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Organización de las diócesis altoperuanas

Durante la 'Guerra de la Independencia'

A continuación, transcribimos las páginas 133-143 del libro La presidencia de Sucre en Bolivia, escrito por William Lofstrom. Publicado en diciembre de 2017 por la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, este libro contiene datos clave sobre cómo el gobierno del mariscal Antonio José de Sucre persiguió muy duramente a la Iglesia Católica en este país.

En 1825 el Alto Perú estaba dividido en tres diócesis: el Arzobispado de La Plata y los obispados de La Paz y Santa Cruz de la Sierra. Bajo el Gobierno colonial, el arzobispado era la sede metropolitana de los obispados de La Paz y Santa Cruz así como de los de Tucumán y Asunción del Paraguay.[1] La jurisdicción de la arquidiócesis misma incluía las intendencias de Chuquisaca, Potosí y parte de Cochabamba. El número de vicarías en la sede, en 1825, alcanzaba probablemente a 150.[2] Más difícil de estimar es el número de clérigos seculares en la arquidiócesis en el momento de la independencia. Cada vicaría tenía, presumiblemente, su cura propio o titular pero, en 1825, 70 de esas parroquias se hallaban vacantes debido a la muerte de sus curas titulares. Los beneficios eran percibidos en forma interina. Además del cura titular, la mayoría de las parroquias Contaba con entre uno y tres curas asistentes.[3]

En ausencia del arzobispo elegido, Diego Antonio Martín Navarro de Villodres —ferviente realista que había sido nombrado en 1818 a la sede vacante desde la rebelión de Chuquisaca de 1809—, el centro real de la autoridad en la arquidiócesis era el Cabildo metropolitano y su deán y gobernador eclesiástico el doctor Matías Terrazas. El 25 de febrero de 1825, Terrazas abrió comunicaciones con Sucre, enviándole la bienvenida de las autoridades eclesiásticas, congratulándolo por la victoria de Ayacucho y ofreciéndole los respetos y la admiración del Cabildo.[4] Este fue el principio de una estrecha y cooperativa relación entre el heredero de facto del Patronato Real y la cabeza de facto de la Iglesia en el Alto Perú.

Matías Terrazas, uno de los ocho miembros sobrevivientes del Cabildo de la catedral en 1825, era oriundo de Cochabamba. Después de concluir su preparación en San Francisco Xavier en La Plata, enseñó por 12 años en la universidad. Durante nueve años fue también vicerrector y ministro en el seminario de San Cristóbal. Terrazas sirvió como cura por ocho años, cinco de los cuales los llevó adelante en la Villa Imperial de Potosí como vicario eclesiástico. Por 32 años, Terrazas sirvió en el Cabildo de la catedral de La Plata, en diversos puestos. Fue administrador de los diezmos y del Tesoro de la arquidiócesis, rector de la universidad y del seminario, así como proveedor y vicario general del arzobispado y tres veces visitador general de la arquidiócesis. En ausencia del arzobispo durante los últimos días del período colonial, el gobernador eclesiástico se convirtió en una importante figura de la vida política y religiosa del Alto Perú. Terrazas era un hombre bien educado y poseía, probablemente, la mejor biblioteca de La Plata a principios del siglo XIX. Gabriel René Moreno lo describe en estos términos:

Su autoridad y prepotencia en el palacio metropolitano, su habilidad sumada en la administración eclesiástica, y su raro tino para manejarse y estar con todos bien quisto en una corte de hablillas y desavenencias como la del Alto Perú, habíanle conquistado una consideración tan universal como distinguida, a la que de otro lado daban mayor brillo su magnificencia y sus riquezas.[5]

Aparentemente, Sucre admiraba y respetaba a Terrazas. Su relación era cordial, incluso afectuosa, y Terrazas figuraba como capellán personal de Sucre.[6] Hasta su retiro en mayo de 1826, el deán trabajó estrechamente con Sucre en importantes asuntos político-eclesiásticos, incluida la reorganización de las finanzas de la arquidiócesis, el nombramiento de párrocos y la reforma del clero secular y regular.

El Cabildo de la catedral, del que Terrazas era deán, consistía en un grupo de sacerdotes que vivían comunalmente en la catedral y cuya función consistía en asistir al arzobispo en el cumplimiento de la liturgia de la iglesia y en la educación de los jóvenes seminaristas.[7] De los 18 puestos del Cabildo de Chuquisaca, 11 se hallaban vacantes en 1825 y cuatro estaban ocupados por españoles.[8]

Además del Cabildo, la catedral en Chuquisaca contaba con 63 funcionarios y otros empleados, incluyendo 22 músicos y coristas, seis monaguillos, 20 indios que limpiaban el templo y un «Director de relojes”.[9]

El dinero necesario para sostener tan elaborado establecimiento eclesiástico provenía de diversas fuentes. De importancia primordial era el diezmo, un impuesto a casi toda la producción agrícola, cobrada en especie, en los distritos de la arquidiócesis.[10] Bajo la concesión de una bula papal de 16 de noviembre de 1501, el diezmo en las colonias españolas era concedido a la Corona en compensación por el apoyo real a la Iglesia en las Américas.[11]

En la práctica, parte de los diezmos percibidos en cada diócesis era destinada al sostenimiento de la Iglesia. A principios del siglo XIX, la distribución del diezmo estaba todavía regulada por decretos reales que databan de 1539, 1540 y 1541. Un cuarto del total iba al obispo o arzobispo y un cuarto a los distintos miembros del Cabildo de la catedral. La mitad restante era dividida en nueve partes, llamadas novenos, cuatro de los cuales eran, en teoría, destinados al auxilio de los párrocos y sus asistentes. Un noveno y medio era destinado a la construcción, mantenimiento y funcionamiento de las iglesias en la sede, pero, en la práctica, la mayoría de los fondos se gastaban en la catedral. Otro noveno y medio se destinaba al hospital local y dos novenos se revertían al Tesoro real. En 1804 una Orden Real estableció que una novena parte del diezmo total fuese depositada en el Tesoro real antes de hacer la distribución. En caso de vacancias en la sede o el Cabildo, los fondos asignados a esos puestos debían revertirse a la Corona.[12]

Además del diezmo, la jerarquía secular en el Arzobispado de La Plata también recibía ingresos de los censos, o dinero colocado a intereses. Un capital de más de 47 mil pesos invertidos en propiedad urbana y rural en Chuquisaca y Potosí producía aproximadamente mil pesos al año para la arquidiócesis.[13]

El ingreso del arzobispado y del Cabildo de la catedral en La Plata, variaba cada año, de acuerdo al total del diezmo. Durante el último período colonial el ingreso declinó drásticamente, como un reflejo de las inestables condiciones económicas prevalecientes en el Alto Perú. El ganado y las cosechas fueron robados o destruidos durante la guerra, haciendo imposible la percepción de impuestos. En 1825, el cuarto del diezmo señalado para el Cabildo de la catedral, después de que se hicieran ciertas deducciones, fue calculado en unos 41 mil pesos, pero en realidad era mucho menos.[14] El presupuesto real para el mismo Cabildo en 1826, basado en diezmos percibidos durante el año previo, totalizaba 6.042 pesos.[15] Esta suma contrasta con el ingreso total del Cabildo en 1808, que fue de casi 57 mil pesos.[16]

Otro indicador de la declinación en el ingreso eclesiástico en Chuquisaca fue la reducción de la parte que tocaba a las parroquias, que de acuerdo a los padrones de diezmos sumaba 17.460 pesos en 1825. Debido a la depresión económica de los nueve años previos, incluyendo 1824, apenas 24.786 pesos se recolectaron para las parroquias durante ese período.[17]

No se ha encontrado documentación detallada de las finanzas de la arquidiócesis de 1825 y de los años previos en los archivos nacionales de Sucre. Es evidente, sin embargo, de la documentación disponible en las series Ministerio del Interior, que el ingreso de la sede declinó drásticamente.[18]

La condición del Obispado de La Paz en 1825 era muy similar a la de la sede metropolitana. Desprendida de la Diócesis de Charcas en 1607,[19] en 1825 el obispado se hallaba vacante por la huida del obispo nombrado por el rey, el fraile Antonio Sánchez Matas, provincial de la orden franciscana. Realista intransigente, Sánchez tomó posesión de la sede en agosto de 1821 y usó su trono como una plataforma para fulminar a los patriotas. Cuando La Paz fue ocupada por la guerrilla del general José Miguel Lanza a fines de enero de 1825, el obispo Sánchez huyó al interior con lo que quedaba de la guarnición española.[20] En ausencia de Sánchez, el Cabildo eligió a uno de los canónigos, Agustín Fernández de Córdova, como gobernador eclesiástico de la diócesis.[21]

De los 12 puestos del Cabildo de la catedral de La Paz, ocho se hallaban vacantes en 1825. El sillón del deán y los del archidiácono y maestro del coro se hallaban vacantes por muerte de los titulares. Tres de las cuatro canonjías y dos de los cinco prebéndanos se hallaban también vacantes.[22] En el momento de la independencia, la diócesis contenía unos 200 miembros del clero secular, de los cuales 50 se hallaban en la ciudad y suburbios y el resto en unas 75 parroquias en el campo.[23] El ingreso diocesano bruto en 1824 provenía del diezmo, que alcanzaba a 56.754 pesos. El Cuadro 2 muestra la distribución de este ingreso.

Cuadro 2 Distribución del ingreso del diezmo en la Diócesis de La Paz, 1824

Ítems Cantidades
Dos novenos correspondientes a la Corona $ 11.856,1 rr*
Un cuarto para el obispo 10.527,1
Fábricas (mantenimiento) de la catedral 4.213,7
Noveno y medio para mantenimiento del hospital 4.213,7
Seminario diocesano 1.334,7
Orden de Carlos III (España) 1.800
Fondo de pensión militar 500
Salarios del Cabildo de la catedral 6.783

 

Salarios de los puestos vacantes del Cabildo (revertidos a la Corona) 13.584,1

 

Salarios de empleados civiles 1.300
Salarios y gastos del Tesoro de la catedral 641
Totales $ 56.754

Fuente: ANB, Ml, t. 1, núm. 6, «Rentas decimales de la Diócesis de La Paz», 28 de septiembre de 1825.

* NE: Un peso equivalía a ocho reales (rr).

Tal como sucedía en el Arzobispado de La Plata, el ingreso del diezmo en La Paz había declinado durante la guerra. En 1818, totalizaba 91.312 pesos. En 1824, como hemos visto más arriba, se redujo a 56.754 y dos años después bajó a 51.994 pesos. La disminución del ingreso eclesiástico se debió a la destrucción causada por la guerra, especialmente en las plantaciones de coca de los Yungas y a la separación de tres provincias del Perú de la diócesis en 1825.[24] A pesar del disminuido ingreso diocesano, en 1827 la catedral de La Paz empleaba un maestro de capilla, un maestro de coro, cuatro coristas, ocho músicos, tres sacristanes, un campanero, un niño organista, varios pongos y un perrero que se ocupaba de expulsar del templo a los perros. [25]

Hasta 1605, Santa Cruz de la Sierra era parte de la enorme Diócesis de Charcas. Una orden papal fechada el 5 de julio de ese año dividió a Santa Cruz de la Sierra de La Plata, para crear allí un obispado. En 1609 se definieron las jurisdicciones de las tres sedes de La Plata, La Paz y Santa Cruz.[26] En 1825 la sede de Santa Cruz fue ocupada por Agustín Francisco de Otondo, oriundo de Potosí. Otondo, primogénito del Marqués de Otavi, renunció a su herencia y se convirtió en sacerdote, sirviendo como cura en Tarija. En 1796 entró a la comunidad de San Felipe Neri donde llegó a ser prior.[27] Otondo fue nombrado para la mitra en 1816 y llegó a Santa Cruz en 1821. La confirmación papal de su nombramiento no llegó sino en 1825.[28] En enero de ese año, el obispo Otondo fue forzado al exilio por su propio Cabildo. Retornó a Santa Cruz en febrero y envió su renuncia a Sucre. El 22 de marzo, Sucre confirmó el nombramiento de Otondo, hecho por la Corona, como obispo de Santa Cruz.[29]

Cuando se produjo la independencia, la Diócesis de Santa Cruz incluía 23 misiones jesuitas de Mojos y Chiquitos, con 46 clérigos seculares; además, había 71 curas en unas 20 parroquias. El clero secular, curas retirados y eclesiásticos en el Cabildo de la catedral, llegaban a 39. En 1825, el ingreso total por diezmos era de algo más de 10 mil pesos.[30] Con la súbita reducción de ingresos del diezmo que se produjo al final de la época colonial, ya no era posible pagar a cada cura en las tres sedes del Alto Perú con los cuatro novenos originalmente destinados a ese propósito. Los curas se sostenían exclusivamente con las sumas que cobraban por servicios en la parroquia, bendiciones, misas, fiestas, procesiones, matrimonios y funerales. No obstante, la mayoría de los curas gozaba de un buen ingreso en el momento de la independencia.

Un observador británico estimaba que los ingresos de un párroco variaban entre 1.500 y 5 mil pesos y los de sus asistentes entre 200 a 500 pesos.[31] Pazos Kanki está de acuerdo con esta estimación, apreciando que los ingresos de un cura eran de aproximadamente 4 mil pesos anuales.[32] Gabriel René Moreno hace la siguiente observación:

Los curas eran los individuos más ricos del reino después de ciertos mineros acaudalados que eran pocos. Sus ganancias provenían de dos raudales salidos de una misma fuente: el ahorro del indio, a título de derechos parroquiales y de primicias; su sudor, con el logro de servicios personales y granjerías. El mercado a precio fijo de los sacramentos y ceremonias del culto, y más que nada la piadosa faena de sacar ánimas del purgatorio a punta de misas y responsos, hacían del ministerio parroquial una profesión muy lucrativa. [33]

Documentación contemporánea, aunque muy incompleta, ratifica todas estas observaciones. Los curas en la ciudad de Chuquisaca tenían salarios que oscilaban de 6 mil pesos para el párroco del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe a 4.500 pesos para el de San Miguel, o 3.500 para el de San Roque.[34]

El ingreso de las parroquias rurales no era, naturalmente, tan importante como el de la capital. Dentro del contexto de las condiciones económicas locales, la remuneración, sin embargo, era atractiva. El Cuadro 3 detalla el ingreso de una parroquia en el departamento de Oruro. El cura de Tarabuco en el departamento de Chuquisaca percibía un ingreso de 1.316 pesos en 1826, proveniente principalmente de fiestas, funerales y matrimonios.[35] Durante el período de mayo de 1825 a mayo de 1826, el ingreso del cura de Punata en el rico valle de Cliza en Cochabamba, fue de 2.609 pesos.[36]

Después de jugar un rol dominante en el desarrollo político, económico y social del Alto Perú, por casi 300 años, la Iglesia sufrió profundos y rápidos cambios en el primer cuarto del siglo XIX. La lucha por la independencia que comenzó en 1809 en Chuquisaca y La Paz afectó la organización eclesiástica, desde el arzobispo hasta el párroco. La Jerarquía y el clero estaban íntimamente involucrados en la política, un juego muy peligroso después de 1809. Muchos clérigos, incluyendo obispos y arzobispos, pagaron su participación en la revolución con el exilio, En ausencia de obispos nombrados por la Corona, la mayoría españoles, la administración diaria de las sedes recayó en los hombros de los cabildos eclesiásticos y en particular de los gobernadores eclesiásticos, muchos de los cuales habían nacido en América. Uno de los efectos más profundos de la lucha por la independencia fue la manera en que se quebrantó la economía del Alto Perú. La Iglesia fue, en este aspecto, una de las principales víctimas de la revolución, como puede advertirse por la rápida reducción de los ingresos del Arzobispado de La Plata y el Obispado de La Paz.

Cuadro 3 Ingresos de la parroquia de Andamarca, 1826

Fuente Cantidad
21 fiestas a $ 26 cada una $ 546
10 fiestas a $ 16 cada una 160
12 fiestas a $ 12 cada una 144
Matrimonios a $ 4 165,5 rr
Misas a $ 4 y $ 8 72
20 funerales a $ 12 240
10 funerales a $ 6 60
Funerales de niños a $ 3 y $ 4 140
«Cabos de año» a $ 6 y $ 8 210
14 «Renovaciones» a $ 2 cada uno 28
12 «Aguinaldos» a $ 4 cada uno 48
3 «Aguinaldos» a $ 4 cada uno 12
«Honras» a $ 6y $ 8 100
Ingresos varios 304,4 rr
Totales $ 2.230,1 rr

Fuente: ANB, Ml, t. 10, núm. 7, Parroquia de Andamarca a Sucre, 15 de mayo de 1826.

En 1826, se estimaba que los diezmos recaudados en las tres sedes bolivianas alcanzaban a 400 mil pesos, pero este cálculo parece exagerado a la luz de las fuentes citadas anteriormente.[37] La reducción en los ingresos de diezmos significaba menos dinero para la jerarquía y el Gobierno. Significaba también que los ingresos del clero parroquial dependían, por completo, de la contribución de los fieles. Incluso con esta reducción de ingresos, para 1825 la jerarquía y el clero secular formaban una elite económica. Y a pesar de la relativa pobreza de la Iglesia, se mantuvo un establishment costoso y sofisticado, en aparente incongruencia con la postración económica del país.

Referencias

 

[1] Sobre la historia de la Iglesia altoperuana, su rol en las guerras de independencia, véase Julio García Quintanilla, Historia de la Iglesia de los Charcas a La Plata: Obispado de los Charcas. 1553-1609; Arzobispado de La Plata, 1609-1963 (2 vols., Sucre: Don Bosco, 1963-1964); Rubén Vargas Ugarte, Don Benito María de Moxó y de Francolí, arzobispo de Charcas (Buenos Aires: Imprenta de la Universidad, 1931); Gabriel René Moreno, Últimos días coloniales en el Alto Perú (2 vols., Santiago de Chile: Imprenta Cervantes, 1896); Charles Arnade, The Emergence of the Republic ofBolivia (Gainesville: University of Florida, 1957), pp. 1-31; Robert F. Schwaller, «The Episcopal Succession in Spanish America, 1800-1850», The Americas, t. XXIV (1967-1968).

[2] Antonio de Alcedo, vol. 1, p. 469, da el número de 188 parroquias alrededor de 1785. Moreno, Últimos días…, p. 21, pone en duda esa cifra, citando la Guía de forasteros del Virreinato de Buenos Aires para el año de 1803… de Diego de la Vega (Buenos Aires, s. f.), en la que se indica 164 parroquias; y el arzobispo San Alberto señala 154 en 1790. En 1825, tuvo lugar un concurso de vacantes, bajo auspicios del Gobierno republicano. Se concedió 124 parroquias, 70 de las cuales se hallaban vacantes por defunción, 41 por promoción y seis de nueva creación. Ver ANB, MI. t. 1, núm. 5, Matías Terrazas a Sucre, Chuquisaca, 21 de diciembre de 1825 y 30 de diciembre de 1825.

[3] Moreno, Últimos días…, p. 21, n. 2.

[4] ANB, Ml, t. 1, núm. 5, Matías Terrazas a Sucre, Chuquisaca, 25 de febrero Y 28 de diciembre

[5] Moreno, Últimos días…, p. 61.

[6] ANB, Ml, t. 1, núm. 5, Matías Terrazas a Sucre, Mojotoro, 21 de julio de 1825; Chuquisaca, 27 de agosto de 1825.

[7] New Catholic Encyclopedia (New York, 1967), vol. 111, p. 249.

[8] ANB, Ml, t. 1, núm. 5, Matías Terrazas a Sucre, Chuquisaca, 9 de mayo de 1825.

[9] Ibid.

[10] El incremento anual de ganado y aves de corral, la cosecha de todos los granos, vegetales y frutas; la producción de sal, azúcar, miel, chocolate, algodón, lino, lana, cera, leche, huevos, mantequilla y queso, estaban sometidos a un impuesto, generalmente del 10%, pero a veces menos, de acuerdo a las costumbres locales. El total anual de diezmos en cada sede era calculado de acuerdo a libros especiales de cuenta que detallaban la propiedad agrícola en cada diócesis y su producción pasada. En teoría, solamente la producción de blancos y mestizos estaba sometida al diezmo, ya que los indios pagaban el tributo. La percepción del diezmo en cada subdivisión de la diócesis era entregada al mayor postor quien hacía el pago adelantado, de contado, al Tesoro de la catedral. En la Arquidiócesis de México, el sistema fue casi completamente reemplazado por la percepción directa y la venta del producto bajo la supervisión del administrador clerical de diezmos. Cf. Woodrow Borah, «Tithe collection in the bishopric of Oaxaca, 1601-1867», HAHR, t. XXIX (November, 1948), p. 512. En La Plata, el sistema de postular al puesto de cobrador de diezmos continuó en uso hasta la independencia y después. Para una excelente descripción de cómo funcionaba el sistema de diezmos en otra diócesis, véase Michael P. Costeloe, «The Administration, Collection and Distribution of Tithes in the Archbishopric of Mexico, 1800-1860», The Americas, XXIII (July, 1966), pp. 3-27. Otras dos valiosas monografías describen el crecimiento  y la evolución del sistema del diezmo en México. Gran parte de la información y conclusiones allí relacionadas son pertinentes para la arquidiócesis en discusión. Cf. Woodrow Borah («Oaxaca, 1601-1867»), pp. 498-517, y «The collection of Tithes in the Bishopric of Oaxaca during the Sixteenth Century», HAHR, t. XXI (August, 1941), pp. 386-409.

 

[11] Mecham, p. 13.

[12] Costeloe, «Tithes», p. 23.

[13] ANB, Ml, t. 1, núm. 5, Mariano Domingo de Gumucio al deán y gobernador eclesiástico, Chuquisaca, 7 de mayo de 1825.

[14] Las deducciones fijas que se hacían del diezmo incluían:

1.200 pesos para la Orden de Carlos III.

5.500 pesos de impuestos para el Tesoro real.

500 pesos para el montepío militar, un fondo de pensión.

2.000 pesos para las niñas del orfanato de Chuquisaca.

1.000 pesos para el colegio de Nobles en Madrid.

2.000 pesos para la Universidad de Salamanca.

3% para el Seminario de San Cristóbal en Chuquisaca.

ANB, Ml, t. 1, núm. 5, Matías Terrazas a Sucre, Chuquisaca, 8 de mayo de 1825; Moreno, Últimos días…, p. 162.

[15] ANB, MH, t. 2, núm. 10, «Presupuesto que según el cuadrante del presente año corresponde a los individuos [de esta Santa] Iglesia Catedral» (quemado), 30 de octubre de 1826.

[16] Moreno, Últimos días…, pp. 161-162.

[17] ANB, Ml, t. 1, núm. 5, «Planilla» (quemado), 20 de junio de 1825.

[18] La condición financiera de la Arquidiócesis de México, de acuerdo a Costeloe, demuestra que esta forma de declinación no fue exclusiva del Alto Perú. En 1792, el ingreso neto del diezmo del Arzobispado de México alcanzó a 729.719 pesos. Para el período de 1806-1810, el promedio de ingreso anual alcanzaba a 510.081 Y en 1824, el año en que fue establecida la república federal, bajo el general Guadalupe victoria, el total cayó a 251 mil, Costeloe «Tithes», pp. 20-21.

[19] León M. Loza, Historia del obispado y de la catedral de La Paz… (La Paz: Voluntad’ 1939), pp. 21-22.

  [20] Loza, pp. 97-98; ANB, Ml, t. 1, núm. 6, José María Mendizábal a Sucre, La Paz, 5 de marzo de 1825.

[21] ANB, Ml, t. 10, núm. 8, Agustín Fernández de Córdova al ministro del Interior. La Paz, 8 de marzo de 1826; Loza. p. 99.

[22] ANB, Ml, t. 1, núm. 6, Capítulo Eclesiástico de La Paz a Sucre, 18 de febrero de 1825.

[23] No se ha encontrado ninguna información sobre el número exacto del clero secular en el Obispado de La Paz en 1825. Sin embargo, se sabe que en 1828 había 23 curas seculares en servicio activo en la catedral, en parroquias y suburbios de la ciudad, además de otros 28 sin beneficios. Fuera de la capital había 78 parroquias, 65 de las cuales eran atendidas por curas propios y 13 por curas interinos. Por otra parte, la diócesis contaba con 42 asistentes y 18 curas beneficios. ANB, MH, t. 10, núm. II, «Retrato que manifiesta el número y estado de las iglesias seculares y regulares del obispado de La Paz de Ayacucho…”. La Paz, 4 de noviembre de 1828.

[24] ANB, Ml, t. 15, núm. 10, Capítulo Eclesiástico de La Paz a Facundo Infante, 14 de marzo de 1827.

[25] ANB, Ml, t. 15, núm. IO, Capítulo Eclesiástico de La Paz a Facundo Infante, IO de abril de 1827.

[26] García Quintanilla, vol. 1, pp. 113-114; Enrique de Gandía, Historia de Santa Cruz de la Sierra: una nueva república en Sud América (Buenos Aires: L. J. Rosso, 1935), PP. 130-132.

[27] Moreno, Últimos días…, p. 84; Rubén Vargas Ugarte, El episcopado en los tiempos de la emancipación sudamericana (1809-1830) (Buenos Aires: Huarpes, 1945), p. 25; Vargas Ugarte, Moxó, pp. 44-45.

[28] Schwaller, p. 261; Vargas Ugarte, El episcopado, p. 33; ANB, MI, t. 1, núm. 7, Agustín Francisco de Otondo a Sucre, Vallegrande, 12 de febrero de 1825; Santa CIIIZ’ 25

[29] ANB, Ml, t. 1, núm. 7, Cabildo Eclesiástico de Santa Cruz a Sucre, 27 de abril de 1825′

[30] ANB, Ml, t. 14, núm. 18, prefecto de Santa Cruz a Facundo Infante, 21 de marzo de 1826 (21); ANB, Ml, t. 14, núm. 18, prefecto de Santa Cruz a Facundo Infante, 11 de mayo de 1826 (64). 33 Pentland, f. 244.

[31] Pentland, f. 244.

[32] Pazos Kanki, p. 84.

[33] Últimos días…, p. 155.

[34] ANB, Ml, t. 1, núm. 5, «Planilla» (quemado), Chuquisaca, 20 de junio de 1825. En un intento de poner estos montos en su contexto histórico, en términos de su actual capacidad de compra, he preparado una lista parcial de salarios, rentas y precios de bienes y servicios para este período en Bolivia. Ver Apéndice 1 (pág. 527).

[35] ANB, Ml, t. 10, núm. 7, «El curato de Tarabuco de q. soy cura propio yo el Presvito [sic]. Buenaventura Barrero…» 25 de junio de 1826.

[36] ANB, Ml, t. 10, núm. 7, «Demostración q. presenta el Dr. D. José Hypólito Maldonado de los ingresos totales y los gastos de su curato de Punata…», 18 de mayo de 1826. Francisco de Viedma, intendente colonial de Cochabamba, informa en su Descripción geográfica y estadística…, p. 78, que el curato de Punata en 1788 recibía de 5 mil a 6 mil pesos anuales.

[37] Pentland, f. 245v.

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