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Tiempo político desapacible, irreflexivo y triste

Susana Seleme Antelo

Desapacible, irresponsable y opaco.  Así se pinta el escenario político boliviano en medio de las postergadas elecciones por la pandemia de la COVID 19. Irreflexivo, desmemoriado y absurdo, en el que confluyen la furia del partido del ‘ex’ tirano huido y refugiado en la Argentina, y la furia de los candidatos llamados democráticos Jorge Quiroga, Carlos Mesa, Luís Fernando Camacho, sus ‘opinantes’ afines, algunos medios de comunicación y redes sociales para atacar a la presidenta Jeanine Añez Chávez.

¿El motivo de la concentración de estos ataques furibundos desde frentes aparentemente irreconciliables? Un desafortunado, sospechoso y sospechado caso de corrupción en la compra de respiradores, vitales para los enfermos graves víctimas del último corona virus. Aunque el motivo principal es que la candidatura de la presidenta les irrita porque les resta votos, según algunas encuestas, por eso le piden que renuncie a su postulación.

Están en su derecho, en virtud a la libertad de expresión, cierto. Solo que, en política, el factor oportunidad y el bien mayor, juegan un rol vital, viviendo como vivimos un plan de desestabilización del MAS contra la democracia y el gobierno, merced a múltiples componentes territoriales, mediáticos e institucionales.  El ‘ex’ quiere volver a ejercer el poder del que dispuso 14 años, sin que muchos de los que hoy se rasgan las vestiduras, dijeran esta boca es mía frente a las violaciones al Estado de Derecho, el desmedido abuso de poder y el fraude contra el voto popular, no solo en las elecciones pasadas de octubre 2019, sino en los largos años del llamado ‘proceso de cambio’.

Hoy, la impaciencia los carcome por el hasta ahora buen manejo del gobierno frente a la COVOD 19, en medio de la miseria sanitaria que dejó el cocalero huido. Unos y otros echan basura a diestra y siniestra sin guardar el más mínimo respeto por la presunción de inocencia y el debido proceso, en el caso de los ya imputados por los respiradores, principios que debiera guardar toda persona que aspira a ser hombre de Estado.

Que el ‘ex’, no lo hubiese guardado nunca en sus despóticos 14 años, los asemeja. Que los hechos deben ser aclarados ¡claro que sí! Pero no es solo exigiendo que se aplique “todo el peso de la ley”, sino guardando los principios de la ley. ¿Cuál Ley, la que tiene los ojos vendados para aplicarla con total imparcialidad, o la que sigue en manos del partido del cocalero, pues toda la estructura del Poder Judicial responde a sus prácticas de dominación total? Dos veces fuimos llevados a legalizar con el voto la elección de magistrados. Las dos veces ganaron los blancos y nulos.  No obstante, el ‘ex’ conformó un Poder Judicial a su imagen y semejanza para beneficio propio.  Y sigue en ejercicio, a pesar de que el cocalero está hace 6 meses huido y refugiado.  ¿Por qué?

Cierto que el tiempo político no se remite solo al enemigo principal: el ‘ex’ y su partido, quienes llevan adelante su estrategia de acecho-confrontación-destrucción-narcotráfico sin pausa. El tiempo político exige acción política desde el propio gobierno con los demás sujetos políticos. En democracia, como pensaba Hannah Arendt, el poder debiera gestionarse sobre la base de la acción concertada, del diálogo y los pactos. Es decir, tomar en cuenta la pluralidad democrática. Es una buena acción política, más allá de las diferencias.

Que sepamos, ninguno de los furiosos pidió comisión alguna para investigar la corrupción y el despilfarro, por ejemplo, en la compra del avión Falcon 900 EX Easy francés que costó $us 39 millones y que el cocalero usaba hasta para visitar a sus ‘novias’.  Ni sobre el edificio de UNASUR, de $us 60 millones; ni sobre la fábrica de Amoniaco y Urea por $us 843 millones; ni sobre el tráfico de influencias con la empresa China CAMC, para favorecer a una antigua pareja del cocalero por $us 560 millones de dólares. Tampoco sobre la faraónica “Casa del pueblo”, por $us 32 millones, ni acerca del ingenio azucarero San Buenaventura, con una inversión $us 265 millones; ni sobre el Aeropuerto Internacional de Chimoré, en la región cocalera de Chapare, por $us 34,5 millones, sin pasajeros. Y una larguísima lista de corrupción sistémica y sistemática comprobada, sobre la que nunca reclamaron conjugar la ética con la ley, ni tuvieran la misma furia que ahora ejercitan.

Y que hoy algunos exijan elecciones ¡ya! como exige el MAS, cuando la curva de la pandemia aún no ha llegado al pico de mayor crecimiento, habla de un tempo político desapacible, irresponsable y opaco. ¿Percibirán que podrían estar asfaltándole el camino al candidato del MAS, el ex ministro de economía, responsable de malgastar los excedentes de la bonanza por los hiperprecios de materias primas? Asfaltar ese camino es, de suyo, el retorno del cocalero, quien desde su cómodo asilo comanda a sus bases para que rompan la cuarentena, bloquen caminos, destruyan carreteras, vuelen ductos de agua, apedreen a enfermeras, personal sanitario y amenacen con quemar centros de salud.

Bolivia está viviendo la disyuntiva entre dos opciones o proyectos de país: la estabilidad democrática con elecciones cuando la pandemia haya cedido, o el regreso al pasado de abusos, confrontación y muerte del cocalero y el MAS.

Desapacible, irresponsable y triste tiempo político que exige reflexión política y diálogos políticos. Ni furia ni soberbias políticas.

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