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Masas de acoso, de acecho, de asalto

Susana Seleme Antelo

Son las masas del ‘ex’ Evo Morales, huido y asilado desde el 20 de noviembre de 2019, primero en México y luego en Argentina. Son las masas del MAS, su partido, comandadas en Bolivia, no solo durante los 14 años de su fiero ejercicio de poder, el último inconstitucional, sino mucho antes, desde su santuario, la provincia Chapare. Allí, se cultiva la hoja de coca, materia prima con la que produce la mercancía cocaína que, a su vez, se comercializa en el mercado local y en el mercado capitalista global e ilegal de la droga. En Chapare y en otras partes, anda el ‘narco’ como Pedro por su casa.

Hoy, el cocalero Morales comanda a sus masas a control remoto desde su cómodo asilo bonaerense.

Antes, ahora y siempre, esas masas, pocas o muchas, han sido y le son suficientes a Morales para crear caos, temor, enfrentamientos y también muerte. Son las masas de acoso, de asalto, de acecho, de destrucción contra la democracia y la convivencia entre diferentes. Las derrotamos -y a él también- en noviembre cuando huyó. Tras muchas idas y venidas, con Morales dirigiendo violentas manifestaciones para retomar el poder -quería ‘guerra civil’ y eso reclamaban esas masas- las fuerzas democráticas logaron la pacificación del país.

Con nuevo gobierno constitucional dirigido por una mujer, Jeanine Añez Chávez, y nuevo Tribunal Electoral, se decidió convocar a nuevas elecciones, que debían haberse realizado el pasado domingo 3 de mayo. Coincidía con el día de la libertad de prensa. El primer domingo de mayo la sociedad boliviana debió haber ido a votar para resarcirse del lastre político que cargaba, luego de las anuladas elecciones por el grosero fraude montado por Morales y sus conmilitones, en octubre de 2019.

Aquella convocatoria fue hace 4 meses, cuando la pandemia COVID 19, aún no había puesto al mundo patas para arriba. Una vez instalada y expandida por todo el orbe, infecta a diestra y siniestra, y mata. Hay confinados en casas o en departamentos, unos más minúsculos que otros, con la economía global ‘parada’. El virus también desnuda sin disimulos la desigual e inequitativa sociedad de clases y se ceba, como siempre, en los más pobres que son la mayoría.

Con la pandemia a cuestas, la justa electoral tuvo que ser postergada sin fecha, por la emergencia sanitaria y la cuarentena, decretadas oportunamente por la presidenta Añez. Sin embargo, el partido del cocalero derrotado por una pacífica rebelión ciudadana y un férreo paro de 21 días en octubre/noviembre pasados, que lo obligó a huir, persiste en su empeño de doblegar la vocación democrática de Bolivia y su gente, como lo hizo en los casi cinco lustros en los que desterró el Estado de Derecho y sus libertades constitucionales. Lo hizo a punta de abusos de poder, guillotinas judiciales, impositivas, represión, persecución, muertes, exilios, corrupción sin límites y despilfarro de nuevo rico. Amén de haber dejado, entre otras calamidades -como la economía y su abultado déficit-  la salud pública en tan precarias condiciones, que Bolivia ostenta el miserable segundo peor puesto en cobertura sanitaria, después de Haití.

Hoy Morales arremete nuevamente, y echa mano del acoso de sus masas, siempre al acecho, vía la toma de calles en ciudades y pueblos en plena cuarentena, cacerolazos, asalto a ambulancias, médicos y paramédicos, para crear inestabilidad social contra el gobierno.

De las calles al Congreso

El acoso se instala también en el recinto cerrado del Congreso con sus 2/3 de votos, como si en lugar de haber perdido la batalla de la re-re-reelección de su líder, hubiesen ganado las fraudulentas elecciones de octubre pasado. En una sesión plagada de irregularidades, y de acuerdo a expertos constitucionalistas, nula de pleno derecho por diversas razones, los congresistas del MAS, pusieron fecha para unas futuras elecciones: domingo 2 de agosto. Ha sido una provocación que no se conduele por la salud de la gente. Al MAS, la pandemia los tiene sin cuidado, pues muchos repiten la cantaleta del cocalero y dicen, como él, que es un invento de la derecha y del imperialismo.

Para ese futuro 2 de agosto, la COVID 19 estará en Bolivia en su pico más alto, en pleno invierno, según cálculos de especialistas. El derrotado ‘ex’ desecha el sentido humanitario por la salud, que en este caso es por la vida, y podría echar por la borda todo el esfuerzo de la sociedad y la economía por cumplir la emergencia sanitaria y la cuarentena, en aras de detener su contagiosa expansión. Someter a la población al casi seguro contagio masivo durante todo un día para ir a votar, es criminal, y eso sin tomar en cuenta el desplazamiento necesario de gente, antes, durante y posterior al acto electoral.

Hay que insistir en que los 2/3 logrados en las elecciones de 2014, tampoco están libres de fraude: responden al fraude sistémico o escondido a partir del cual, como se ha explicado antes y desde muchas fuentes, la población rural, más afín a Morales, con solo 32,5% de población total del país, se beneficia de 43 diputados uninominales. Y ello en desmedro de la población urbana, que con 67.5% de ese total, apenas obtiene 27. Bajo el principio democrático de “un ciudadano/a un voto”, corresponderían a las zonas urbanas 52 uninominales. Ya sabemos que para Morales los únicos principios eran los suyos: los del poder total.

El fraude sistémico, cada vez menos escondido, fue concebido por el MAS para el control político y social sin independencia ni contrapesos en los poderes del Estado, sin rendición de cuentas, sin transparencia. El ‘ex’ quiere volver, aupado en el sistema democrático electoral al que prostituyó sin contemplaciones. ¿Por qué el Tribunal Electoral y las fuerzas democráticas no hablan sobre el tema de las circunscripciones uninominales? Por el momento, ni la revisión de circunscripciones, habiendo jurisprudencia para ello, ni aplicación de la ley por fraude electoral, ratificado por una auditoría de la OEA que concluyó en que hubo “manipulación dolosa” e “irregularidades graves”. Ese informe tuvo el aval de la Unión Europea.

Hoy Morales y los suyos propinan una provocación política y social suicida, que en el fondo y la forma no asombra. Siempre han sido antidemocráticos, proclives al delito y al crimen, bajo el impostor manto originario-indígena-campesino, aplaudidos por el Foro San Pablo, sus satélites, algunos medios de prensa, otros llamados ‘organismos internacionales’ y Fundaciones, que siguen pensando en el “buen salvaje”, y los afines a los populismos de cualquier signo, como el de quienes le brindan asilo.

Se sienten protegidos. Por eso acosan, acechan, asaltan, provocan a la democracia en Bolivia y atentan contra la salud y la vida. No tenerle miedo a la pandemia, es insensato, como bien dice el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso. Y es que la prevención es la mejor vacuna contra la pandemia, hasta que aparezca alguna. ¿Podrá la sociedad boliviana democrática derrotarlos a todos? A la pandemia COVID 19, al cocalero Morales y a sus masas.

Si resistimos, los derrotamos.

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