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Entendiendo la subjetividad: no puede haber sujeto sin subjetividad

Por: Paola Marielle Madrid Leiva

El concepto de subjetividad como un elemento esencial para comprender al ser humano, en contraste con la tendencia histórica de la psicología científica a minimizarlo. A partir de Silvia Bleichmar, se plantea que la subjetividad es el espacio donde se articulan las experiencias individuales con los discursos sociales y culturales. Se hace un recorrido histórico-filosófico (desde Descartes hasta Kierkegaard y Kant), mostrando cómo la idea de sujeto pasó de ser mero “sustrato” a convertirse en conciencia, experiencia vivida y sentido existencial.

Abstract:

This article addresses the concept of subjectivity as an indispensable axis for understanding
human beings and their psyche. It questions the reductionist view that academic
psychology, particularly from behaviorism and certain cognitive-behavioral approaches, has
promoted by considering subjectivity an obstacle to scientific soundness.
Beginning with a historical-philosophical overview, the article shows how the notion of
subjectivity has evolved from Descartes, Kant, and Kierkegaard, to be re-signified by
contemporary authors like Silvia Bleichmar. It examines historical critiques of subjectivity
from behavioral psychology and the social sciences, as well as the importance that
anthropology has granted to subjective experience.
Finally, recent findings on the efficacy of psychodynamic and integrative therapies are
presented, demonstrating that subjectivity is not only relevant for theory but also has
quantifiable clinical effects. The article concludes that a psychology that integrates
objectivity and subjectivity can respond more humanely and effectively to the complexities
of psychological suffering.

Resumen:

El presente artículo aborda el concepto de subjetividad como eje indispensable en la
comprensión del ser humano y su psiquismo, cuestionando la visión reduccionista que la
psicología académica, particularmente desde el conductismo y ciertos enfoques cognitivoconductuales,
ha promovido al considerarla un obstáculo para la solidez científica.
A partir de un recorrido histórico-filosófico, se muestra cómo la noción de subjetividad ha
evolucionado desde Descartes, Kant y Kierkegaard, hasta ser resignificada por autores
contemporáneos como Silvia Bleichmar. Se examinan críticas históricas a la subjetividad
desde la psicología conductual y las ciencias sociales, así como la importancia que la
antropología ha otorgado a la experiencia subjetiva.

Finalmente, se presentan hallazgos recientes sobre la eficacia de terapias psicodinámicas e integrativas, evidenciando que la subjetividad no solo es relevante para la teoría, sino que también tiene efectos clínicos cuantificables. Se concluye que una psicología que integre objetividad y subjetividad puede responder de manera más humana y efectiva a las complejidades del sufrimiento psíquico.

ENTENDIENDO LA SUBJETIVIDAD

No puede haber sujeto sin subjetividad.

Silvia Bleichmar sostiene que el ser humano aprende por confianza en el otro. Un niño no sabe que dos más dos es cuatro, pero si un adulto se lo dice, él cree que es verdad. Lo mismo sucede con las estructuras jerárquicas; si un maestro lo afirma, se asume que es verdad.

En la universidad, se enseña el término subjetividad de manera peyorativa, como aquello que carece de objetividad, de estructura y de validez.

Sin embargo, eso es únicamente el resultado del eterno debate entre la filosofía y la ciencia, pues este término, en filosofía, es el punto de encuentro entre la historia individual y el mundo social. Es lo que se es, una identidad formada por la experiencia única y, a la vez, moldeada por la cultura, la época y los discursos sociales en los que se crece. Todo lo que abarca la historia personal.

Es totalmente inconcebible estudiar la mente humana y querer analizar a la persona y el contexto en el que se desarrolla, pensando que la subjetividad es algo que se debe sacar de la ecuación. Cuando es la subjetividad misma la razón del estudio.

Dejar al sujeto desubjetivado es lo mismo que decir deshumanizar al humano. Pero eso en la academia no se enseña.

S. Bleichmar (2006) dice que la subjetividad es el lugar donde se articulan los enunciados sociales respecto al Yo. No es sinónimo de todo el aparato psíquico, sino que se diferencia de la constitución del psiquismo.
La producción de subjetividad es un término que ella utiliza para referirse a la forma en que las sociedades determinan las maneras en que se constituyen los sujetos, con el fin de que puedan integrarse a los sistemas que la sociedad les ofrece. Es decir que es aquel conjunto de normas, símbolos y estructuras en donde el sujeto se desarrolla y crea su psiquismo para participar dentro de esta como un ser individual.

Repasando en la etimología, la palabra subjetividad tiene sus raíces en el latín subiectus, que significa «estar debajo de» o «ser arrojado debajo». Originalmente, en la filosofía griega y medieval, un «sujeto» era el sustrato o la base de un objeto. Era la sustancia que subyacía a sus propiedades. La subjetividad como experiencia individual aun no estaba concebida.

El concepto cambia radicalmente en la filosofía moderna con René Descartes en el siglo XVII. Con su famosa frase «Pienso, luego existo» (Cogito, ergo sum), Descartes invierte el significado y establece al sujeto como un ser pensante, una conciencia individual que es el punto de partida de todo conocimiento. La realidad se fundamenta en este «yo», en esta conciencia que puede dudar de todo menos de su propia existencia.

Después, Immanuel Kant profundiza en esta idea, argumentando que la subjetividad no solo es el punto de partida, sino una estructura activa que da forma a la realidad. Para Kant, el sujeto no solo «piensa», sino que usa categorías mentales de tiempo y espacio para organizar el mundo que percibe.

En el siglo XIX, el filósofo danés Søren Kierkegaard lleva la subjetividad a un plano existencial. Para él, la verdad más profunda no es un hecho objetivo, sino algo que el individuo se apropia con pasión y compromiso. Su famosa frase «La verdad es la subjetividad» enfatiza que el significado de la vida se encuentra en la experiencia interna de cada persona, en su fe y en sus elecciones personales.

Cuando nos referimos a la subjetividad entonces, nos encontramos con un rico y denso compendio de factores que hacen al individuo, no a un defecto en un número estadístico. Bien dijo Pascal “hay razones del corazón que la razón no entiende” esto, más allá de una frase romántica, trata de hablar de razones no solo de carácter lógico, razones que abarcan la existencia, el propósito, la ilusión y el anhelo.

La psicología basada en ciencia, como les gusta pretenciosamente llamarse, a esa rama particular de la psicología, que ha sabido reducir el término de subjetividad a algo que exige no ser tomado en cuenta. Y es este grupo de personas, porque hay que aclarar y separarlas de las contribuciones positivas que tiene la TCC al beneficio de la psicología, y la intervención clínica, de los fanáticos que se cierran en preceptos viejos y reduccionista de la experiencia humana y se dedican a desinformar y a fomentar una aversión a todo aquello que no sea “ciencia”.

Es ridículo en pleno siglo XXI seguir con el debate de la subjetividad como algo a cauterizar, pero a un tema tan antiguo, citas aún más, Watson (1913) dice: la psicología debe abandonar la introspección subjetiva para convertirse en una ciencia natural. Dejando en claro que la subjetividad es un obstáculo para la “objetividad científica”

Skinner (1953) equiparaba lo subjetivo con respuestas ‘prejuiciosas’, es decir, distorsiones en el proceso estímulo-respuesta; de nuevo, una postura que reduce la subjetividad a error, sin reconocer su relevancia estructural en la experiencia humana. También agrega que la ciencia es un conjunto de actividades que permiten la búsqueda de un orden, de uniformidades, de relaciones validas en los hechos.

Behaviorismo metodológico en la Stanford Encyclopedia (2000) dice que los estados mentales son entidades privadas que, dada la necesaria publicidad de la ciencia, no constituyen objetos adecuados de estudio empírico. Y bajo esta afirmación se puede deducir lo obvio, claramente si la ciencia busca la estandarización de leyes naturales, la comprensión de la materia, el estudio de los objetos, y por consecuencia obtener respuesta objetivas, los sujetos no vienen a formar parte total de esta rama, por lo menos no, en lo que es la subjetividad de la psique por la multifactorialidad que esta constituye.

Observemos esta contradicción: A veces se ha dicho que «el comportamiento es lo que hacen los organismos». El conductismo se basa en esta premisa y su objetivo es promover el estudio científico del comportamiento. El comportamiento, en particular, de los organismos individuales. No de los grupos sociales. No de las culturas. Sino de las personas y los animales. Enciclopedia Stanford (2023). Si el conductismo busca estudiar el comportamiento humano separándolo de su experiencia vivencial, lo reduce a un mero objeto condicionado. Repetir este tipo de afirmaciones hoy en día no solo es contraproducente, sino que, por el carácter incompleto del enfoque, y por su incapacidad de reconocer la incertidumbre del proceso psicológico. Parece absurdo tener que debatir la importancia de la subjetividad estando ya a merced de las nuevas posturas de ciencia, que buscan las respuestas a través ya de métodos más flexibles y humanos, cuando ya las ramas de las ciencias sociales y las humanidades han tomado la fuerza que por tanto tiempo les tocó luchar.

Charles A. Ellwood (1930) sobre sociología conductista, solo lo físico tiene existencia real… los procesos mentales… no son observables. Por lo tanto, la exclusión gradual de todos los términos subjetivos de las ciencias sociales es la única manera de que estas disciplinas puedan convertirse en verdaderas ciencias. Es comprobable que el reduccionismo no solo ha formado parte de la psicología, sino también en ramas complementarias, esta cita, humorística, sugería que había que dejar de lado la subjetividad en el estudio de las sociedades, para poder ser ciencia, quitando entonces quizás, al humano del estudio del humano.

William James (1890) por su parte hacia una crítica racional a la subjetividad, decía sobre la falacia del psicólogo: es un error de pensamiento en el que un observador asume que su propia experiencia subjetiva o su interpretación es un reflejo objetivo y correcto de la realidad o del estado mental de otra persona. Pero también hay que entender que es la misma subjetividad es la que ayuda a entender y a humanizar el proceso terapéutico. Como se diría desde el psicoanálisis, la transferencia es parte del proceso.

En la antropología, rama a la que también se le atribuyen muchos procesos relacionados con las subjetividad, y en sus inicios (siglo XIX), la antropología quería parecerse a las ciencias naturales. Se centraba en medir cráneos, clasificar razas, observar “costumbres” como si fueran objetos biológicos. Ahí la subjetividad del investigador o del sujeto estudiado era vista como un estorbo.

Luego, autores como Clifford Geertz, mencionaban que la disciplina giró hacia la idea de la descripción densa: que comprender a una cultura implica interpretar símbolos y significados, y eso no puede hacerse sin la subjetividad, porque el antropólogo traduce la experiencia vivida.

De hecho, Geertz llegó a decir que la antropología es una “ciencia interpretativa en busca de significados” no una ciencia experimental en busca de leyes. O sea, la subjetividad no es un defecto, es la esencia misma de la disciplina.

También hay que reconocer que el desprecio por la subjetividad no es solo una inclinación académica; se inserta en un entramado de intereses económicos y culturales. Como señalan Esposito y Pérez (2014), la salud mental se ha convertido en función del consumismo, reduciéndose a productos que se adquieren para “arreglar” el sufrimiento, de lo cual mencionan también la ambigüedad de los diagnósticos que llega incluso a patologizarse la mayoría de las conductas.

Y esta lógica se filtra directamente en la psicología clínica: la TCC ha ganado tanto terreno no solo por su evidencia, sino porque es funcional al sistema, recibe altos niveles de financiamiento público y privado, incluida la industria farmacéutica, algo que plantea la pregunta de quién se beneficia realmente con su “éxito”.
La predominancia de este discurso contrasta con diversos estudios que evidencian los beneficios y la eficacia de los otros enfoques. Por ejemplo: (Orvati Aziz, Mehrinejad, Hashemian & Paivastegar, 2020) descubrieron, en un estudio denominado Terapia integrativa (psicoterapia psicodinámica a corto plazo y terapia cognitivo-conductual) y terapia cognitivo-conductual en el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada: un ensayo controlado aleatorio. (Integrative therapy (short-term psychodynamic psychotherapy & cognitive-behavioral therapy) and cognitive-behavioral therapy in the treatment of generalized anxiety disorder: A randomized controlled trial), demostró que resultados del estudio indican que la eficacia tanto de la terapia cognitivo-conductual como de la terapia integrativa en el tratamiento de la ansiedad generalizada у la terapia integrativa fue más efectiva en el tratamiento de la ansiedad generalizada en comparación con la terapia cognitivo-conductual.

Lopresti, A. L., Smith, S. J., Metse, A. P., Foster, T., & Drummond, P. D. (2024). Viabilidad y eficacia de un tratamiento breve e integral para adultos con depresión y/o ansiedad: un ensayo controlado aleatorizado. Este estudio investigó una nueva terapia integrativa llamada Terapia PI para tratar la depresión y la ansiedad, comparándola con la terapia cognitivo-conductual (TCC). En un ensayo de 6 semanas con 48 adultos, los resultados mostraron que la Terapia PI (sola o con suplementos) fue tan efectiva como la TCC para reducir los síntomas de depresión y ansiedad. Sin embargo, solo el grupo que recibió la terapia PI con suplementos experimentó una mejora significativa en la calidad del sueño. Estos hallazgos sugieren que la Terapia PI es una opción comparable a la TCC, con el beneficio adicional de mejorar el sueño si se complementa con suplementos.
También múltiples estudios respaldan que la psicoterapia psicodinámica, especialmente a largo plazo, produce mejoras sostenidas. En trastornos complejos, LTPP tiene efecto size de 1.8 –el paciente sale mejor que el 96 % del grupo control, y mantiene ese efecto con el tiempo Leichsenring & Rabung (2008).

Leichsenring & Leibing (2003) comparando psicoterapia psicodinámica y TCC en trastornos de personalidad. La psicodinámica mostró efectos más fuertes en medidas externas.

En trastornos de personalidad, superan en resultados a la TCC Leichsenring & Rabung (2011) mostraron con una revisión sistemática de estudios sobre LTPP en distintos contextos clínicos. Estos mostraron mejorías sostenidas en síntomas y funcionamiento.

Incluso en depresión crónica, ambos enfoques (psicoanalítico o TCC) logran mejoras similares y duraderas, con tasas de remisión de más del 60 % En ansiedad social muestran eficacia equivalente a los dos años. Y ya existen metaanálisis que reconocen su equivalente eficacia cuando se mide con rigor metodológico Leuzinger-Bohleber et al. (2019).

La evidencia de efectividad en enfoques que fomentan la subjetividad en el sujeto puede no ser suficiente por la constante repetición del discurso de la necesidad de la psicología moderna de sentarse en bases sólidas, en modelos que no carezcan del rigor científico positivista cientificista, sean las necesidades tal vez el proteger de las constantes charlatanerías que acompañan a la práctica psicológica, o tal vez por una necesidad consumista de favorecer a las casas farmacéuticas que se gozan en patologizar las conductas a las que normalmente llamamos “desadaptadas”, pero el caer en polos, o en tratar de separarlas solo parece estar atrasando los avances de una ciencia, que al igual que la antropología, deba llamarse interpretativa, que también busca los significados, y que se apoya en la subjetividad, pues es a través de esta es que hay una razón para estudiar al otro, y que también es a través de la misma que se puede tener una relación intersubjetiva., de entender al individuo bajo todas las ambigüedades que le acompañan como ser emocional.

Aunque el documento contenga comentarios crudos y burdos sobre las mutilaciones actuales de algo tan necesario como la subjetividad, el objetivo es visibilizar los potenciales de ambos conceptos, con objetividad tenemos estructura y por ende un enfoque consistente y practico, pero la subjetividad nos permite conectar con la historia personal, la puerta al psiquismo íntimo, a la humanidad.

Bibliografía

Bleichmar, S. (2006). La subjetividad en riesgo. Buenos Aires: Topía Editorial.
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•Lopresti, A. L., Smith, S. J., Metse, A. P., Foster, T., & Drummond, P. D. (2024). Feasibility and efficacy of a brief integrative treatment for adults with depression and/or anxiety: A randomized controlled trial. Journal of Affective Disorders, 351, 100–110. https://doi.org/10.1016/j.jad.2024.02.001
•Orvati Aziz, R., Mehrinejad, S. A., Hashemian, P., & Paivastegar, A. (2020). Integrative therapy (short-term psychodynamic psychotherapy & cognitive-behavioral therapy) and cognitive-behavioral therapy in the treatment of generalized anxiety disorder: A randomized controlled trial. Journal of Contemporary Psychotherapy, 50(4), 289–298. https://doi.org/10.1007/s10879-020-09464-1
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