Calentamiento Global y Medio AmbienteIniciosemana del 12 de MARZO al 18 de MARZOSylvia Chafuen

USO DEL PLÁSTICO Y CALIDAD DEL MEDIOAMBIENTE

DESARROLLO SOSTENIBLE DE LA POBLACIÓN
Una visión crítica a principios del Siglo XXI

Gran cantidad de las cosas que se ofrecen a la venta tienen en la actualidad el membrete de “verde” como sinónimo de “ecológico”, que no perjudican al medioambiente (MA). Pero lo que los consumidores creen que es bueno, no siempre resulta serlo.

Estudiando los efectos a distancia de la fabricación de productos se ve que el sentido común es un guía bastante pobre con respecto a lo que realmente beneficia o perjudica al medioambiente. En un sorprendente número de casos las elecciones “verdes”, como bolsas de papel, envases de cartón y el reciclaje, utilizan de hecho más energía y generan más contaminación que otras alternativas menos verdes.

Tomemos como ejemplo el de los plásticos, considerados muchas veces como los principales enemigos del medioambiente, versus el papel. Se nos previene que enterrar productos plásticos contribuye a “los crecientes problemas de la contaminación tóxica” y se recomienda preferir siempre envases de papel o cartón a los plásticos.

Sin embargo, si se rastrearan los efectos de la fabricación del papel a través de toda la economía, como debe hacerse, desde el combustible quemado en las sierras utilizadas para cortar árboles hasta la contaminación del aire generada por industrias que fabrican llantas para los vehículos que distribuyen productos de papel, se vería que la fabricación de un vaso de plástico consume menos energía y libera menos cantidad de sustancias químicas al medioambiente de lo que hace la producción del mismo envase pero de papel.

Esto se debe en parte a que un vaso de plástico utiliza menos plástico de lo que uno de papel utiliza papel. Además, los productos plásticos típicos pesan aproximadamente la sexta parte de los de papel que cumplan las mismas funciones. No hay que olvidarse tampoco de que las fábricas de pulpa y cartón, aunque mucho más limpias que en el pasado, siguen generando una cantidad importante de emisiones tóxicas.

La industria papelera de EUA argumenta que la mitad de la energía que utiliza proviene de la combustión de desechos de madera y no del petróleo. Aún así, la presunción de que los plásticos son intrínsecamente grandes consumidores de los recursos naturales, mientras que el papel juega un papel más amistoso con el medioambiente porque sólo utiliza recursos renovables, no soportaría un análisis científico, detallado y meticuloso.

Las facturas por consumo de energía eléctrica no son el único costo medioambiental que mantienen semioculto las fábricas de vasos de papel. Esta industria también consume una gran cantidad de agua, más de 500 veces de la que se requiere para fabricar el mismo peso de poliestireno.

¿Y qué sucede con la cantidad de residuos químicos que producen? Algo similar. La fabricación de poliestireno utiliza sales metálicas que se eliminan en las aguas residuales y ríos, pero la industria del papel también requiere sustancias químicas tales como el cloro y los sulfuros. A nivel mundial las fábricas de vasos de papel eliminan al medio ambiente más del doble de desperdicios que aquellas que los fabrican de poliestireno.

Debemos citar otro motivo por el cual los vasos de plástico y de otros materiales desechables fueron poco populares desde el comienzo. Para poder fabricar un material tan liviano se requería de un “agente inflante” y durante muchos años los fabricantes utilizaron para tal efecto gases cloroflourocarbonados que en determinadas concentraciones y condiciones podrían dañar la capa de ozono, aumentando el llamado efecto invernadero del planeta. Sin embargo, actualmente el poliestireno puede ser “inflado” utilizando un gas hidrocarbonado como el pentano, que no afecta la capa de ozono.

Por otro lado se argumenta que el papel se obtiene de los árboles maderables, los que disminuyen el gas que provoca el efecto invernadero, el dióxido de carbono. El resultado final que se produciría, sin embargo, es irrisorio, ya que la mitad de la energía que se requiere para fabricar un vaso de papel por lo general proviene de la combustión de minerales fósiles, que desprenden este gas, y de todos modos, el carbono del papel retornará eventualmente a la atmósfera por el proceso de biodegradación, que fue la razón principal por la que se defendió esta causa en primer instancia.

Actualmente la industria química está produciendo lo que podría transformarse en el plástico ideal. Las bacterias lo digieren nuevamente a su forma original, dióxido de carbono. Este plástico lleva el nombre científico de polihidroxibutirato y se comercializa con varios otros, el primero de ellos fue Biopol.

Existen dos maneras de degradar un plástico y así facilitar su descomposición más rápida. Una es fabricándolo con un material que sea fácilmente degradable por microorganismos, proceso que se denomina biodegradación. La segunda es fabricar un plástico sensible a la luz solar, de manera que ésta ocasione fracturas en los enlaces químicos del polímero y produzca su ruptura, proceso que se conoce como fotodegradación.

La ciencia dispone actualmente de por lo menos cuatro medios para obtener estos dos tipos de plástico. Para facilitar la biodegradación se fabrican plásticos que pueden ser totalmente degradados por microorganismos, o con un esqueleto en base a almidones fácilmente degradables, quedando luego una armazón muy frágil y que se desintegra. Para favorecer la fotodegradación se pueden incorporar uniones débiles a la cadena del polímero, que se rompen al ser expuestas al sol, o implantar aditivos que atacan al polímero luego de haber absorbido la luz solar. La industria ya produce todos estos tipos de plástico.

Pero la biodegradación y la fotodegradación tienen poco sentido si disponemos de nuestros desechos plásticos quemándolos o enterrándolos como ocurre en nuestro medio. Sorprendentemente también en Europa, una de las comunidades líderes que más se preocupa por la conservación del medioambiente, elimina de esta manera el 85 % de su basura y residuos. Estos procedimientos tampoco facilitan la otra manera de manejar los desechos plásticos: el reciclaje.

Reciclamos el papel y el vidrio, ¿por qué no lo hacemos también con todos los materiales plásticos? Por un lado, simplemente el hecho de que un producto sea reciclable no quiere decir que será reciclado, o de que siquiera vaya a ser una buena idea reciclarlo desde el punto de vista del costo / beneficio.

En EUA, por ejemplo, el papel de periódico reciclado se vendía a U$D 200/ton en 1995 y en agosto de 1996 bajó su precio a U$D 15/ton; los plásticos reciclados bajaron de U$D 0.32/libra a 0.15/libra, mientras los costos de recolectar y seleccionar reciclables aumentaron de U$D 150 a U$D 175/ton, lo que resulta mucho más que el valor de cualquier material reciclado excepto el aluminio.

Los que abogan por el reciclaje por lo general argumentan que el costo extra vale la pena por el bien al medioambiente, reduciendo el consumo de recursos no renovables y evitando la contaminación. Pero muchas veces estos costos adicionales producen a su vez un gasto mayor de energía lo que implica directamente que disminuyen los recursos y generan contaminación.

Pero el motivo principal es que los plásticos no son un material uniforme como lo son el papel y el vidrio. Dos botellas o envases de plástico pueden parecer muy similares, pero si uno está hecho de CPV (cloruro de polivinilo) y el otro de polietileno, el derretirlos juntos no nos dará un material que pueda transformarse en nuevas botellas o envases de plástico. Sin embargo, podemos hacer otras cosas útiles con la combinación de estos plásticos.

En EUA, se han organizado grupos “limpiadores de playas”, donde miles de personas recolectan despojos plásticos que arroja el mar a las playas, y los llevan a plantas de reciclaje donde los derriten y transforman por ejemplo, en bancos para las mismas playas. Esto puede ser una tarea que quizás dé satisfacción estética , pero resulta en un gasto grande de energía si se toma en cuenta el combustible necesario para dicha transformación. Además, es probable que estos bancos tengan una duración muy limitada, ya que la mezcla de plásticos resulta mucho más débil que la de cada plástico en particular. Para solucionar este problema habría que agregar a la mezcla gran cantidad de estabilizadores, sustancias químicas que evitan la degradación.

La degradabilidad, por otro lado, es la solución ideal para aquellos plásticos que no pueden ser recolectados de una manera económica para luego disponer de ellos por otras vías. Estos plásticos degradables son los que se recomiendan para el uso en la agricultura, como embalajes de algodón, redes para aves, protectores para árboles jóvenes y para capas de estiércol, pajas y hojas. En las aguas serían muy útiles para redes de pesca degradables y para cualquier plástico que tuviera que ser descartado fuera de borda, como desperdicio de embarcaciones.

El debate sobre la degradabilidad de los plásticos ha llegado a una reevaluación del verdadero costo de los plásticos “desde el nacimiento hasta la tumba” y parte del resultado depende de cómo disponemos de ellos cuando los desechamos.

El reciclaje de algunos plásticos es posible y el que lleva el liderazgo en este terreno es el TEP (tereftalato de polietileno), con el que se fabrica la mayoría de botellas y envases plásticos. Este polímero también es la base de las fibras de poliéster, que tiene la ventaja de que no se arrugan. Las botellas y otros recipientes fabricados con TEP pueden reciclarse para fabricar trajes y vestidos pero serían mejor aprovechados si se utilizaran en alfombras, chamarras o edredones, como está ocurriendo actualmente en varios países.

De acuerdo a Norman Billingham, de la Universidad de Sussex (EUA), los plásticos no son tan negativos para el medio ambiente como lo cree la mayoría de la gente. El reemplazo de otros materiales por plástico ha redundado en grandes beneficios económicos para la sociedad y el daño que éstos producen puede haber sido y ser sobre estimado.

El petróleo que se quema como combustible diariamente en todo el mundo contribuye directamente al deterioro del medio ambiente, tanto por agregar contaminación tóxica como por producir dióxido de carbono, el agente principal del llamado efecto invernadero y calentamiento global de la Tierra. El petróleo o derivados de él que se transforman en plásticos no tiene estos efectos directos. La cantidad de peces y animales marinos echados en las aguas es ínfimo comparado con el número de los que mueren a consecuencia de derrames de petróleo.

El pedir a los químicos que resuelvan el problema de la basura de los plásticos no enfoca la causa real de este problema: la conducta descuidada e irresponsable del hombre.

La mayoría de la basura plástica que llega a las playas a lo largo de las costas de todo el mundo proviene de embarcaciones y de sus aparejos o equipajes. Un estudio efectuado sobre un barco de carga tipo, con una tripulación de 46 hombres mostró que durante un período de 6 semanas éstos arrojaron al mar 320 cajas de cartón, 165 paquetes frágiles, 19 bolsas de plástico, 2 tambores de plástico, 2 tambores de metal, 245 botellas, 5 vasos, 29 tubos fluorescentes, 370 contenedores plásticos de latas de cerveza y 5.176 latas. Las embarcaciones pesqueras también descartan a las aguas las redes dañadas.

A pesar de esto, la sociedad solicitó una respuesta química, y los químicos la encontraron. Pero surgieron otros problemas: los nuevos plásticos pueden interferir en los esquemas preestablecidos de reciclaje y los plásticos que se degradan producen fragmentos que pueden ser ingeridos por los animales. Así, la degradabilidad no es la respuesta ideal para todos los desperdicios de plástico, tan poco queridos por muchos.

Algunos científicos de la industria del plástico indican que la sociedad deberá hacer, dentro de poco tiempo, su elección entre los plásticos degradables o su reciclaje, y que no se pueden dar ambas cosas simultáneamente. Otros sostienen la posición opuesta.

En términos de peso y volumen los plásticos representan una proporción muy pequeña del total de la basura. El arqueólogo William Rathje, de la Universidad de Arizona (EUA), ha investigado depósitos de basura en diferentes sitios y encontró que los residuos plásticos representan menos del 5% en peso y menos del 12% en volumen. También observó que en estas condiciones anaeróbicas hay muy poca degradación del papel y de los desperdicios alimenticios. Recientemente encontró en depósitos de basura en esa zona, periódicos del año 1952 que parecían “recién salidos de la imprenta”. De sus observaciones dedujo que sólo el 25% de lo que se entierra es biodegradable y que después de 15 años cesa casi por completo la putrefacción. En la mayoría de los casos los plásticos de por sí despiertan emociones fuertes porque se piensa que existe mucha cantidad de ellos. Sin embargo, sólo representan el 3% de la producción anual de petróleo.

Otra manera de ahorrar energía en la eliminación de los residuos de plástico es la incineración.

Los desperdicios de plástico contienen casi la misma cantidad de energía que la del petróleo del cual se obtienen. Dinamarca, Japón y EUA disponen de más de 70% de los desperdicios domésticos a través de incineradores municipales y muchos otros países están eligiendo este método como el más propicio para eliminar la basura.

Si se eligiera esta opción, los desperdicios plásticos se volverían muy importantes porque ayudarían en la incineración de otros desechos domésticos húmedos.

Pero hay quienes tienen prejuicios respecto a la incineración, temerosos de que toxinas tales como la dioxina puedan escapar de las chimeneas de los incineradores si las temperaturas no fueran lo suficientemente altas. Debido a ello algunos países, como Holanda y Austria han desarrollado métodos alternativos y multidisciplinarios con el apoyo de sus municipalidades que están dando resultados muy positivos.

Martin Dennison, jefe de la administración de los desperdicios de la empresa Shell, apunta que de las 23 millones de toneladas de plásticos que fueron fabricadas en Europa en 1989, el 40% fue utilizado para embalajes. Esto puede resultar en ahorros directos de maneras poco esperadas. Por ejemplo, se ha estimado que el cambiar botellas de vidrio por botellas de plástico para bebidas en los aviones ahorra aproximadamente U$D 1.000 por avión al año en facturas de combustible.

Los plásticos pueden resultar ser más amigables desde el punto de vista ambientalista que el papel, que muchas veces se lo defiende como el recurso renovable y biodegradable que todos deberíamos preferir y elegir.

Los ambientalistas atribuyen gran culpa del problema de la basura a la larga vida de los polímeros sintéticos, pero ahora que están apareciendo en el mercado estos nuevos plásticos (incluyendo el alcohol polivinílico, que no causa ningún problema de este tipo ya que simplemente se disuelve en el agua transformándose en dióxido de carbono), el cabildeo está actualmente favoreciendo la utilización y reutilización de estos plásticos.

Hay gobiernos como los de Suecia, Italia y EUA que han dictado leyes por las cuales se hace obligatoria la biodegradación para los plásticos de ciertos tipos de embalajes, como los utilizados para productos de piscinas y sanitarios.

Los supermercados, que manejan alrededor de 5.000 millones de bolsas plásticas sólo en Gran Bretaña, también apoyan con mucho entusiasmo esta política, estimulando a los consumidores para que utilicen y reutilicen sus bolsas de plástico ofreciéndoles un pequeño descuento sobre sus compras. Nosotros, que empezamos a utilizar de forma habitual la envoltura de plástico deberíamos promover algo similar, teniendo en cuenta que los argumentos científicos medioambientalistas hoy favorecen, como hemos descripto, el uso de los plásticos en vez de el papel.

La complejidad del problema ha planteado cierta perplejidad para las empresas que sí quieren ayudar o hacer algo por el medioambiente. Lo que puede ser verde a la mirada del público en general puede no resultar tan verde como pareciera; lo que podría resultar ser lo más verde de todo puede resultar difícil de vender. Por ejemplo, los parachoques de plástico son menos reciclables que los de acero pero son sustancialmente más livianos y mejoran el consumo de combustible por kilometraje, reduciendo el consumo de energía y la contaminación. Hacer componentes de aluminio es un negocio energéticamente intensivo y, desde el punto de vista del medioambiente, bastante complejo; pero el aluminio descartado es valioso, lo que estimula su reciclaje cuando finalice su vida útil. Hace pocos años en EUA el dueño de un automóvil de chatarra tenía que pagar para que se lo llevaran, ahora se le paga de U$D 25 a U$D 30 por el aluminio, el bronce y el zinc que tienen.

En este complicado tema lo más conveniente sería que el énfasis real puesto en el reciclaje fuera, en primer lugar, para diseñar productos de tal manera que sus componentes de valor pudieran ser recuperados fácilmente, disminuyendo así los costos tanto en dinero en efectivo como los indirectos por el costo hora / hombre. Mientras tanto, los consumidores deberían mantener cierto escepticismo antes de pagar más por productos que son clasificados simplemente como verdes y ecológicos.

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