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MORALES Y LA NOSTALGIA DEL PODER

Manfredo Kempff Suárez

No vamos a comparar a Evo Morales en Buenos Aires con Napoleón en Santa Elena, porque eso sería una ofensa a la Historia. Hay que pensar nomás en Morales despertando en Liniers o La Matanza, a las cuatro de la mañana, sin tener quien le sirva su api con llauchas, ni quien le amarre los guatos de sus zapatos. Entre las cuatro y las ocho, el cocalero, como no tiene costumbre de leer, debe estar haciendo abdominales o con el celular en la mano, pero sin poder llamar a nadie que no sea en el Chapare, porque en La Paz ya no le deben contestar si molesta a horas impertinentes. Hasta Arce, el candidato masista a la Presidencia, ha dicho que, si gana el 3 de mayo, Morales no tendrá pito que tocar en su gobierno.

No comer a medio día unos picantes mixtos, un jolke, un sillpanchito, o un ají de panza, como en Chimoré o Lauca Ñ, y tener que morfar una milanesa con papas fritas y kétchup o ñoquis cada 29 de mes, lo debe amargar. Y dejar la chichita por el vino debe ser motivo de otro de sus disgustos. Claro que el expresidente fugitivo debe estar invitado por una cantidad de compatriotas que viven en los arrabales bonaerenses, pero, ¿y la quirquiña, los locotos, los choclos cochabambinos, la oquita y el chuño? ¿Y el fulbito? ¿Qué hará ahora que ya no tiene su equipo que lo hacía meter goles? ¿Ahora que no pasarán por la tele en directo sus partidos? Que se cuide, además, porque si hoy pega un rodillazo alevoso a un contrario, le van a contestar con un gancho a la mandíbula y lo dejarán K.O.

Mal lo debe estar pasando “el” Evo en estos días. ¿Acostumbrarse a los taxis y al metro, en vez de los helicópteros y el carísimo Falcon? ¡Qué dolor! Todavía debe tener mucha platita para pagar chofer y un buen vehículo, pero eso se acaba. Y como sabemos que los huéspedes apestan a pescado muerto después de tres días, puede que en Argentina le suceda lo de México y que lo inviten a irse a conspirar a otra parte, porque al cocalero le dan la mano y se toma hasta el codo.

Por eso “el” Evo está desesperado por regresar a su reino; lo está matando la nostalgia, la angustia de la distancia, pero tiene miedo que lo sienten en el banquillo a desembuchar muchas cosas deplorables de sus 14 años. El “ex” salió huyendo despavorido el 10 de noviembre, no porque tuviera temor a que lo fusilaran, que no iba a suceder, sino a caer en manos de los fiscales y jueces ladinos que él mismo impuso en mala hora y que no tienen otro jefe que no sea quien ejercita el poder.

Tiene la desfachatez de decir que Bolivia vive una dictadura, y para colmo el cinismo de afirmar que no se cometió fraude en las elecciones de octubre, cuando él sabía de memoria que la trampa estaba armada para evitar la segunda vuelta. Está gastando millones (tiene muchos) en desprestigiar a la Presidente, pero ya no hay vuelta atrás. La señora Jeanine Añez y la senadora Copa han trabajado armoniosamente para convocar a los nuevos comicios y elegir a los actuales miembros del Tribunal Electoral. Quiere decir que miente “el” Evo, como nos tiene acostumbrados.

Morales es terco y está desesperado por recuperar el poder. Va a recurrir a todos lo que halle para hacerlo. Pero tendrá que esperar hasta el 2025. Aunque hoy el MAS encabeza las preferencias en las encuestas, sucederá lo mismo que en octubre pasado: el “voto útil” lo va a ganar. Que ni sueñe con que la “derecha” se va a suicidar por separado, porque ninguno de sus candidatos vale más que el riesgo de que retornen los cavernarios. El “voto útil” no será para sacar a Morales esta vez, sino para no permitir que vuelva.

Mucho ha costado echar al autócrata de su reducto, como para permitirle volver campante. El MAS ha despilfarrado groseramente lo que pudo ser el arranque de una nación renovada. Los robos que los masistas cometieron en BoA, Entel y Quipus (2.700 millones de bs.), que es una muestra solamente, no se repetirá más. Mientras tanto el “ex”, seguirá consiguiendo abogados desprestigiados que lo esquilmen y escleróticos amigos que hasta lo proponen para el Premio Nobel de la Paz, toda una ridiculez.

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