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Elecciones y pretensiones dictatoriales

Marcelo Ostria Trigo

Las próximas elecciones generales –que debían ser las que rescaten la legalidad y la democracia– increíblemente están sujetas a que se acepte o no la pretensión del expresidente Evo Morales Ayma de ser candidato a Senador por el Departamento de Cochabamba. Esto no sorprendería, si no fuera porque la ley establece que, para terciar como candidato a una representación congresal, se requiere haber residido, por lo menos dos años en la jurisdicción donde se pretende ser elegido y no ser acusado de delitos flagrantes. Está claro que el interesado no cumple con estos requisitos.

La intención del refugiado en la Argentina es ahora el objetivo central del Movimiento al Socialismo (MAS). Se procura presentar como candidato, pese a contradecir las leyes, se lo ve intocable y todopoderoso. Esta actitud viene con amenazas de bloqueos y protestas violentas, como siempre fue el estilo de hacer política de esa facción partidaria. Por otra parte, habría reacción de quienes se oponen al retorno a un sistema populista.

Sin embargo, lo anterior solo se refiere a las normas que regulan los esfuerzos para llegar al poder; en este caso para recuperarlo. Pero lo lamentable es que aún no se repara en las intenciones masistas de establecer paulatinamente una dictadura, como las que rigen en Cuba, Venezuela y Nicaragua. En realidad esto marca la línea del MAS y, para darnos cuenta de sus intenciones, es suficiente el clarísimo alineamiento de Morales expresado en la Cumbre del ALBA en Caracas y en defensa de la Cuba castrista: “Yo quiero decirle (sic) a los miembros de la OEA, aquí yo quiero declararme marxista, leninista, comunista, socialista. Ahora que me expulsen, ahora quiero que me expulsen de la OEA”.

Por otra parte, si se niega la candidatura de Morales, el enfrentamiento, los bloqueos y las manifestaciones agresivas, seguramente se repetirán obstinadamente si se confirma la exclusión del Morales como candidato del MAS como senador por Cochabamba. En caso contrario, es decir si se le permite ser candidato, se desafiaría a un pueblo que en noviembre de 2019, se manifestó en contra de la ilegal pretensión del masismo de eternizarse en el poder. Ya lo dijeron los masistas al inicio de su gestión, en 2006: “No hemos llegado (al poder) como inquilinos, vinimos para quedarnos quinientos años”. Fueron solo catorce años, pero con violencia, corrupción, persecuciones políticas, protección al narcotráfico, afán de enriquecimiento, indiferencia por las carencias de la salud y la educación, y probada ineficiencia.

Este pretendido retorno, definitivamente es rechazado por la mayoría ciudadana. Es que el MAS ha mostrado que el estatismo, en una mezcla con un populismo agresivo, no solo es retraso y pobreza de las mayorías, sino desembozada dictadura, como en Cuba y Venezuela.

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