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Crónica de un final abierto (3)

Susana Seleme Antelo

¿Cómo salir del estancamiento político con un Morales que no reconoce su derrota social y política, aunque se diga ganadores de las elecciones, pero sin gobernabilidad? Ya no le servirán como antes su séquito de profesionales al servicio de la ortodoxia económica arropada hipócritamente de indígena-originaria-campesina, ‘pachamamista’, y unos movimientos sociales siempre como masas de acecho y acoso. Como los cocaleros de Chapare, su Santuario. Allí donde se produce la materia prima de la mercancía cocaína. Se le agrega la presión de sus gobiernos ‘amigos’, como Rusia, Irán, China, Cuba, Venezuela, amén del crimen organizado de la droga, según denuncia el periodista Humberto Vacaflor.

Las demandas postelectorales se convirtieron en una espiral ascendente, y cada cual tan políticas como las anteriores, a medida que se iba comprobando el brutal asalto al voto popular: i) rechazo a la auditoría de la OEA; ii) rechazo a la segunda vuelta, iii) renuncia de Morales, iv) anulación de las elecciones del pasado octubre, v) nuevo Tribunal Electoral independiente, vi) nuevas elecciones sin Morales como candidato.

El grito “Nadie se cansa, nadie se rinde. Evo de nuevo, huevo carajo”, ha sido francamente movilizador, acompañado de música y creaciones artísticas de enorme valor emotivo y patriótico. Sin embargo, esta es una lucha política por el poder. Como tal debe tener un desenlace político. La solución es política, que de acuerdo a los cánones clásicos de la democracia es la negociación. ¿Dónde están los políticos, quién negocia, si estuvieran negociando, qué cosas negocian?  Junto a periodistas y mediadores para resolución de conflictos, los argumentos para la negociación son que se evitará la creciente polarización social y la continuidad de Morales en la conducción del país.

Si se fuera a una segunda vuelta, ¿en qué quedarán las denuncias de fraude y de nulidad de pleno derecho de todo el proceso electoral, y el clamor popular que rechaza esa posibilidad?

Los amotinamientos de las Comandos de las Policías de Cochabamba, Santa Cruz, Sucre, de todos los departamentos y otras poblaciones menores, salvo La Paz, contra del régimen, al lado de las movilizaciones civiles, habla de un proceso insurreccional que nadie previó. ¿Cuáles las razones de los amotinamientos de la policía?  Reclama igualdad de tratamiento como el que reciben las Fuerzas Armadas, que hasta ahora no ha ejercido su función del monopolio del uso de la fuerza. No quieren reprimir. Tienen motivos pues en 2003 reprimieron otra   sublevación popular, y cinco altos mandos militares purgan cárcel de entre 9 y 12 años, tras un juicio por genocidio.

En un intento por frenar la llegada de las caravanas de buses de Potosí, Sucre, Uyuni y otras ciudades que se dirigen a reforzar las movilizaciones en la ciudad de La Paz, organizaciones afines al MAS instalaron al menos cinco puntos de bloqueo en el altiplano de Oruro y La Paz. Los bloqueos oficialistas comenzaron después de que Morales llamó a los “patriotas” a que lo defiendan de lo que considera “un golpe de Estado”. Sin embargo, los sitios de bloqueo fueron abandonados luego de que los policías de casi todo el país comenzaron a amotinarse.

Esta una insurrección popular, ciudadana y policial frente a un régimen muy debilitado, frente a un informe de la OEA que ya parece extemporáneo, y una a tambaleante segunda vuelta, como solución parche. También ronda una creciente anomia política y social, que describe la ausencia de autoridad estatal. Creo que hoy, ni una feroz represión militar podría parar la insurrección popular ni salvar a Morales y a sus hombres. Les fallaron la táctica y a estrategia de dominación no solo para robarle el alma a los ‘q’aras’, sino a los sectores populares y a sus organizaciones.  ¿En qué momento se rompió el vínculo clientelar que ejercieron sobre la base de prebendas y otras canonjías con las que les robaron su condición de ciudadanos libres?

Morales y sus hombres jamás pensaron que podía ocurrir algo así. Tampoco el sistema de partidos político, ni los llamados analistas. Estamos asistiendo a la caída de Morales, merced a una ‘revolución’ popular y policial que reclama democracia, libertad y justicia.

Luis Fernando Camacho, con sus cabildos, movilizaciones, su largo paro productivo, su invocación a Dios, y su paciente persistencia en pedir la renuncia de Morales ayudó – ¿sin saberlo? – a esta insurrección nacional. ¿Fue espontánea o tuvo dirección consciente? Como quiera que haya sido, la emoción democrática que invadió a Bolivia desde la tarde de ayer, viernes 8 de noviembre, nos movió hasta las lágrimas. El pueblo en las calles protegiendo a los miembros de unidades policiales fue inédito, tanto como escuchar a policías gritar por megáfonos “nadie se rinde, nadie se cansa, Evo de nuevo, huevo carajo.”

Seguimos ante un final abierto, que presagia un futuro sociopolítico poco fácil. Desde exilio, en el amanecer del sábado 9 de noviembre, Guido Añez, sin saber cómo amaneceríamos, se preguntaba si la carta de renuncia de Camacho le llegó a Morales, si aún está para entregársela, o si hay que mandársela por DHL a Cuba o a Venezuela.

Este o no esté ¡ganó la democracia en Bolivia!

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