ArtículosIniciosemana del 12 de AGOSTO al 18 de AGOSTOWinston Estremadoiro

Delirios de grandeza

Estamos en el mes de la Patria. En Cochabamba seguirá el jolgorio con la festividad de Urkupiña, ojala sin que las cerveceras hagan su agosto con tanto peregrino inclinado más al dios Baco que a fervor mariano. No estaré en la ‘entrada’. A pesar de codazos de mi atormentadora, miraré la tele para indagar del cambio cultural (miente el antropólogo), o solazar mis ojos (piensa el viejo leño verde), con bellezas cuyas prendas íntimas han ido de braga borlada a tanga, y quiero ver cuándo serán hilo dental con depilación a la brasileña. Luego vendrá septiembre, mes de la primavera, del amor y de la gracia juvenil, dice algún poeta cursilón. “El cauta reverdece y el huamanguito florece”, canta el venezolano Simón Díaz y pocos sabrán que el llanero habla del cautín, un tipo de pasto, y que Huamanga, la provincia peruana, dio nombre a una variedad de banano.

¿Por qué en víspera de jolgorio septembrino, insisto en sardonia tristona de la realidad nacional? Es que en los fastos se desboca la grandilocuencia de mentiras politiqueras. No es necesario un análisis comparativo de discursos. El Presidente asevera que nuestro país es “referente internacional”. ¿De qué?, preguntará la oposición. Dentro sus leales, alguno cuestionará en sus adentros si no es cantar victoria antes de la gloria, así se refiera al manejo económico en tiempos de crisis. Porque el auge de materias primas está en bajada. Revienta la burbuja china.

Según Esteban G. Manrique, los ‘superciclos’ de boom mineral duran tres décadas. Desperdiciados van diez años, causados por anomia social desestabilizadora previa a la asunción de Evo Morales. Agüeros predicen una victoria más apretada en el 2014, con malgasto electoralista y la oposición dividida. Perdida más de la mitad de tres décadas del auge mineral, quedan 15 años que quizá también se desaprovecharán. Sufriremos el otoño no de patriarcas, sino de padrastros abusivos de la patria, de siempre.

La otra madrugada, insomne, aproveché la vigilia leyendo a Manuel Frontaura Argandoña en una ponencia sobre el problema marítimo, del compendio “Doctrina y política internacionales de Bolivia”, de la mesa redonda auspiciada por el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), dirigida en 1983 por un estudioso Ramiro Arze Barrientos (Editorial Serrano, 1991).

Comparada con payasadas del vicepresidente García Linera, insistiendo en que Bolivia es ya una potencia, el sabio cuyo busto pocos saben que inicia una avenida en Cochabamba, compartía conmigo que gentes y países deben adecuarse a sus circunstancias. Propuso un curso de acción partiendo de abordar la recuperación nacional sobre bases realistas.

Opino que sus premisas son buenas para pinchar globos de babosadas, como la pretensión de pesar fuerte en el mundo, que me recuerda al “pisar fuerte en el Chaco” que llevó a perderlo. Sin actitud auto-flagelante y menos mendicante, reconocer que somos el país más pobre de Sudamérica, y el más despoblado. ¿Comparado a qué? Pues a nuestros vecinos. Por ceca o por meca, por guerra aviesa o diplomacia chambona, se ha perdido territorio con todos ellos: Bolivia se debe guiar por la estrella polar de que los países no tienen amigos, sólo intereses.

No es solo cosa de comparar nuestro producto nacional bruto (PNB) con el de los vecinos. Urge contrastar la realidad de fronteras contiguas. ¿Por qué Tarija tiene menos salud, educación y caminos que sus vecinos Salta y Jujuy, a su vez atrasadas en relación a otras regiones de su país? Estudiemos la situación de Beni con Rondonia y Matogrosso, de Pando con Acre y Madre de Dios, de Santa Cruz con Matogrosso do Sul, de Potosí con Antofagasta, de Oruro con Tarapacá, de La Paz con Puno.

¿Qué queremos? Pues ni ser Afganistán andino ni país tapón: Bolivia será nación integradora del subcontinente. No es lo mismo que ser país de paso de Brasil, alimentador de carga a puertos chilenos, y proveedor de materias primas al mundo. Bolivia tiene el as bajo la manga de ser cintura sudamericana: la integración subcontinental a la larga no puede prescindir del país. Entonces, que la conexión carretera o de cualquier índole en nuestro país conlleve también objetivos nacionales.

Líderes reunidos en Montevideo enrostran que la población mundial es joven y más aún la de Latinoamérica. La de Bolivia es púber y peor aún, sin futuro, salvo la emigración que a corto plazo engorda con remesas, y a la larga, condena al país a viejitos que han dado lo mejor de sí a otras patrias y retornan a morar en mamarrachos provinciales o vegetar en apartamentos citadinos. Exhortan a invertir en la juventud, la que más sufre el desempleo, la desigualdad y la estigmatización, dicen. En Bolivia son mayoría.

¿Por qué no poner los quintos de las reservas en los jóvenes, en vez de aumentar el gasto público en comprar aviones para mandamases? Invertir en educación y cambiar la mente derrotista en estirpes futuras, que los viejos, cual árboles torcidos de inicio, ya no enderezarán. Suplica Frontaura Argandoña: amar y tonificar Bolivia impidiendo su saqueo; que sea “un país respetable y respetado, económicamente desarrollado como nación y no como minorías explotadoras”.

Pero estoy soñando. El Presidente sigue con la delusión de referente internacional chuto. Su ideólogo niega el mestizaje latinoamericano, variante boliviana, y delira que el país es potencia mundial. El Canciller vive en el año aymara 5521, pensando en el próximo “ajtapi” con diplomáticos que se ríen por dentro.

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