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El deber de la memoria, a la memoria de Harold Olmos

Por: Susana Seleme Antelo

El libro “Labrado en la memoria” de José Harold Olmos Mercado (+) fue eso: un libro para recordar y anticipar lo que vendrá después, en desmedro del ejercicio del Derecho como civilización jurídica, de la libertad y la justicia, de la deriva sin atajos hacia la “judicialización de la política” o la “politización de la justicia”.

Un libro “para no olvidar” de 750 páginas sobre el llamado ‘caso Rózsa’, o ‘complot contra las autonomías’, o ‘el juicio político con carátula judicial terrorismo-separatismo’ contra 39 inocentes de Santa Cruz de la Sierra. Un libro donde el autor narra la “larga carrera de maldad, la terrible banalidad del mal” como recordé, citando a Hanna Arendt, en 2017, cuando presenté el libro, y como recuerdo hoy, 2023.

La tenacidad del periodista sin tacha que fue Harold, su profunda dimensión humana, su búsqueda de justicia, nos dejan una obra para anticipar lo que se repetirá en la maloliente justicia boliviana: las “incidencias diarias, las pequeñeces, el poder de la iniquidad, la acción obsecuente con los designios mayores del poder que confirmaban las flaquezas y omisiones de la justicia.”

Desde el miércoles 5 de abril, cuando la esposa de Harold, Cristina, Caty, me dijo por teléfono que había fallecido de un infarto, lo lloré. Lo lloramos, pero celebramos su vida junto a ella, junto a sus hijos, José y Paolita, junto a su familia ampliada, amigas, amigos presentes y ausentes, recordando su legado. “Legado impecable” como escribió otra amiga y colega, Leticia Sainz de Capobianco. Fue su alumna y compañera de oficio en muchas geografías, y él su testigo de matrimonio en el Ecuador de los exilios en los años 80.

Abro el libro y en cualquiera de sus páginas encuentro los rasgos de la identidad de Harold. Cuando describía que el poder político se sobrepone al judicial, o cuando quienes dictan las leyes o la apertura de juicios, donde el poder tiránico esté presente, son los mismos que las hacen cumplir y las ejecutan. Siempre detrás de magistrados, fiscales y jueces que cancelan vidas tras unas rejas, o las cancela con la muerte en vida o la muerte misma. Es el ‘Patria o Muerte’ que él oyó en esa mascarada de juicio, y describió en sus contextos nacionales, internacionales, diplomáticos y geopolíticos.

De pronto, hilé la frase de Margaret Atwood con Harold y su monumental obra, y supe que su legado también está en haber anticipado lo que se repetiría, siempre bajo la batuta del Movimiento al Socialismo, MAS, desde hace 17 años, ya con el ex Morales, ya Arce Catacora, con sus mentores caribeños, otros cercanos y lejanos dictadores.

Se repitió con la expresidenta constitucional Jeanine Áñez, condenada en juicio ordinario por delitos no cometidos, con menoscabo de su derecho constitucional: juicio de responsabilidades. Se repitió con Luis Fernando Camacho, gobernador de Santa Cruz, preso en Chonchocoro, dicen que por terrorismo; con Marco Pumari, preso en Cantumarca, Potosí, por el mismo delito no cometido; con César Apaza, preso en Chonchocoro, enfermo,  dirigente cocalero de Los Yungas, que cultiva la única hoja de coca para el consumo humano, enfrentados con los cocaleros que cultivan la materia prima de la cocaína; con Marco Antonio Aramayo (+) director del Fondo Indígena, preso 8 años por haber intentado salvar ese Fondo, creado para bienestar de indígenas, no para beneficios personales. Las incontables torturas físicas y psicológicas lo mataron y falleció enfermo con 250 procesos en su contra. Se repitió con Elvira Parra, dirigente de ese Fondo también, presa durante 7 años, con 150 procesos por haber denunciado malos manejos, inocente hoy, con detención domiciliaria.  Se repite con la exministra de Salud, María Eidy Roca, con secuelas postcovid, impedida de recibir tratamiento adecuado, encerrada “en el perímetro de su vivienda, como alternativa a la cárcel”, como describió Harold a los imputados del ‘caso’ en esa condición. Hay cerca de 200 presos políticos, militares y policías incluidos.

Harold quería escribir una segunda parte con las anécdotas no contadas de aquellos días y el final que tuvieron los 39 imputados. Su precaria salud se lo impidió.  Mientras escribía, sí constató, “que estaba ante un caso que incluía mucho de la historia boliviana contemporánea”, cruzada por el exceso de poder político y el ejercicio de poder clientelar, populista, con ínfulas totalitarias, aquí, en el vecindario y más allá. Los mismos procedimientos antijurídicos, la deshumanización de la justicia, que repite el actual régimen y pretende aplicar al expresidente Carlos Mesa, a los líderes cruceños, Rómulo Calvo, Vicente Cuellar y Reinerio Vargas, que lideraron 36 días de paro; a toda persona que haga uso de su libertad ciudadana, su pensamiento crítico y reclame justicia, como el gremio de periodistas.

Nunca serán suficientes las gracias a Harold Olmos por su fidelidad y por recordarnos que la memoria no solo es recordar sino anticipar lo que viene.  Los dejamos hacer entonces, y lo volvieron a hacer. Lo seguirán haciendo si la sociedad civil y política boliviana no se los impide. Gracias Harold, muchas gracias.

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