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Brasil entre sombras judiciales y tensiones geopolíticas

Por: Ángel N. Salas

Uno de los tantos puntos de la política del presidente Trump con nuestro lado de América se encuentran en sus interacciones recientes con la república federativa del Brasil, motivados principalmente por la posición ideológica del país frente a la figura de su actual mandatario, Luiz Inácio da Silva, quien ha dirigido una persecución del defenestrado y controversial expresidente Jair Bolsonaro, el cual fue judicialmente sentenciado a un arresto domiliciario.

Siendo seguramente la razón real por la cercanía del último con los republicanos estadounidenses, especialmente con Donald Trump han vuelto su proceso más dramático, y, creando la tensión diplomática se ha traducido además de tarifas en diversos intercambios agresivos o pasivo-agresivos entre Brasil y Washington.

Uno de los motivos de esta controversia es que además de ser un gobierno con una posición ideológica poco amigable a Washington es la asociación del Brasil con el bloque BRICS, un pretendido bloque alternativo contra la hegemonía que se traduce en un fondo de cooperación económica con muchos altibajos —no es necesario tocar las fricciones notorias entre China e India — ya que Brasil desde decadas atrás exporta y genera ganancias con mercados africanos y asiáticos (especialmente en Oriente Medio) además de claramente el sudamericano. Lula además es una de las figuras militantes en desdolarizar las economías del bloque y amistosas con la misma.

Aunque es cierto que Lula es la figura del PT no quita que tanto por la edad como por lo diverso del partido el gobierno haya quedado más relegado a la inercia burocrática.

También la ambición de Lula está en posicionarse como el líder de la izquierda americana, aunque ese mismo financiamiento y apoyo a otros regímenes no es recíproco. Véase el caso omiso hecho hacia Caracas en sus intentos de aliviar tensiones o llegando a imponer tarifas en productos brasileños. Esto más que ayudar regionalmente le ha causado un efecto colateral, puede mencionarse como el cambio de régimen de Argentina ha contribuido al enfriamiento de relaciones entre ambos. Súmese a ello los rumores que Bolsonaro está buscando refugio en la embajada peruana, como un castigo por cancelar la colaboración del caso Lava Jato y refugiar a la ex primera dama Nadine Heredia.

Eso también ha impactado domésticamente, donde la situación es más compleja. Aunque es cierto que Lula es la figura del PT no quita que tanto por la edad como por lo diverso del partido (con facciones tan variopintas como socialdemocracia progresista a izquierda revolucionaria) el gobierno haya quedado más relegado a la inercia burocrática.

Siendo el personaje principal de la trama el juez Alexandre de Moraes, que se estableció como cabecilla de una «dictadura judicial» (o coloquialmente en portugués denominada juizocracia), donde los jueces controlan la política y los partidos y sus dirigentes dependen de ellos. Moraes es, en realidad, el mandatario en la sombra del gobierno de Lula, el cual usa las herramientas del Estado para marginar a su oposición tanto dentro del partido como sus rivales y que ha intentado implementar medidas de vigilancia en masa que suelen ser burladas gracias a las carencias infraestructurales del Brasil.

Siendo tal vez el mérito actual de las derechas brasileñas la oposición férrea a Moraes e incluso llegar a recolectar firmas para comenzar un proceso de destitución y el obstruir la discusión de medidas judiciales contra Bolsonaro.

Mientras que el petismo es tuerto, las cabezas de las derechas brasileñas llegan a ser ciegas, ese es el caso de la retórica de Bolsonaro, el cual sin dudarlo ha buscado perfilarse como liberador desde su exilio miamense, aunque se nota que es más que nada útil a los intereses de Marco Rubio, personaje sospechoso desde diversos ángulos. Lo cual choca porque Bolsonaro, incluso al haber sido como presidente muy cercano (sacrificando aspectos soberanistas de su programa, como las reinvindicaciones de la otrora junta militar) a Washington mostró autonomía en su gobierno, fácil demostración es su apoyo al BRICS.

Siendo tal vez el mérito actual de las derechas brasileñas la oposición férrea a Moraes e incluso llegar a recolectar firmas para comenzar un proceso de destitución y el obstruir la discusión de medidas judiciales contra Bolsonaro.

Mientras que las tensiones siguen en vilo el impacto de las mismas a Brasil a la región y el mundo son indiscutibles , especialmente por la ironía que la comunidad puramente hispanoamericana se ha construido infraestructuralmente por el PT, una agrupación que en un grado menor o mayor está en contra de nuestra sociedad y cultura , tanto en el Brasil como entre sus aliados regionales. Esas crisis políticas deben recordarnos al sueño y reinvindicación del pensador católico Galvao de Sousa, que buscaba crear el entendimiento entre la América española y la lusitana para así tanto frenar las aspiraciones geopolíticas yanquis como las otras mundialistas, de las que somos sujetas desde nuestro propio nacimiento, desde nuestras propias tradiciones políticas.

Ángel N. Salas

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