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«NO TENEMOS MIEDO…»

Manfredo Kempff Suarez

«¡No tenemos miedo, carajo!», fue el grito de guerra que retumbó en todos los rincones de Bolivia, hace poco más de un mes, cuando Evo Morales tuvo que tomar las de Villadiego y embarcarse precipitadamente hacia México, desertando del “proceso de cambio” y dejando a sus fieles colgados de la brocha. Huyó asustado, pero llevándose a su “alter ego” y mentor de maldades, García Linera.

Si bien él se fue, la estructura masista quedó intacta, con su mayoría de dos tercios en la Asamblea, y con sus militantes ocupando gran parte de los municipios y dueños del inmenso mundo de la administración pública. El “golpe de Estado” contra el que lloriqueaba Morales, con tantos muertos y desaparecidos dizque, no parecía tal, si es que el Gobierno invitaba a dialogar a los sectores sociales afines al MAS, como los invitó, y si se conciliaba en la Asamblea una ley de convocatoria a nuevas elecciones generales, una vez anulados los comicios fraudulentos de octubre.

Todo lo contrario de lo que se oye y lee en España, México y Argentina, la presidente Jeanine Añez, lejos de ser autócrata, ha sido en extremo tolerante. No busca otra cosa que tratar de entregar, el 6 de agosto próximo, una patria auténticamente democrática y libre de granujas. Pero he ahí, que quienes cometieron los delitos más grandes contra la economía nacional y fueron los más ineficientes que han pasado por el poder en Bolivia, pretenden ahora, en vez de estar declarando sus culpas ante los fiscales, imponer nada menos que el retorno del bandido mayor: su jefe.

En un bullicioso “ampliado” masista, con gran colorido azul, wiphalas y banda, han elegido a Evo Morales como el jefe de campaña del MAS. Es decir que han elegido a un jefe de campaña, cuando no hay ni siquiera candidato de su partido. ¿Dónde se ha visto a un jefe de campaña sin candidato? Está claro que lo único que les interesa a los masistas es buscarle la vuelta para el retorno de Morales, y convertirlo en el rey detrás del trono, sin importarles quién diablos sea el postulante.

Pero Morales es el responsable de un fraude electoral, doloso según la OEA. Es decir engañoso, fraudulento, por tanto sancionable. Y sobre eso está toda una larga lista de transgresiones que son incontables y deberá ir a los tribunales de justicia. O a un Juicio de Responsabilidades. Los masistas saben que Morales está en el ojo de la tormenta, entonces les resulta poca cosa las garantías constitucionales, porque temen a lo que dice la Carta Magna sobre la supresión de los derechos políticos de los individuos cuando infringen la ley.

Por tanto, no se les ha ocurrido nada mejor que impulsar en la Asamblea una ley especial sobre garantías, con el único propósito de proteger a Evo Morales de sus incitaciones a la violencia luego de su fuga. Los dos tercios del MAS en la Asamblea, nefastos al extremo, les permiten hacer malabarismos constitucionales, pero volver a pretender abusar de una mayoría que ahora apesta (¿por qué no pudieron hacer fraude el 2014 también?), su ley deberá ir a consulta del Tribunal Constitucional elegido a dedo por el propio MAS, para que no se quejen.

Que venga el señor Morales a ser jefe de campaña, pero hay que recibirlo en el aeropuerto con los fiscales. Aquí no se deberá tolerar una ley que vaya más allá de lo que dice la Constitución para liberar de culpas a tramposos, incitadores a la violencia, administradores de avería, pícaros y burladores. Morales tiene las garantías que dicta la Constitución, pero no se va a admitir una ley de encubrimiento solo para él cuando ordenó cercar ciudades y matarlas de hambre. Ahora es cuando hay que demostrar, de verdad, que no tenemos miedo.

Evo Morales, que esperó la posesión de los Fernández ya está en Argentina, que no reconoce al Gobierno nacional, herencia deplorable del tibio Macri. Por esos lugares no le sucederá nada malo. Pero para ser jefe de campaña en las próximas elecciones en Bolivia, tiene que pasar a declarar algunas cositas a la fiscalía o manejarse por twiter desde Buenos Aires.

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