ArtículosInicioMarcelo Ostria Trigosemana del 3 de ABRIL al 9 de ABRIL del 2017

¿Puede la democracia preservarse sola?

Hasta hace poco, se creía que las dictaduras ya no tenían cabida en nuestra región. Pero esto fue puesto en duda cuando en Venezuela un militar con antecedentes golpistas fue elegido presidente: Hugo Chávez Frías, como fruto de la nueva estrategia del Foro de San Pablo para capturar el poder. No se propició la guerrilla, sino la vía electoral, quedando claro que su objetivo fue establecer una dictadura neopopulista con nexos con el castrismo. A la muerte de Chávez, su sucesor, Nicolás Maduro, tenía la alternativa de abrirse a la democracia o radicalizar su gestión, usando la fuerza. Escogió la segunda opción y ahora ya es ostensible que encabeza un gobierno despótico.

Los demócratas solo tienen como arma el voto, mientras las satrapías, como la venezolana, cuentan con la fuerza. Así las cosas, no es fácil salir de una crisis política, agravada por el fracaso económico del modelo y el avasallamiento de las instituciones republicanas, entre ellas la administración de justicia.

Es que la democracia aún no ha encontrado caminos para defenderse de los designios de los neopopulismos avasalladores. Inclusive la vía de los organismos internacionales tiene debilidades para hacer cumplir los compromisos de respetar derechos y libertades. La Carta Democrática Interamericana —ciertamente un notable avance— ya no parece ser tan efectiva. Pero, casi como contradiciendo lo anterior, que puede ser tomado como resultado de la presión interna e internacional, la Corte Suprema de Venezuela revirtió sus írritos fallos contra la Asamblea Nacional. Pero esto no alcanza para satisfacer las aspiraciones ciudadanas de que predomine la libertad y la justicia. El chavismo no ha aceptado la única salida honrosa: elecciones transparentes para restablecer la legalidad.

Lamentablemente el mal ejemplo cunde, no solo entre los gobiernos populistas. El oficialismo paraguayo, crítico al chavismo, intenta mañosamente reformar la constitución para que el actual presidente sea reelecto. Hubo protestas y represión. Esto muestra otra indefensión de la democracia y, como dice Carlos Malamud, hay “miserias de la reelección, cuando para lograrla se pretende torcer la legalidad y favorecer al incumbente”.

Aún no hay perspectivas para lograr cambios en los populistas y no populistas, unidos en el afán de perpetuarse en el poder, a menos que se conforme una corriente internacional clara y vigorosa, que haga que se respete en nuestra región la voluntad ciudadana como elemento esencial de toda sociedad democrática

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