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Lo que nos espera

Marcelo Ostria Trigo

Predomina la esperanza de que este nuevo año sea mejor que el que acaba de terminar, luego de más de trece años en los que no fue posible lograr la paz y la reconciliación. La autocracia hacía pública la majadera afirmación de que los que no militaban en el oficialismo eran enemigos de la Patria, mientras se ufanaba de garantizar los valores democráticos, pero a la manera del chavismo. Fue más: el propósito populista fue eternizarse en el poder: “…hemos llegado al Palacio (de Gobierno), para quedarnos toda la vida” (Evo Morales. eju.tv, 27.08.2009).

Esta muestra de soberbia e ignorancia, obnubiló a los oficialistas que creyeron –o decían creer– que la ciudadanía los mantendría por siempre en el poder. Pero, finalmente, ante la fuerza popular que buscaba el cambio y la auténtica democracia, el presuntamente eterno líder no tuvo otro camino que renunciar. Así se crearon las condiciones para la formación de un gobierno de acuerdo con las leyes y la Constitución, que se propuso conducir el país hasta la celebración de nuevas elecciones.

Pero se puso en movimiento el populismo internacional, esta vez con la participación del presidente mexicano López Obrador y en la Argentina de un presidente peronista, junto a la exmandataria Cristina Kirchner, declarada partidaria de las autocracias. Y esto no quedó ahí: causó asombro y repudio la acción conjunta de intervención de los gobiernos de México y España. Pero, como era de esperar, el actual gobierno hizo frente a los intentos de intromisión.

¿Cuáles son las perspectivas de un futuro gobierno estable y verazmente democrático en Bolivia? Si se toma en consideración que la gran mayoría se inclina en favor de un régimen respetuoso de los elementos de la democracia, los derechos humanos y la institucionalidad republicana, el futuro es promisor.

Ciertamente, con la reciente convocatoria a elecciones, habrá confrontación de ideas y de programas sobre la forma de encarar el futuro de la Nación. Y una de esas formas para orientar a los ciudadanos, es la propuesta presidencial de que se apruebe una ley que establezca la obligatoriedad del debate entre los candidatos en pugna.

Como está previsto, el nuevo Presidente del Tribunal Supremo Electoral aseguró que garantizará que la esperada pugna política sea muestra de respeto mutuo y convergente entre los candidatos que disputen el triunfo. Es más: Asume el deber de garantizar que “…la celebración de elecciones periódicas, (serán) libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos” (Artículo 3° de la Carta Democrática Interamericana).

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