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ENFERMO DE BOLIVIA: LO QUE CUESTA REALMENTE TENER UN ABUELO INTERNADO EN LA CNS

Por: Óscar Guillermo Yanne Banegas

Cuarta entrega — Hospital Obrero N°3 / Hospital del Niño, CNS, Santa Cruz

A pedido de quienes siguen esta crónica, hoy hablo de números. Sin adornos. Cada uno sacará sus conclusiones.
El 90% de los medicamentos los compramos nosotros
Mi abuelo Juan tiene 88 años. Está internado en el Hospital Obrero N°3 de la Caja Nacional de Salud. Es asegurado. Tiene derecho a cobertura médica plena.
Y aun así, aproximadamente el 90% de sus medicamentos los compramos de nuestro bolsillo.
La lista es larga y de uso diario: Dipin 20, Alfametildopa, Bicarbonato de Sodio, Apixaban, Valsartán, Acetilcisteína en ampolla, Furosemida, sueros, pañales, guantes entre los principales. Remedios que el sistema debería garantizar y que sistemáticamente no están.
Pero hubo algo que superó mi capacidad de asombro: cuando los médicos realizaron dos punciones —una en cada pulmón— para extraer casi tres litros de líquido, el hospital no contaba con reactivos para la prueba ADA que permite analizar ese material, es mas, la doctora bioquímica del laboratorio me aseguró que nunca se ha hecho esa prueba ahí en el hospital. Un hospital de tercer nivel de la CNS, sin reactivos para una prueba diagnóstica básica. Tuvimos que recurrir a un laboratorio privado. Bs. 500 de nuestro bolsillo.
Una receta sin membrete y una pregunta que exige respuesta
El cardiólogo de mi abuelo, el Dr. D.A., me recetó Valsartán y Apixaban —medicamentos críticos y de costo elevado— sin receta membretada de la CNS. Le pregunté por qué. Su respuesta fue directa: esos medicamentos no están en el cuadro básico de la institución. Me indicó que los compráramos fuera, sin posibilidad de solicitar reembolso posterior, argumentando que son de mejor calidad que lo que el sistema provee. La culpa de que no hayan no es suya, ya bastante hace con recetar lo mejor, aunque sea de afuera.
Tengo la receta firmada.
Y tengo también la pregunta que esa receta genera y que no pienso dejar sin respuesta: ¿cuál es el criterio de adjudicación de medicamentos en la CNS? ¿Calidad o costo? ¿Un asegurado que cotizó toda su vida activa merece el medicamento que el médico considera óptimo, o el que el sistema adquirió por licitación al precio más bajo? ¿Nos están medicando de segunda categoría porque es más barato?
Esto merece una investigación formal y pública. Y la tendrá.
El costo real de cuidar a un anciano dependiente
Cuarenta y cuatro días ininterrumpidos en el hospital. Sin fuente laboral activa durante las semanas de bloqueo. Sin ningún tipo de cobertura alimentaria. Sosteniéndome con ahorros, préstamos personales y apoyo familiar.
Los números de un día cualquiera para quien cuida:
Desayuno Bs. 15, almuerzo Bs. 25, cena Bs. 15. Dos viajes en taxi para ir a casa a bañarme y cambiarme —porque quien cuida también necesita mantenerse en pie— Bs. 100 entre ida y vuelta. Total mínimo diario: Bs. 155. Sin contar medicamentos. Sin contar análisis externos. Sin contar los turnos de mi tía, que paga reemplazante en su colegio para poder venir, ni los de mi tío que pone todo de sí.
En el día 36 me enfermé. Tos, resfrío, voz perdida. El frío del hospital penetra la ropa y los huesos y tarde o temprano cobra su cuota a quien cuida también. He visto a mi tía salir a las seis de la mañana hacia su colegio en la zona de los lotes, con lluvia y frío, después de pasar la noche velando a su padre.
Me quedo con una pregunta que no es retórica: ¿cómo hace una familia sin ahorros, sin turnos posibles, sin taxi? ¿Qué hace esa familia?
El laberinto del reembolso
Cada gasto lo hacemos con la promesa de que la CNS devolverá los costos, previa tramitación de recetas y facturas. Es el procedimiento oficial.
Conozco personas que llevan dos años esperando. Personas que perdieron a sus familiares y todavía peregrinan a las oficinas con carpetas bajo el brazo, rogando que les devuelvan lo que es suyo por derecho. Años de trámite. Años de silencio institucional. Y aun así, hay que agradecer cuando atienden.
Insensible es quedarse corto.
A quienes han estado presentes
No termino esta entrega sin reconocer a quienes han leído, comentado, compartido y escrito para contarme sus propias historias con la CNS. Muchos han querido ir más allá y apoyar directamente. Lo agradezco con honestidad y con el corazón: ese gesto dice más sobre la solidaridad boliviana que cualquier discurso institucional sobre bienestar social.
No los necesito para seguir. Pero su presencia hace que esto valga más la pena.
Esta crónica continúa. La denuncia también.
Conflicto de interés declarado expresamente: soy nieto del paciente y observador periodístico de manera simultánea.
Óscar Guillermo Yanne Banegas — yannenews.blogspot.com
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