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Humberto Vázquez Viaña: animista, hereje y elfo

“Soy animista”, me confesó Humberto Vázquez Viaña un día de abril de 2011. Lo hizo en medio de un intercambio de correos a través del cual coordinábamos el trabajo de corrección de su libro Dogmas y herejías en la guerrilla del Che. El título había sido sugerido por uno de sus amigos más entrañables, también principal provocador para que Humberto se sentara a escribir todo el pensamiento y las reflexiones con las que solía animar intensas y provocadoras tertulias sobre una de las vivencias que más marcó su historia personal: la guerrilla del Che Guevara en Bolivia. Fue un título cabal, sin duda, que lo pintó a él de cuerpo y alma como un libre pensador capaz de desafiar, entre otros, los dogmas que emergieron de la guerrilla de la que había sido parte.

Hoy me alivia saber que el animismo era su creencia, porque entonces podemos decir que Humberto no ha partido para siempre. Su fuerza vital sustancial continuará presente en todos los seres animados, tal como él creía. Lo hará a través de la fuerza de su espíritu, esa fuerza que le permitió sobrevivir a la guerrilla, liberarse de dogmas y cadenas mentales, enfrentar dolorosas y largas batallas contra los males que minaron su salud, hasta dejarlo ciego, y algo más que me parece extraordinario y digno de un elfo, que también él era: ser capaz de seguir viendo más allá y mejor que muchos otros videntes que han perdido el sentido de la crítica, que es peor. Sólo criaturas especiales que parecen tener poderes mágicos son capaces de alcanzar esa trascendencia.

No estoy endiosando a Humberto, algo que estoy segura le disgustaría y mucho. Sólo estoy recurriendo a una figura que podría ser el equivalente masculino del hada, a la que él solía aludir para agradecer todo tipo de colaboración recibida en la consecución de sus proyectos de investigación y escritura. “Si fuera cristiano o judío, diría que eres un ángel, pero como soy animista, digo que eres un hada del bosque”, escribió una vez. Yo digo ahora que Humberto es un elfo, pero no uno cualquiera, sino uno especial que nunca dejará de ir rompiendo dogmas, que siempre nos alentará a hacer lo mismo ya sea a través de la lectura de los textos que nos legó su talento de investigador y de escritor, o a través de su espíritu que, también estoy segura, estará en contacto con nosotros después de su muerte.

Uno de esos textos guardaré y releeré con especial interés y determinación. Me refiero al que ya cité, Dogmas y herejías de la guerrilla del Che, editado por Editorial El País. No porque se trate del Che, hecho mito y leyenda, sino por las lecturas hechas a partir de la historia y del personaje central de la misma, pero que transcienden a ambos y nos permiten extrapolar las reflexiones que Humberto hace sobre la guerrilla, el Che, la revolución cubana, la militancia política, el ejercicio militar y la defensa del territorio y de los ideales, a tantos otros temas hoy más vigentes que nunca, como son los de la construcción de mitos, la imposición de dogmas, el culto a la astucia y a la fuerza, a la impostura y a la manipulación, como renovadas y mejoradas malas prácticas políticas.

Prácticas políticas que demandan a su vez, y con urgencia, más “herejes dispuestos a rebelarse contra el pensamiento congelado, el dogma, muchas veces impuestos por la fuerza”, sin renegar por ello de la ideología, sino manteniéndose dentro de sus límites, como lo puso Humberto por escrito en la introducción de Dogmas y herejías…. Herejes dispuestos, además, a buscar “nuevas formas de pensamiento o interpretación de la realidad, que en ciertos casos chocan con los intereses sociales o de poder establecidos”. Que así sea, le digo a Humberto, al elfo, al hereje, al animista del siglo XXI.

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