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Un 19 de agosto

Por: Manfredo Kempff Suárez

Manfredo Kempff
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Hace 55 años, un 19 de agosto, el entonces coronel Hugo Banzer Suárez, era detenido en nuestra ciudad, y con su detención estallaba el golpe civil-militar que se venía preparando desde hacía meses, contra la dictadura del general J.J Torres, poder que, a su vez, le había arrebatado al dictador general Alfredo Ovando Candia, quien había destrozado el proceso constitucional derrocando al presidente legítimo, Dr. Luis Adolfo Siles.

55 años después, quienes tenían conocimientos o participaban de la política, tenían 20 años, o están acomodados en sus nichos del Cementerio General o en los distintos camposantos del país. Pocos somos los que vivimos en esas épocas críticas y la gran mayoría se han enterado de los hechos a través de publicaciones inauditas y discursos deschavetados con interés político.

Es evidente que, al producirse un golpe de Estado, con resistencia de la otra parte, hubo violencia con muertos, heridos, perseguidos y exilados. Parte de las propias Fuerzas Armadas llegaron a enfrentarse entre sí. Solo el golpe del atolondrado general Zúñiga a Arce Catacora fue un fuego de artificio, donde golpista y golpeado charlaron e hicieron las paces en la puerta del Palacio. Toda una pieza de teatro. En circunstancias parecidas, Melgarejo mató a Belzu de un balazo y ahí se acabó el pleito.

Nos referimos a esto, porque, según los zurdos, a Banzer se le pasó la mano. Le atribuyeron cientos de muertos, miles de desaparecidos y decenas de miles de prófugos y exilados. Lo incluyeron como entusiasta partidario de la “Operación Cóndor”, porque dicen que entregó a una presunta activista al gobierno argentino de Videla. Le atribuyeron, sin la menor certeza ni prueba alguna, haber instado los asesinatos de los generales Torres y Zenteno Anaya. Todo quedó en calumnia. Lo que sí resultó un crimen injustificado fue lo que ocurrió con el coronel Andrés Selich Chop, drama que conmovió al presidente, porque fue resultado de la torpeza de los organismos de seguridad, que, con gobiernos militares o civiles, siempre han provocado excesos. El ministro del Interior de entonces fue destituido.

En el fondo lo que la izquierda boliviana hizo fue ganar en el combate publicitario, propagandístico, en la batalla de los escribidores, que fueron muchos. Lo logró al ubicar al general Banzer a la altura de los dictadores Pinochet, Videla y Álvarez, de los que estaba muy lejos. Además de que Pinochet, Videla y Álvarez habían derrocado gobiernos legales y Banzer a un dictador.

Banzer derrocó a Torres con el respaldo de dos de los partidos más importantes del siglo pasado, como el MNR y FSB. No se trató de un cuartelazo militar. Es evidente que luego de más de tres años de cogobierno, hubo discrepancias entre los políticos y ante la imposibilidad de detener ese enfrentamiento, decidió alejar a uno de ellos, el MNR, y FSB tuvo un cisma que le restó fuerzas a Banzer.

Una vez derrocado el general chiquitano, después de siete años de gestión, le sucedieron siete presidentes en cuatro años (Pereda, Padilla, Guevara, Gueiler, García Meza, Torrelio y Vildoso) y ante la imposibilidad de que Bolivia pudiera ordenarse, el General fundó un partido político en 1979, Acción Democrática Nacionalista (ADN) con el que ganó dos elecciones generales, realizó pactos con sus adversarios políticos (Paz Estenssoro y Jaime Paz Zamora) y finalmente llegó a la presidencia constitucional en 1997 con abrumador apoyo congresal, después de 18 años de dura batalla democrática contra los más duchos personajes.

La izquierda ha tratado de convertir a Banzer en símbolo de la crueldad y la masacre, en el enemigo más grande del sistema de derecho. Para el zurderío no cuentan las elecciones de 1979, 1980, 1985, 1989, 1993 y 1997. No cuenta el progreso y la estabilidad de la nación. Solo cuenta el golpe contra el general Torres, que nos estaba llevando directamente a convertirnos en un país socialista, en una nueva Cuba o Venezuela. Hasta un juicio de responsabilidades se le entabló al ex presidente, juicio que no prosperó porque las principales acusaciones eran tan absurdas, como acusarlo por los acuerdos con Brasil para vender el gas, el acuerdo de Charaña para el retorno al mar, embustes sobre el “Plan Cóndor”, y el freno a los campesinos que ya deseaban tener manos libres con la coca.

Sería muy bueno que los bolivianos miremos lo que nos acontece hoy, luego de los 20 años de gobierno masista. Han aniquilado al país. De esto, la izquierda culipandera dice que el MAS no es socialista y tiene cierta razón, porque el MAS es un menjunje de socialismo a la “huancaína”. Calla la izquierda vergonzante, pero por debajo de la mesa vota por el caos, por lo dañino, por un ex capitán de la Policía que no sabe sino hablar insensateces y que debilita a Rodrigo Paz. Para colmo la oposición se divide y queda a la vista de que lo hecho por Banzer, gran conciliador, es lo que falta en estos tiempos.

En el país, desde que empezó el racismo aimara de Evo Morales y Choquehuanca, con las lecciones dañinas que recibían de García Linera, la situación se ha complicado mucho. Se está profundizando una evidente división entre collas y cambas. No he leído el libro “Santa Cruz $.A.” ni lo he comprado todavía, pero lo leeré con calma, con interés, siempre que merezca ser leído, como dicen muchos. Si se trata de la manida imputación de que Santa Cruz le debe su desarrollo al gran esfuerzo de los sucesivos gobiernos, restándole méritos a su propio valor, preferiré dormir la siesta.

Manfredo Kempff Suárez

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