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El desafío: asegurar la democracia

Marcelo Ostria Trigo

Probablemente pocos dudan que el 20 de octubre pasado hubo el mayor fraude electoral de la historia de Bolivia. Esto lo han comprobado los peritos designados por la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos, encargados de una auditoria de estos comicios. Tampoco fue extraño que el pueblo, en cabildos, marchas y bloqueos, haya exigido que los responsables del fraude abandonen el gobierno, en particular el binomio presidencial que pretendía eternizarse en el poder, violando la Constitución y desconociendo la voluntad popular expresada en el referendo del 21 de febrero de 2016.

Luego, ante el abandono de la jefatura del Estado, asumió un nuevo gobierno por sucesión establecida en la Carta Magna, con la tarea de restaurar el Estado de Derecho y, finalmente, convocar a “elecciones libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo” (Art. 3° de la Carta Democrática Interamericana)

Sin embargo, aún hay mucho por resolver, y esto corresponde a la sociedad. En primer lugar, tomar en cuenta la experiencia de la dispersión de votos que conspiró de alguna manera contra el necesario cambio democrático. Esto debe servir para que se busquen acercamientos que permitan una concertación unificadora frente a los aprestos del populismo de reeditar una autocracia, siguiendo el modelo chavista de Venezuela, con la inspiración del castrismo.

Por supuesto que la unidad no es fácil de alcanzar, aunque no es imposible. Pese a las obvias diferencias ideológicas, sería factible concertar un programa mínimo para la reconstrucción nacional, que resuma estrategias comunes para combatir la corrupción y el narcotráfico y avanzar en la tarea inaplazable de reponer las garantías a las que tienen derecho los bolivianos. En este sentido, hay mucho de sensatez y cordura en el gobierno presidido por la señora Jeanine Añez, quien incansablemente busca la paz y la concordia nacional y que no se arredra ante los aprestos populistas de retornar al caos y la violencia. Es más, la presidente ha mostrado voluntad para ordenar la administración del Estado y abrir caminos para una auténtica democracia basada en “el respeto mutuo y convergente entre la mayoría y las minorías”.

Entre las tareas que resaltan en la gestión de la presidente Jeanine Añez se cuenta la búsqueda del buen entendimiento entre las naciones y, a la vez, hacer que internamente se respeten las normas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, tan poco observada por las tiranías.

Es de esperar que el buen juicio se imponga, y que se establezca un futuro gobierno de salvación nacional, siguiendo los lineamientos de la actual gestión presidencial.

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