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Crónica de un final abierto (2)

Susana Seleme Antelo

Desde el Comité Cívico de Santa Cruz, surgió el liderazgo de Luis Fernando Camacho (39) su presidente, abogado y empresario. Por las inéditas dimensiones que ha cobrado su liderazgo, pareciera que responde a postergadas necesidades colectivas desde el punto de vista sociológico y psicológico. Ha llenado un enorme vacío emocional y político que se traduce en cohesión social, reconocimiento entre bolivianos/as, representatividad, inclusión y consenso por un objetivo: derrotar ‘al tirano’ Morales y obtener su renuncia, con carta incluida.

De características casi mesiánicas y religiosas, Camacho es el nuevo líder que retoma las banderas del Federalismo y se enfrenta a Morales. Primero, de cara a los devastadores incendios que arrasaron cerca de 4 millones de hectáreas en la Chiquitania, cuna de la identidad mestiza cruceña.

Camacho convoca y convence a centennials y a mileannials, con conciencia social, ecológica y política por la democracia y la libertad. Les ha dado esperanzas y han soprendido a los demás. También convoca a adultos, a hombres y mujeres, profesionales y a informales, todos mezclados, sin distinción alguna. Su discurso es sencillo, profundamente religioso y persuasivo por su impacto en las masas. Sin pretensiones ideológicas ni intelectuales, su compromiso es exigir la renuncia de Morales. Eso quería oír una gran mayoría de la gente. Y Camacho lo dice y lo repite sin pausa y sin tregua. Va tras ella hasta la sede de gobierno, elude obstáculos, allí es aclamado por la gente y asediado por los afines a Morales.  Dejar esa carta y una Biblia para que Dios ‘vuelva’ al viejo Palacio Quemado, es un acto que habla de fe, de esperanza y valentía. ¿Solo la salida de Morales el remate político de esa cruzada? ¡No es asunto nimio!.

Camacho exhorta a continuar un paro general que lleva 18 días de cumplimiento en Santa Cruz, la locomotora económica del país, con anuencia de la burguesía, en cualesquiera de sus fracciones, de a buenas o a regañadientes. Sin embargo, el paro no se conduele de la economía popular, la que vive el día a día y no tiene ‘ahorros’ como de los que disponen la clase media y alta.

Otro líder emergente es el presidente del Comité Cívico de Potosí, Marcos Pumari (38) Administrador de Empresas. Menos emocional que Camacho, más bien serio, procede del sindicalismo campesino y obrero. Pumari es de los pocos líderes que reivindica, el papel de las mujeres en la sociedad. Recoge las banderas del Federalismo, como Camacho. Ambos van tras la renuencia de Morales y rechazan sin tapujos a los políticos, a quienes habrá que llamar ‘tradicionales’. Esgrimen ante ellos un “Vade retro Satanás” sin complejos, que puede recoger una sensación de rechazo de la sociedad a los políticos, muchas veces con razón. No obstante, con el riesgo de caer en la antipolítica que puede desembocar en un remedio peor que la enfermedad, pues suele ir acompañada de un regresivo populismo.

Hay un vacío político presente y futuro para el país, pues ningún líder expresa su visión estatal para después de la probable renuncia de Morales, si tuviera lugar. Rechazan el fraude y la auditoría de la OEA, tan sospechosa por la actitud de su Secretario General, que nunca se pronunció sobre el atrabiliario Derecho Humano de Morales a la reelección indefinida, promovido por un Tribunal Constitucional también subordinado al poder de Morales. Los cívicos desaprueban dicha auditoria que debe determinar las ‘irregularidades’ por falta de transparencia y cambio inexplicable de la tendencia hacia la segunda vuelta, por parte del Tribunal Electoral. El fraude dio ganador a un Morales que ni con las trampas rozó el 62% que obtuvo en 2014. No obstante, le dio la ventaja necesaria: 47 %, fraude incluido, para eliminar la segunda vuelta, inevitable dadas las tendencias. Le correspondía enfrentarse con el segundo ganador, el expresidente Carlos Mesa (octubre 2003- junio 2005).

Morales y Mesa tienen un algo en común: ambos contribuyeron a la renuncia de Gonzalo Sánchez de Losada en aquel octubre. Si de golpe de Estado se tratase, como arremete Morales contra Camacho, Morales debiera refrescar la memoria.

Carlos Mesa, dubitativo y sin dar la cara, no supo leer con visión política el liderazgo al joven Camacho, quien sí empezó a dar respuestas a las demandas concretas del movimiento ciudadano.  Mesa no actuó como un líder político que obtuvo 2 millones de votos, no tanto por él mismo, sino que fueron votos anti Morales. Fue el voto útil el que lo colocó en la alternativa de la segunda vuelta. Al no entender esa ecuación, no se conectó pueblo movilizado.

Continua…

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