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¿Y Adela Zamudio dónde está?

Susana Seleme Antelo

En este tiempo político electorizado precozmente, con primarias tramposas y contra reloj para habilitar al inconstitucional binomio oficialista Morales-García Linera, ¿vale la pena hablar de Adela Zamudio (1854-1928), de las nuevas utopías feministas y de equidad de género?

¡Sí!  Por eso rompo la lógica en que se mueven las noticias y las opiniones. Se trata de la igualdad de las mujeres ante la ley y la justicia, que en Bolivia andan cojas, cuando no amputadas, en todos los ámbitos.

¿Dónde figura el nombre de Adela Zamudio, en mayúscula como debiera ser, en los homenajes que se ofrecen a la mujer boliviana en su día? Fue instituido en 1980, en recuerdo a la fecha de su nacimiento, 11 de octubre, por la  expresidente Lidia Gueiler Tejada (+), la única mujer en Bolivia en ejercer ese cargo.

¿Quién recuerda a Adela Zamudio -más que como poetisa, que fue magistral bajo el seudónimo “Soledad”- como la mujer libertaria y luchadora social, cuyos textos denuncian con sutil ironía las injusticias políticas, sociales y económicas de la época, cuando tan pocas miradas se fijaban en ellas?

Siempre estuvo a la vanguardia por las reformas democráticas. Fue precursora de la educación laica y de la reivindicación pedagógica, social y cultural de las mujeres. Hizo propuestas audaces para su época, como la instauración del matrimonio civil, el derecho al divorcio y la separación de los poderes entre la Iglesia y el Estado. Impulsó la enseñanza gratuita y laica, y denunció el “primitivismo patriarcal” de la sociedad boliviana. Poco ha cambiado.

Fue maestra, primero, por méritos propios, y luego maestra profesional titulada. A partir de ahí inició su actividad pedagógica para eliminar las trabas y los perjuicios reaccionarios que impedían la formación académica de niñas, jóvenes y mujeres. Fue pionera del feminismo boliviano, y tengo la obligación de aclarar que la palabra feminismo no debe ofender a nadie: es la lucha para que las mujeres tengan las mismas oportunidades vitales, libertad política y económica que los hombres.

Bien definió las batallas de Zamudio,  lo que dijo un poeta amigo de ella, cuando fue honrada con una distinción nacional:  “Vengo de capa a rendir homenaje a una mujer de espada”. Su espada fue su escritura indomable, siempre contra corriente, como su famoso poema “Nacer hombre”, desgarrado grito contra el patriarcado y la dominación masculina. Reprodujo en tono irónico, las famosas redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz: “Hombres necios que acusáis …” con su poema “Nacer hombre”. En él Zamudio plasmó su manifiesto feminista para denunciar el sometimiento de la mujer, defendiendo su derecho a la equidad civil y política. “¡Oh, mortal! ¡Oh mortal privilegiado, que de perfecto y cabal gozas seguro renombre! para ello ¿qué te ha bastado? Nacer hombre.”

Hoy a casi un siglo, ese poema marca la ausencia de mujeres, como en casi todo el mundo, en el escenario político boliviano. Tan lamentable, como cuando acceden a cargos de jerarquía en altos niveles del gobierno y del Estado, sin voz propia y la más de las veces calladas ante el sexismo institucionalizado, cuando antes eran feministas radicales.  Si hablan, es para ratificar la voz de los machos alfa, no para hacer valer su poder transformador en democracia en pos de la equidad de género. Pero le cantan al depredador sexual -el ‘jefazo’ Evo Morales- coplas indignantes, como “el presidente va por los balcones, quitándoles a las ministras sus calzones”.

Contra la recesión democrática de este tiempo, ¿quién recuerda a Adela Zamudio, mientras los casos de abusos, violaciones, violencia política y doméstica, feminicidios, rapto y trata de niñas y jóvenes crecen exponencialmente a pesar de leyes y más leyes? La violencia y el acoso cotidiano quedan casi siempre invisibles o impunes. Aquí cabe cambiar la frase “es la economía, bruto” con un sonoro “es la educación, bruto”. Sin educación no hay equidad posible.

No obstante, hay mujeres en Bolivia que sí reivindican la lucha contra el patriarcado y el rampante machismo, con algunas radicales activistas, como “Mujeres Creando”, o plataformas ciudadanas en contra de la cuarta reelección de Morales en 2019, como Kuña M’bareté –‘mujer fuerte’ en guarní- o Resistencia Femenina, que actúan desde la sociedad civil. Existen otras voces individuales de sólida formación intelectual y feminista que dan esperanzas ante la indiferencia política y civil frente a las reivindicaciones de género.

Los movimientos de mujeres en el mundo actual expresan las voces que en debates y foros públicos reclaman sus múltiples demandas. Ahí están NiUnaMenos, MindTheGap, MeToo, AbortoLegalYa, DemocraciaParitaria, NoSinMujeres, entre otros. Desde esos escenarios abordan las disparidades simultáneas, entremezcladas y rudas, en regímenes con ciudadanía disminuida y fragmentada, como apunta Héctor Shamis, para quien el feminismo, es también cosa de hombres.

No le faltan razones porque esta lucha debiera ser de toda la sociedad, no solo de mujeres para crear espacios más amplios y extendidos de ciudadanía y para consolidar derechos. Para construir más y mejor democracia que, hoy por hoy, deja al margen a la mitad de la población mundial: las mujeres.

¡Hay quienes sí te recordamos Adela!

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