quién deberé votar. Pero, por sobre todo, lo más importante, es que estoy totalmente convencido de por quién no se debe sufragar, a quién no se debe favorecer, porque, más allá de que haya sido un mal gobernante, ahora nos toca elegir entre un presidente constitucional y otro que dejó de serlo, como S.E. Ya lo sabemos: las elecciones de octubre serán un referéndum para elegir entre democracia y dictadura. ¿Es que tenemos que desgañitarnos implorando a los dos principales opositores que se dejen de macanear? ¡Pero si no hay por dónde perderse!

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